Preventic collar
Ámbito de Acción: Antiparasitarios
Laboratorio
Virbac
Presentación
Dosis Práctica
Principio Activo
Amitraz
Composición
Especies
Posología
Los perros con pelaje de longitud mediana a larga deben ser rasurados y lavados previamente con un jabón suave y agua antes de aplicar el primer tratamiento. La terapia tópica estándar se realiza a una concentración de 250 ppm, lo que equivale a diluir un frasco de 10 mL de Amitraz en 8 litros de agua tibia. Esta solución se aplica por completo sobre el cuerpo del animal y se deja secar al aire, sin enjuagar ni secar con toallas. La dilución debe prepararse fresca para cada aplicación y no debe reutilizarse en otros animales. El tratamiento debe repetirse cada 14 días, realizando entre 3 y 6 aplicaciones, o hasta obtener dos raspados cutáneos consecutivos sin presencia de ácaros vivos. En casos crónicos, puede ser necesario un segundo ciclo completo de tratamiento para alcanzar la resolución clínica.
En perros que requieren terapia crónica de mantenimiento, o en aquellos casos en los que los propietarios aceptan el uso de la droga en formas no autorizadas, se puede iniciar el tratamiento con la solución a 250 ppm en aplicaciones semanales durante cuatro semanas. Si la respuesta es favorable, se continúa el tratamiento hasta lograr raspados cutáneos negativos sostenidos, y luego se mantiene por 30 días adicionales. En caso de fracaso con esta concentración, se puede incrementar a 500 ppm (un frasco en 3,8 litros de agua) con el mismo esquema semanal. Si esta segunda estrategia tampoco tiene éxito, es posible intentar una concentración de 1000 ppm, aunque esto conlleva un riesgo mucho mayor de toxicidad, y existen pocos antecedentes clínicos sobre su uso en este rango.
Para perros refractarios al tratamiento convencional, se ha propuesto una solución al 0,125% (1250 ppm), preparada diluyendo 1 mL del producto comercial al 12,5% en 100 mL de agua. El perro debe ser rasurado y bañado con un champú adecuado, si es necesario. Luego, se aplica la solución diluida mediante esponja sobre la mitad del cuerpo un día y la otra mitad al día siguiente, alternando las áreas tratadas diariamente. El secado debe realizarse al aire. Durante la primera semana de este tratamiento, se recomienda hospitalización del animal para observación ante posibles efectos adversos. El protocolo debe continuar durante al menos dos semanas más, luego de obtener raspados negativos múltiples. De forma complementaria, puede aplicarse una solución ótica diluida compuesta por 1 mL de amitraz en 8,5 mL de vaselina, cada 3 a 7 días, siempre que no haya signos de irritación. En casos de pododermatitis asociada a demodicosis, se han utilizado pediluvios diarios con esta misma solución al 0,125%, con resultados preliminares positivos y baja incidencia de efectos adversos.
Tratamiento de la sarna en cachorros mayores y perros adultos
Las recomendaciones terapéuticas siguen las mismas instrucciones del tratamiento para demodicosis generalizada. Se aplican tres baños tópicos con la solución diluida a 250 ppm, siguiendo el protocolo del prospecto del producto. El intervalo entre aplicaciones es de 14 días, completando un curso terapéutico de 4 a 6 semanas. En algunos casos, pueden realizarse entre 1 a 3 aplicaciones según la evolución clínica.
No se recomienda su uso en felinos, hay productos muchos más seguros y eficaces.
Indicaciones
El amitraz es un antiparasitario de uso externo que pertenece al grupo de las formamidinas. Su principal indicación es el tratamiento y control de infestaciones por ácaros y garrapatas, con especial eficacia frente a Demodex canis (causante de la demodicosis) en perros. Es uno de los tratamientos de elección para demodicosis generalizada o resistente a otras terapias, tanto en su presentación tópica como en baños medicados (hoy en día existen productos muchos más eficaces, fáciles de aplicar y con menos riesgos)
En perros, también se utiliza en el tratamiento de sarna sarcóptica, pediculosis, y en el control de garrapatas de diversas especies, especialmente Rhipicephalus sanguineus. Ha demostrado buena eficacia en tratamientos repetidos a intervalos semanales, siendo bien tolerado en la mayoría de los casos cuando se aplica correctamente.
En gatos, el uso de amitraz no está recomendado rutinariamente debido a su mayor susceptibilidad a efectos tóxicos. Sin embargo, en situaciones excepcionales y bajo estricta supervisión veterinaria, se ha utilizado para el tratamiento de infestaciones severas por ácaros o garrapatas, en concentraciones muy diluidas y controlando de cerca signos de toxicidad.
Además de su uso dermatológico, el amitraz está presente en collares antiparasitarios para perros, especialmente para la prevención de garrapatas y pulgas. En estos dispositivos, actúa como repelente e insecticida durante períodos prolongados.
También se ha descrito su uso en medicina veterinaria para el tratamiento de infestaciones en otros animales (bovinos, ovinos, porcinos), pero en animales de compañía como perros y gatos, su principal aplicación es en baños o lociones tópicas contra ácaros y garrapatas resistentes.
En todos los casos, su uso debe ser criterioso, evitando la ingestión o el uso en animales debilitados, muy jóvenes o con enfermedades concomitantes. Es indispensable respetar las dosis y tiempos de exposición para prevenir efectos adversos neurológicos o gastrointestinales.
Acciones
El amitraz actúa principalmente como un ectoparasiticida acaricida y garrapaticida, ejerciendo su efecto por contacto directo sobre el sistema nervioso de los ectoparásitos. Su mecanismo de acción se basa en la agonización de los receptores octopaminérgicos, los cuales son análogos funcionales de los receptores adrenérgicos en insectos y ácaros. Al unirse a estos receptores, provoca hiperexcitación nerviosa seguida de parálisis y muerte del parásito.
