Valcote ER

Ámbito de Acción: Nervioso

Laboratorio

Abbott

Presentación

Envase conteniendo 50 comprimidos recubiertos de liberación prolongada.

Dosis Práctica

Debido a las variaciones en los requerimientos según la especie, la condición clínica y la formulación utilizada, no se recomienda establecer una dosis práctica general. Para asegurar un uso seguro y eficaz, se debe consultar la posología específica por especie y presentación incluida en este mismo vademécum.

Principio Activo

Acido valproico

Composición

Divalproato de Sodio en cantidad equivalente para: Ácido Valproico 250 mg ó 500 mg.

Especies

Caninos y Felinos

Posología

Dolor agudo:

  • Administrar 4 mg/kg una vez al día por vía subcutánea (SC), intramuscular (IM) u oral, durante 3 a 5 días consecutivos.
  • El producto inyectable se sugiere únicamente para la primera dosis.

Dolor crónico:

  • Administrar 4 mg/kg por vía bucal una vez al día durante 3 a 5 días consecutivos por semana.

Protocolo alternativo:

Primera dosis de 4 mg/kg vía SC o IM, seguida de tabletas orales de 4 mg/kg una vez al día durante 2 a 4 días. Este tratamiento puede repetirse una vez a la semana según sea necesario o conforme a recomendación veterinaria, manteniendo la dosis oral de 4 mg/kg una vez al día durante 3 a 5 días.

Dolor agudo:

  • Administrar 4 mg/kg una vez al día por vía subcutánea (SC), intramuscular (IM) u oral, durante 3 a 5 días.
  • El producto inyectable se recomienda únicamente para la primera dosis.

Tratamiento oral:

  • Administrar 4 mg/kg por vía oral una vez al día durante 3 a 5 días, o según sea indicado por el veterinario.


Indicaciones

Indicaciones en Caninos:

El ácido valproico (AVP) se ha utilizado como tratamiento adyuvante en perros con epilepsia refractaria, especialmente en aquellos pacientes que no responden adecuadamente a fármacos de primera línea como el fenobarbital o el bromuro de potasio. Su mecanismo de acción se basa en la potenciación de la actividad del neurotransmisor inhibitorio GABA (ácido gamma-aminobutírico), mediante la inhibición de las enzimas GABA transaminasa y succínico semialdehído deshidrogenasa. Esto favorece una mayor concentración de GABA en el sistema nervioso central, estabilizando la actividad neuronal y reduciendo la frecuencia de las convulsiones.

No obstante, el uso del ácido valproico en medicina veterinaria está limitado por diversas razones clínicas y farmacológicas. En primer lugar, presenta una vida media corta en caninos (aproximadamente 1.5 a 2.8 horas), lo que exige administraciones frecuentes para mantener niveles terapéuticos adecuados. En segundo lugar, existe preocupación por su potencial hepatotoxicidad, especialmente cuando se combina con otros anticonvulsivantes hepatodependientes como el fenobarbital.

Debido a su costo, perfil farmacocinético en apariencia desfavorable y riesgo de toxicidad hepática, el AVP se considera actualmente una opción de tercera o incluso cuarta línea en el manejo de epilepsias caninas. Algunos clínicos lo consideran útil en combinación con fenobarbital en pacientes que no logran un adecuado control con monoterapia, dado que esta asociación puede mejorar el control de las crisis sin aumentar significativamente la toxicidad si se realiza un monitoreo adecuado.

Desde el punto de vista farmacodinámico, en perros el AVP presenta una menor afinidad por proteínas plasmáticas en comparación con humanos. Esto implica que el rango terapéutico establecido para humanos (40–100 µg/mL) puede ser excesivo para caninos, y que niveles séricos menores podrían ser suficientes para alcanzar una eficacia clínica. De hecho, la fracción libre del fármaco es la que realmente atraviesa la barrera hematoencefálica y ejerce efectos terapéuticos a nivel del líquido cefalorraquídeo. Existen reportes que sugieren que los efectos anticonvulsivos pueden persistir incluso después de que las concentraciones séricas del fármaco ya no son detectables, lo cual refuerza la idea de que los niveles plasmáticos no son siempre un reflejo fiel de la eficacia clínica.

En definitiva, el papel del ácido valproico en la medicina veterinaria canina