En los ácaros y garrapatas, el amitraz interfiere con la transmisión sináptica, inhibe la actividad motora y reduce la alimentación, lo que lleva a la desprendimiento y muerte del ectoparásito. También se ha descrito que inhibe la monoaminooxidasa (MAO) en los parásitos, contribuyendo a la disfunción neuroquímica y paralizante.
Además, posee efecto insecticida y repelente, lo que reduce la reinfestación por contacto. En presentaciones como collares impregnados, mantiene su efecto insecticida por liberación sostenida del principio activo en la superficie cutánea.
En el huésped (perros), el amitraz tiene una actividad agonista alfa-2 adrenérgica, similar a ciertos sedantes como la xilazina. Esto explica parte de sus efectos adversos, como sedación, bradicardia o hipotermia, cuando se absorbe sistémicamente o se ingiere accidentalmente.
Por su alta liposolubilidad, se acumula en la capa lipídica de la piel, lo que prolonga su acción y permite una actividad residual acaricida durante varios días después de la aplicación.
El amitraz no posee actividad ovicida significativa, por lo que en infestaciones severas se recomienda su uso repetido para eliminar nuevas generaciones de parásitos.
En resumen, su acción principal es neurotóxica para ácaros y garrapatas, siendo eficaz en casos de demodicosis, sarna y otras ectoparasitosis, especialmente cuando se administra en forma tópica o impregnado en collares de liberación lenta.
Farmacocinética
La farmacocinética del amitraz en animales no está completamente caracterizada, pero se sabe que su comportamiento depende en gran medida de la vía de administración, la formulación, y el estado de la piel del animal tratado. Su uso es principalmente tópico, aunque también puede absorberse en pequeña proporción por vía transdérmica o oral en casos de exposición accidental.
Tras aplicación tópica en perros, el amitraz se absorbe lentamente a través de la piel intacta, pero esta absorción se incrementa si la piel está inflamada, lesionada o cubierta por productos que alteren la barrera cutánea, como emolientes o aceites. Una vez absorbido, el amitraz se distribuye a tejidos lipofílicos debido a su naturaleza altamente liposoluble, acumulándose principalmente en el tejido adiposo y el sistema nervioso central.
Su biotransformación ocurre en el hígado, donde es metabolizado a través de procesos de oxidación y conjugación, generando metabolitos inactivos que posteriormente son eliminados. El principal metabolito en varias especies es el N,N'-bisdimetilaminometilformamidina. En animales de experimentación, se ha demostrado que estos metabolitos no tienen actividad acaricida, pero pueden contribuir a efectos adversos si se acumulan.
La excreción del amitraz y sus metabolitos ocurre principalmente por vía fecal, a través de la bilis, y en menor medida por la orina. Esto sugiere que la función hepática es clave en su eliminación. Su vida media en perros no está bien establecida, pero se estima que tiene efectos persistentes durante varios días tras una sola aplicación, especialmente cuando se aplica en forma de baños o collares de liberación lenta.
Cuando se administra oralmente en forma accidental, el amitraz se absorbe rápidamente desde el tracto gastrointestinal, alcanzando concentraciones plasmáticas que pueden provocar toxicidad sistémica, con inicio de signos clínicos dentro de las primeras 30 a 60 minutos post ingestión.
En gatos, la farmacocinética no está bien documentada, pero se sabe que la absorción transdérmica es más rápida y el umbral tóxico es más bajo que en perros, lo que explica la mayor frecuencia e intensidad de los efectos adversos observados en esta especie. La capacidad limitada de los felinos para metabolizar ciertos compuestos lipofílicos puede contribuir a la acumulación y toxicidad.
En resumen, el amitraz posee una farmacocinética caracterizada por absorción transdérmica variable, distribución preferente en tejidos grasos y nerviosos, metabolismo hepático, y excreción predominantemente biliar, lo que justifica su acción prolongada y su potencial tóxico en caso de mala aplicación o exposición sistémica.
Efectos Adversos
El amitraz, aunque eficaz como ectoparasiticida, puede producir efectos adversos significativos si se absorbe en exceso o se usa de forma inapropiada. Estos efectos son más frecuentes y severos en gatos, especie en la que su uso no está recomendado de forma rutinaria debido a su mayor sensibilidad neurológica y metabólica. En perros, la toxicidad puede presentarse por absorción transdérmica exagerada, ingestión accidental, o uso prolongado o concentraciones inadecuadas.
Los efectos adversos más comunes se relacionan con su actividad como agonista alfa-2 adrenérgico, similar a los sedantes como la xilazina. Esto provoca una depresión del sistema nervioso central, que se manifiesta con letargia, debilidad, bradicardia, hipotermia y sedación excesiva. En casos más graves, puede progresar a ataxia, estupor, colapso o coma.
La bradicardia es un efecto importante, y puede ir acompañada de hipotensión moderada, disminución del gasto cardíaco y perfusión periférica deficiente. En intoxicaciones severas, estos efectos pueden comprometer la función cardíaca y requerir intervención médica urgente.
A nivel respiratorio, algunos animales pueden presentar disnea, hipoventilación o respiración superficial, especialmente si hay sobredosis o sensibilidad aumentada. Estos signos pueden agravarse si el animal se encuentra en un ambiente frío o mal ventilado tras la aplicación del producto.
En el tracto digestivo, es posible observar vómitos, hipersalivación, anorexia o distensión abdominal, sobre todo si se ha producido ingestión accidental. En collares impregnados, el riesgo de masticación o ingestión parcial representa una fuente común de toxicidad.
Puede aparecer hiperglucemia transitoria, debido a la estimulación de receptores alfa-2 que inhiben la secreción de insulina pancreática. Aunque este efecto suele ser reversible, puede complicar el control metabólico en animales diabéticos o prediabéticos.
A nivel dermatológico, el amitraz puede ocasionar reacciones locales como prurito, enrojecimiento, dermatitis de contacto o caída del pelo, especialmente si se aplica en concentraciones altas o en animales con piel lesionada. En perros de piel sensible, los collares con amitraz pueden generar áreas de irritación o alopecia en el cuello.
En gatos, incluso una pequeña cantidad puede inducir efectos neurológicos graves, como temblores, convulsiones, depresión profunda, vómitos continuos, hipotermia e incluso muerte. Esta especie carece de mecanismos de detoxificación eficaces para amitraz, y su uso solo puede considerarse con extrema precaución y bajo diluciones muy específicas.
A pesar de su toxicidad potencial, la mayoría de los efectos adversos suelen revertirse con la suspensión del tratamiento y con medidas de soporte general. El antídoto específico, en caso de intoxicación moderada a severa, es la administración de yohimbina o atipamezol, antagonistas alfa-2 adrenérgicos que revierten los signos clínicos.
Contraindicaciones
El uso de amitraz está contraindicado en diversas situaciones clínicas debido a su potencial tóxico cuando se absorbe sistémicamente, especialmente por su actividad agonista sobre los receptores alfa-2 adrenérgicos en mamíferos. Aunque es eficaz como ectoparasiticida, su perfil de seguridad requiere una aplicación cuidadosa, especialmente en animales pequeños o debilitados.
Está contraindicado en gatos, ya que son altamente sensibles a la toxicidad neurológica del amitraz. Incluso exposiciones tópicas en concentraciones bajas pueden causar depresión del sistema nervioso central, bradicardia, hipotermia, vómitos y coma. No debe aplicarse en esta especie bajo ninguna circunstancia sin indicación clínica especializada y extrema dilución.
También está contraindicado en perros menores de 4 meses de edad, ya que su sistema enzimático y capacidad de metabolización aún no están completamente desarrollados, aumentando el riesgo de efectos adversos graves.
Se debe evitar su uso en hembras gestantes o lactantes, debido a la falta de estudios concluyentes sobre su seguridad en estas etapas y el riesgo potencial de absorción sistémica o contacto con neonatos a través del pelaje.
Está contraindicado en animales con enfermedades sistémicas debilitantes, trastornos neurológicos preexistentes, o hipersensibilidad conocida a amitraz o a otras formamidinas. En estos casos, el riesgo de toxicidad supera los beneficios del tratamiento.
No debe utilizarse en conjunto con inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), como ciertos antidepresivos o medicamentos veterinarios con efectos similares, debido a la potencial interacción neurotóxica y cardiovascular grave. Tampoco se recomienda su uso junto con otros agonistas alfa-2, como medetomidina, xilazina o dexmedetomidina, ya que pueden potenciar los efectos depresores del sistema nervioso central.
Está contraindicado el uso de amitraz en animales que estén siendo tratados con insulina o fármacos hipoglucemiantes, ya que puede inducir hiperglucemia e interferir en el control metabólico.
No debe aplicarse sobre heridas abiertas, piel ulcerada o extensamente irritada, ya que esto puede aumentar significativamente la absorción sistémica y, con ello, la toxicidad.
En perros que utilicen collares impregnados con amitraz, se debe evitar la exposición a temperaturas extremas o productos que puedan alterar la liberación del principio activo, como champús detergentes o baños con aceites esenciales no compatibles.
Sobredosis
La sobredosis por amitraz puede producirse por aplicación excesiva, uso inadecuado en animales sensibles, ingestión accidental (especialmente de collares impregnados), o en tratamientos tópicos mal diluidos. Tanto en perros como en gatos, aunque especialmente en estos últimos, la sobredosis puede tener consecuencias graves y potencialmente mortales.
Los signos clínicos más comunes están relacionados con su acción como agonista alfa-2 adrenérgico, y se asemejan a una intoxicación por sedantes. Se observa una combinación de depresión del sistema nervioso central, bradicardia, hipotermia, hipoventilación y ataxia. El animal puede presentar letargia intensa, debilidad, colapso, midriasis o miosis, e hiporreflexia. En casos severos puede progresar a coma.
A nivel cardiovascular, la sobredosis induce bradicardia profunda, hipotensión y alteraciones en la conducción cardíaca, especialmente si hay absorción sistémica significativa. En animales con afecciones cardíacas previas, esto puede desencadenar arritmias o paro cardíaco.
En el sistema respiratorio puede observarse disminución del ritmo respiratorio, respiración superficial o incluso apnea, lo que requiere intervención urgente en casos graves.
En el sistema digestivo, los signos incluyen vómitos, hipersalivación, distensión abdominal, diarrea o anorexia. Estos signos son frecuentes cuando la intoxicación es por vía oral, como en el caso de masticación o ingestión de collares.
Otros signos incluyen hiperglucemia transitoria, producto de la inhibición de la secreción de insulina, y en algunos casos convulsiones o temblores musculares, especialmente si la dosis ha sido muy elevada o hay hipoxia secundaria.
El tratamiento de la sobredosis depende de la vía de exposición y la severidad de los signos clínicos. En ingestiones recientes, puede intentarse la inducción del vómito (si el animal está consciente) y la administración de carbón activado. En exposiciones dérmicas, se recomienda el baño inmediato con shampoo suave y agua tibia para remover el producto de la piel.
El antídoto específico para los efectos centrales y cardiovasculares es la yohimbina o el atipamezol, ambos antagonistas alfa-2 adrenérgicos. La administración de estos fármacos puede revertir rápidamente la bradicardia, la sedación y otros signos autonómicos. En ausencia de antídoto, se proporciona soporte sintomático intensivo, que incluye fluidoterapia, oxigenoterapia, control térmico y monitoreo cardíaco.
La mayoría de los animales tratados de forma adecuada se recuperan sin secuelas, aunque algunos casos pueden requerir hospitalización prolongada. En gatos, incluso pequeñas cantidades pueden resultar letales, por lo que su exposición debe evitarse por completo.
Seguridad Reproductiva
El amitraz no está considerado seguro para su uso durante la gestación o lactancia en perros y gatos, debido a la falta de estudios específicos en estas especies y al riesgo potencial de efectos tóxicos en fetos y neonatos. Su uso en hembras preñadas o lactantes solo debería contemplarse cuando los beneficios terapéuticos superen claramente los riesgos, y siempre bajo supervisión estricta del médico veterinario.
Durante la gestación, el amitraz puede atravesar la barrera placentaria, y aunque no se han descrito malformaciones congénitas específicas en perros o gatos, estudios en animales de laboratorio han reportado efectos adversos como retardo en el desarrollo fetal, alteraciones neurológicas, hipoglucemia fetal e incluso muerte embrionaria cuando se administra en dosis elevadas o por exposición prolongada. El riesgo aumenta si el producto es absorbido en concentraciones significativas, ya sea por aplicación tópica excesiva o por ingestión accidental.
En hembras en lactancia, se ha demostrado que el amitraz y sus metabolitos pueden excretarse en la leche materna, lo que representa un riesgo potencial para las crías. Los cachorros podrían presentar signos clínicos de toxicidad similares a los observados en animales intoxicados, como depresión del sistema nervioso central, bradicardia, hipotermia, letargia o alteraciones respiratorias. La exposición indirecta a través del contacto con el pelaje de la madre tratada también podría provocar efectos adversos, especialmente si los neonatos lamen áreas tratadas o permanecen en contacto con collares impregnados.
En machos reproductores no se ha descrito una alteración significativa de la fertilidad, pero no se recomienda su uso rutinario previo a servicios de monta programados, ya que se desconoce si puede afectar la calidad espermática en ciertas razas o condiciones de manejo.
En conclusión, el amitraz no debe usarse durante la gestación o lactancia a menos que sea absolutamente necesario, y se recomienda optar por terapias alternativas más seguras cuando estén disponibles. Si se emplea, se deben tomar medidas para reducir al mínimo la exposición sistémica y el contacto de los neonatos con el producto.
Interacción Medicamentosa
El amitraz posee un perfil farmacológico que puede generar interacciones significativas con otros fármacos, principalmente debido a su actividad agonista sobre los receptores alfa-2 adrenérgicos y su capacidad para inhibir la enzima monoaminooxidasa (MAO). Estas propiedades lo convierten en una sustancia con riesgo de sinergias o efectos adversos al combinarse con ciertos medicamentos de uso común en medicina veterinaria.
Una de las interacciones más relevantes se da con sedantes alfa-2 agonistas, como xilazina, medetomidina o dexmedetomidina. La combinación de amitraz con estos fármacos puede potenciar intensamente la depresión del sistema nervioso central, la bradicardia y la hipotermia, y en casos graves, inducir colapso cardiovascular. Por tanto, debe evitarse su uso concomitante o manejarse con extrema precaución en pacientes que hayan recibido este tipo de sedación.
El amitraz puede potenciar los efectos de otros depresores del sistema nervioso central, como opioides, benzodiacepinas, barbitúricos, anestésicos generales y anticonvulsivantes. La combinación puede resultar en sedación excesiva, dificultad respiratoria y reducción del umbral convulsivo. Por ello, debe evaluarse con atención la carga farmacológica total del paciente, especialmente en situaciones prequirúrgicas o de tratamiento prolongado.
Como inhibidor de la monoaminooxidasa, el amitraz puede interactuar con antidepresivos tricíclicos, selegilina y otros IMAO, tanto en medicina humana como veterinaria. Estas combinaciones pueden inducir una crisis hipertensiva, alteraciones del ritmo cardíaco, excitación neurológica o colapso, y por lo tanto están contraindicadas.
La interacción con insulina o medicamentos hipoglucemiantes es también importante, ya que el amitraz puede inhibir la secreción de insulina a través de su acción sobre receptores alfa-2 pancreáticos, provocando hiperglucemia. En animales diabéticos o tratados con insulina, esto puede desestabilizar el control glucémico, por lo que se recomienda monitoreo estricto si se decide su uso.
El uso simultáneo con anticolinesterásicos (por ejemplo, organofosforados) puede incrementar el riesgo de toxicidad colinérgica, aunque esta interacción no está completamente caracterizada. Dado que los antiparasitarios tópicos pueden contener combinaciones de principios activos, se recomienda no aplicar amitraz junto con otros productos sin revisar sus excipientes y mecanismo de acción.
También puede haber interacciones con anestésicos inhalatorios, que en combinación con la depresión simpática inducida por amitraz, podrían alterar la respuesta hemodinámica del paciente durante procedimientos quirúrgicos.
En animales portadores de collares impregnados con amitraz, se recomienda retirar el collar antes de cualquier procedimiento quirúrgico o medicación que involucre sedación, anestesia o administración de otros depresores centrales.
En conclusión, el amitraz debe utilizarse con precaución cuando el animal recibe otros fármacos que afecten el sistema nervioso central, la presión arterial, la glucemia o el metabolismo de monoaminas, y es fundamental revisar el historial farmacológico completo antes de su aplicación.
Última actualización: 01/08/2025 02:23
Los perros con pelaje de longitud mediana a larga deben ser rasurados y lavados previamente con un jabón suave y agua antes de aplicar el primer tratamiento. La terapia tópica estándar se realiza a una concentración de 250 ppm, lo que equivale a diluir un frasco de 10 mL de Amitraz en 8 litros de agua tibia. Esta solución se aplica por completo sobre el cuerpo del animal y se deja secar al aire, sin enjuagar ni secar con toallas. La dilución debe prepararse fresca para cada aplicación y no debe reutilizarse en otros animales. El tratamiento debe repetirse cada 14 días, realizando entre 3 y 6 aplicaciones, o hasta obtener dos raspados cutáneos consecutivos sin presencia de ácaros vivos. En casos crónicos, puede ser necesario un segundo ciclo completo de tratamiento para alcanzar la resolución clínica.
En perros que requieren terapia crónica de mantenimiento, o en aquellos casos en los que los propietarios aceptan el uso de la droga en formas no autorizadas, se puede iniciar el tratamiento con la solución a 250 ppm en aplicaciones semanales durante cuatro semanas. Si la respuesta es favorable, se continúa el tratamiento hasta lograr raspados cutáneos negativos sostenidos, y luego se mantiene por 30 días adicionales. En caso de fracaso con esta concentración, se puede incrementar a 500 ppm (un frasco en 3,8 litros de agua) con el mismo esquema semanal. Si esta segunda estrategia tampoco tiene éxito, es posible intentar una concentración de 1000 ppm, aunque esto conlleva un riesgo mucho mayor de toxicidad, y existen pocos antecedentes clínicos sobre su uso en este rango.
Para perros refractarios al tratamiento convencional, se ha propuesto una solución al 0,125% (1250 ppm), preparada diluyendo 1 mL del producto comercial al 12,5% en 100 mL de agua. El perro debe ser rasurado y bañado con un champú adecuado, si es necesario. Luego, se aplica la solución diluida mediante esponja sobre la mitad del cuerpo un día y la otra mitad al día siguiente, alternando las áreas tratadas diariamente. El secado debe realizarse al aire. Durante la primera semana de este tratamiento, se recomienda hospitalización del animal para observación ante posibles efectos adversos. El protocolo debe continuar durante al menos dos semanas más, luego de obtener raspados negativos múltiples. De forma complementaria, puede aplicarse una solución ótica diluida compuesta por 1 mL de amitraz en 8,5 mL de vaselina, cada 3 a 7 días, siempre que no haya signos de irritación. En casos de pododermatitis asociada a demodicosis, se han utilizado pediluvios diarios con esta misma solución al 0,125%, con resultados preliminares positivos y baja incidencia de efectos adversos.
Tratamiento de la sarna en cachorros mayores y perros adultos
Las recomendaciones terapéuticas siguen las mismas instrucciones del tratamiento para demodicosis generalizada. Se aplican tres baños tópicos con la solución diluida a 250 ppm, siguiendo el protocolo del prospecto del producto. El intervalo entre aplicaciones es de 14 días, completando un curso terapéutico de 4 a 6 semanas. En algunos casos, pueden realizarse entre 1 a 3 aplicaciones según la evolución clínica.
No se recomienda su uso en felinos, hay productos muchos más seguros y eficaces.
El amitraz es un antiparasitario de uso externo que pertenece al grupo de las formamidinas. Su principal indicación es el tratamiento y control de infestaciones por ácaros y garrapatas, con especial eficacia frente a Demodex canis (causante de la demodicosis) en perros. Es uno de los tratamientos de elección para demodicosis generalizada o resistente a otras terapias, tanto en su presentación tópica como en baños medicados (hoy en día existen productos muchos más eficaces, fáciles de aplicar y con menos riesgos)
En perros, también se utiliza en el tratamiento de sarna sarcóptica, pediculosis, y en el control de garrapatas de diversas especies, especialmente Rhipicephalus sanguineus. Ha demostrado buena eficacia en tratamientos repetidos a intervalos semanales, siendo bien tolerado en la mayoría de los casos cuando se aplica correctamente.
En gatos, el uso de amitraz no está recomendado rutinariamente debido a su mayor susceptibilidad a efectos tóxicos. Sin embargo, en situaciones excepcionales y bajo estricta supervisión veterinaria, se ha utilizado para el tratamiento de infestaciones severas por ácaros o garrapatas, en concentraciones muy diluidas y controlando de cerca signos de toxicidad.
Además de su uso dermatológico, el amitraz está presente en collares antiparasitarios para perros, especialmente para la prevención de garrapatas y pulgas. En estos dispositivos, actúa como repelente e insecticida durante períodos prolongados.
También se ha descrito su uso en medicina veterinaria para el tratamiento de infestaciones en otros animales (bovinos, ovinos, porcinos), pero en animales de compañía como perros y gatos, su principal aplicación es en baños o lociones tópicas contra ácaros y garrapatas resistentes.
En todos los casos, su uso debe ser criterioso, evitando la ingestión o el uso en animales debilitados, muy jóvenes o con enfermedades concomitantes. Es indispensable respetar las dosis y tiempos de exposición para prevenir efectos adversos neurológicos o gastrointestinales.
El amitraz actúa principalmente como un ectoparasiticida acaricida y garrapaticida, ejerciendo su efecto por contacto directo sobre el sistema nervioso de los ectoparásitos. Su mecanismo de acción se basa en la agonización de los receptores octopaminérgicos, los cuales son análogos funcionales de los receptores adrenérgicos en insectos y ácaros. Al unirse a estos receptores, provoca hiperexcitación nerviosa seguida de parálisis y muerte del parásito.
En los ácaros y garrapatas, el amitraz interfiere con la transmisión sináptica, inhibe la actividad motora y reduce la alimentación, lo que lleva a la desprendimiento y muerte del ectoparásito. También se ha descrito que inhibe la monoaminooxidasa (MAO) en los parásitos, contribuyendo a la disfunción neuroquímica y paralizante.
Además, posee efecto insecticida y repelente, lo que reduce la reinfestación por contacto. En presentaciones como collares impregnados, mantiene su efecto insecticida por liberación sostenida del principio activo en la superficie cutánea.
En el huésped (perros), el amitraz tiene una actividad agonista alfa-2 adrenérgica, similar a ciertos sedantes como la xilazina. Esto explica parte de sus efectos adversos, como sedación, bradicardia o hipotermia, cuando se absorbe sistémicamente o se ingiere accidentalmente.
Por su alta liposolubilidad, se acumula en la capa lipídica de la piel, lo que prolonga su acción y permite una actividad residual acaricida durante varios días después de la aplicación.
El amitraz no posee actividad ovicida significativa, por lo que en infestaciones severas se recomienda su uso repetido para eliminar nuevas generaciones de parásitos.
En resumen, su acción principal es neurotóxica para ácaros y garrapatas, siendo eficaz en casos de demodicosis, sarna y otras ectoparasitosis, especialmente cuando se administra en forma tópica o impregnado en collares de liberación lenta.
La farmacocinética del amitraz en animales no está completamente caracterizada, pero se sabe que su comportamiento depende en gran medida de la vía de administración, la formulación, y el estado de la piel del animal tratado. Su uso es principalmente tópico, aunque también puede absorberse en pequeña proporción por vía transdérmica o oral en casos de exposición accidental.
Tras aplicación tópica en perros, el amitraz se absorbe lentamente a través de la piel intacta, pero esta absorción se incrementa si la piel está inflamada, lesionada o cubierta por productos que alteren la barrera cutánea, como emolientes o aceites. Una vez absorbido, el amitraz se distribuye a tejidos lipofílicos debido a su naturaleza altamente liposoluble, acumulándose principalmente en el tejido adiposo y el sistema nervioso central.
Su biotransformación ocurre en el hígado, donde es metabolizado a través de procesos de oxidación y conjugación, generando metabolitos inactivos que posteriormente son eliminados. El principal metabolito en varias especies es el N,N'-bisdimetilaminometilformamidina. En animales de experimentación, se ha demostrado que estos metabolitos no tienen actividad acaricida, pero pueden contribuir a efectos adversos si se acumulan.
La excreción del amitraz y sus metabolitos ocurre principalmente por vía fecal, a través de la bilis, y en menor medida por la orina. Esto sugiere que la función hepática es clave en su eliminación. Su vida media en perros no está bien establecida, pero se estima que tiene efectos persistentes durante varios días tras una sola aplicación, especialmente cuando se aplica en forma de baños o collares de liberación lenta.
Cuando se administra oralmente en forma accidental, el amitraz se absorbe rápidamente desde el tracto gastrointestinal, alcanzando concentraciones plasmáticas que pueden provocar toxicidad sistémica, con inicio de signos clínicos dentro de las primeras 30 a 60 minutos post ingestión.
En gatos, la farmacocinética no está bien documentada, pero se sabe que la absorción transdérmica es más rápida y el umbral tóxico es más bajo que en perros, lo que explica la mayor frecuencia e intensidad de los efectos adversos observados en esta especie. La capacidad limitada de los felinos para metabolizar ciertos compuestos lipofílicos puede contribuir a la acumulación y toxicidad.
En resumen, el amitraz posee una farmacocinética caracterizada por absorción transdérmica variable, distribución preferente en tejidos grasos y nerviosos, metabolismo hepático, y excreción predominantemente biliar, lo que justifica su acción prolongada y su potencial tóxico en caso de mala aplicación o exposición sistémica.
El amitraz, aunque eficaz como ectoparasiticida, puede producir efectos adversos significativos si se absorbe en exceso o se usa de forma inapropiada. Estos efectos son más frecuentes y severos en gatos, especie en la que su uso no está recomendado de forma rutinaria debido a su mayor sensibilidad neurológica y metabólica. En perros, la toxicidad puede presentarse por absorción transdérmica exagerada, ingestión accidental, o uso prolongado o concentraciones inadecuadas.
Los efectos adversos más comunes se relacionan con su actividad como agonista alfa-2 adrenérgico, similar a los sedantes como la xilazina. Esto provoca una depresión del sistema nervioso central, que se manifiesta con letargia, debilidad, bradicardia, hipotermia y sedación excesiva. En casos más graves, puede progresar a ataxia, estupor, colapso o coma.
La bradicardia es un efecto importante, y puede ir acompañada de hipotensión moderada, disminución del gasto cardíaco y perfusión periférica deficiente. En intoxicaciones severas, estos efectos pueden comprometer la función cardíaca y requerir intervención médica urgente.
A nivel respiratorio, algunos animales pueden presentar disnea, hipoventilación o respiración superficial, especialmente si hay sobredosis o sensibilidad aumentada. Estos signos pueden agravarse si el animal se encuentra en un ambiente frío o mal ventilado tras la aplicación del producto.
En el tracto digestivo, es posible observar vómitos, hipersalivación, anorexia o distensión abdominal, sobre todo si se ha producido ingestión accidental. En collares impregnados, el riesgo de masticación o ingestión parcial representa una fuente común de toxicidad.
Puede aparecer hiperglucemia transitoria, debido a la estimulación de receptores alfa-2 que inhiben la secreción de insulina pancreática. Aunque este efecto suele ser reversible, puede complicar el control metabólico en animales diabéticos o prediabéticos.
A nivel dermatológico, el amitraz puede ocasionar reacciones locales como prurito, enrojecimiento, dermatitis de contacto o caída del pelo, especialmente si se aplica en concentraciones altas o en animales con piel lesionada. En perros de piel sensible, los collares con amitraz pueden generar áreas de irritación o alopecia en el cuello.
En gatos, incluso una pequeña cantidad puede inducir efectos neurológicos graves, como temblores, convulsiones, depresión profunda, vómitos continuos, hipotermia e incluso muerte. Esta especie carece de mecanismos de detoxificación eficaces para amitraz, y su uso solo puede considerarse con extrema precaución y bajo diluciones muy específicas.
A pesar de su toxicidad potencial, la mayoría de los efectos adversos suelen revertirse con la suspensión del tratamiento y con medidas de soporte general. El antídoto específico, en caso de intoxicación moderada a severa, es la administración de yohimbina o atipamezol, antagonistas alfa-2 adrenérgicos que revierten los signos clínicos.
El uso de amitraz está contraindicado en diversas situaciones clínicas debido a su potencial tóxico cuando se absorbe sistémicamente, especialmente por su actividad agonista sobre los receptores alfa-2 adrenérgicos en mamíferos. Aunque es eficaz como ectoparasiticida, su perfil de seguridad requiere una aplicación cuidadosa, especialmente en animales pequeños o debilitados.
Está contraindicado en gatos, ya que son altamente sensibles a la toxicidad neurológica del amitraz. Incluso exposiciones tópicas en concentraciones bajas pueden causar depresión del sistema nervioso central, bradicardia, hipotermia, vómitos y coma. No debe aplicarse en esta especie bajo ninguna circunstancia sin indicación clínica especializada y extrema dilución.
También está contraindicado en perros menores de 4 meses de edad, ya que su sistema enzimático y capacidad de metabolización aún no están completamente desarrollados, aumentando el riesgo de efectos adversos graves.
Se debe evitar su uso en hembras gestantes o lactantes, debido a la falta de estudios concluyentes sobre su seguridad en estas etapas y el riesgo potencial de absorción sistémica o contacto con neonatos a través del pelaje.
Está contraindicado en animales con enfermedades sistémicas debilitantes, trastornos neurológicos preexistentes, o hipersensibilidad conocida a amitraz o a otras formamidinas. En estos casos, el riesgo de toxicidad supera los beneficios del tratamiento.
No debe utilizarse en conjunto con inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), como ciertos antidepresivos o medicamentos veterinarios con efectos similares, debido a la potencial interacción neurotóxica y cardiovascular grave. Tampoco se recomienda su uso junto con otros agonistas alfa-2, como medetomidina, xilazina o dexmedetomidina, ya que pueden potenciar los efectos depresores del sistema nervioso central.
Está contraindicado el uso de amitraz en animales que estén siendo tratados con insulina o fármacos hipoglucemiantes, ya que puede inducir hiperglucemia e interferir en el control metabólico.
No debe aplicarse sobre heridas abiertas, piel ulcerada o extensamente irritada, ya que esto puede aumentar significativamente la absorción sistémica y, con ello, la toxicidad.
En perros que utilicen collares impregnados con amitraz, se debe evitar la exposición a temperaturas extremas o productos que puedan alterar la liberación del principio activo, como champús detergentes o baños con aceites esenciales no compatibles.
La sobredosis por amitraz puede producirse por aplicación excesiva, uso inadecuado en animales sensibles, ingestión accidental (especialmente de collares impregnados), o en tratamientos tópicos mal diluidos. Tanto en perros como en gatos, aunque especialmente en estos últimos, la sobredosis puede tener consecuencias graves y potencialmente mortales.
Los signos clínicos más comunes están relacionados con su acción como agonista alfa-2 adrenérgico, y se asemejan a una intoxicación por sedantes. Se observa una combinación de depresión del sistema nervioso central, bradicardia, hipotermia, hipoventilación y ataxia. El animal puede presentar letargia intensa, debilidad, colapso, midriasis o miosis, e hiporreflexia. En casos severos puede progresar a coma.
A nivel cardiovascular, la sobredosis induce bradicardia profunda, hipotensión y alteraciones en la conducción cardíaca, especialmente si hay absorción sistémica significativa. En animales con afecciones cardíacas previas, esto puede desencadenar arritmias o paro cardíaco.
En el sistema respiratorio puede observarse disminución del ritmo respiratorio, respiración superficial o incluso apnea, lo que requiere intervención urgente en casos graves.
En el sistema digestivo, los signos incluyen vómitos, hipersalivación, distensión abdominal, diarrea o anorexia. Estos signos son frecuentes cuando la intoxicación es por vía oral, como en el caso de masticación o ingestión de collares.
Otros signos incluyen hiperglucemia transitoria, producto de la inhibición de la secreción de insulina, y en algunos casos convulsiones o temblores musculares, especialmente si la dosis ha sido muy elevada o hay hipoxia secundaria.
El tratamiento de la sobredosis depende de la vía de exposición y la severidad de los signos clínicos. En ingestiones recientes, puede intentarse la inducción del vómito (si el animal está consciente) y la administración de carbón activado. En exposiciones dérmicas, se recomienda el baño inmediato con shampoo suave y agua tibia para remover el producto de la piel.
El antídoto específico para los efectos centrales y cardiovasculares es la yohimbina o el atipamezol, ambos antagonistas alfa-2 adrenérgicos. La administración de estos fármacos puede revertir rápidamente la bradicardia, la sedación y otros signos autonómicos. En ausencia de antídoto, se proporciona soporte sintomático intensivo, que incluye fluidoterapia, oxigenoterapia, control térmico y monitoreo cardíaco.
La mayoría de los animales tratados de forma adecuada se recuperan sin secuelas, aunque algunos casos pueden requerir hospitalización prolongada. En gatos, incluso pequeñas cantidades pueden resultar letales, por lo que su exposición debe evitarse por completo.
El amitraz no está considerado seguro para su uso durante la gestación o lactancia en perros y gatos, debido a la falta de estudios específicos en estas especies y al riesgo potencial de efectos tóxicos en fetos y neonatos. Su uso en hembras preñadas o lactantes solo debería contemplarse cuando los beneficios terapéuticos superen claramente los riesgos, y siempre bajo supervisión estricta del médico veterinario.
Durante la gestación, el amitraz puede atravesar la barrera placentaria, y aunque no se han descrito malformaciones congénitas específicas en perros o gatos, estudios en animales de laboratorio han reportado efectos adversos como retardo en el desarrollo fetal, alteraciones neurológicas, hipoglucemia fetal e incluso muerte embrionaria cuando se administra en dosis elevadas o por exposición prolongada. El riesgo aumenta si el producto es absorbido en concentraciones significativas, ya sea por aplicación tópica excesiva o por ingestión accidental.
En hembras en lactancia, se ha demostrado que el amitraz y sus metabolitos pueden excretarse en la leche materna, lo que representa un riesgo potencial para las crías. Los cachorros podrían presentar signos clínicos de toxicidad similares a los observados en animales intoxicados, como depresión del sistema nervioso central, bradicardia, hipotermia, letargia o alteraciones respiratorias. La exposición indirecta a través del contacto con el pelaje de la madre tratada también podría provocar efectos adversos, especialmente si los neonatos lamen áreas tratadas o permanecen en contacto con collares impregnados.
En machos reproductores no se ha descrito una alteración significativa de la fertilidad, pero no se recomienda su uso rutinario previo a servicios de monta programados, ya que se desconoce si puede afectar la calidad espermática en ciertas razas o condiciones de manejo.
En conclusión, el amitraz no debe usarse durante la gestación o lactancia a menos que sea absolutamente necesario, y se recomienda optar por terapias alternativas más seguras cuando estén disponibles. Si se emplea, se deben tomar medidas para reducir al mínimo la exposición sistémica y el contacto de los neonatos con el producto.
El amitraz posee un perfil farmacológico que puede generar interacciones significativas con otros fármacos, principalmente debido a su actividad agonista sobre los receptores alfa-2 adrenérgicos y su capacidad para inhibir la enzima monoaminooxidasa (MAO). Estas propiedades lo convierten en una sustancia con riesgo de sinergias o efectos adversos al combinarse con ciertos medicamentos de uso común en medicina veterinaria.
Una de las interacciones más relevantes se da con sedantes alfa-2 agonistas, como xilazina, medetomidina o dexmedetomidina. La combinación de amitraz con estos fármacos puede potenciar intensamente la depresión del sistema nervioso central, la bradicardia y la hipotermia, y en casos graves, inducir colapso cardiovascular. Por tanto, debe evitarse su uso concomitante o manejarse con extrema precaución en pacientes que hayan recibido este tipo de sedación.
El amitraz puede potenciar los efectos de otros depresores del sistema nervioso central, como opioides, benzodiacepinas, barbitúricos, anestésicos generales y anticonvulsivantes. La combinación puede resultar en sedación excesiva, dificultad respiratoria y reducción del umbral convulsivo. Por ello, debe evaluarse con atención la carga farmacológica total del paciente, especialmente en situaciones prequirúrgicas o de tratamiento prolongado.
Como inhibidor de la monoaminooxidasa, el amitraz puede interactuar con antidepresivos tricíclicos, selegilina y otros IMAO, tanto en medicina humana como veterinaria. Estas combinaciones pueden inducir una crisis hipertensiva, alteraciones del ritmo cardíaco, excitación neurológica o colapso, y por lo tanto están contraindicadas.
La interacción con insulina o medicamentos hipoglucemiantes es también importante, ya que el amitraz puede inhibir la secreción de insulina a través de su acción sobre receptores alfa-2 pancreáticos, provocando hiperglucemia. En animales diabéticos o tratados con insulina, esto puede desestabilizar el control glucémico, por lo que se recomienda monitoreo estricto si se decide su uso.
El uso simultáneo con anticolinesterásicos (por ejemplo, organofosforados) puede incrementar el riesgo de toxicidad colinérgica, aunque esta interacción no está completamente caracterizada. Dado que los antiparasitarios tópicos pueden contener combinaciones de principios activos, se recomienda no aplicar amitraz junto con otros productos sin revisar sus excipientes y mecanismo de acción.
También puede haber interacciones con anestésicos inhalatorios, que en combinación con la depresión simpática inducida por amitraz, podrían alterar la respuesta hemodinámica del paciente durante procedimientos quirúrgicos.
En animales portadores de collares impregnados con amitraz, se recomienda retirar el collar antes de cualquier procedimiento quirúrgico o medicación que involucre sedación, anestesia o administración de otros depresores centrales.
En conclusión, el amitraz debe utilizarse con precaución cuando el animal recibe otros fármacos que afecten el sistema nervioso central, la presión arterial, la glucemia o el metabolismo de monoaminas, y es fundamental revisar el historial farmacológico completo antes de su aplicación.
Última actualización: 01/08/2025 02:23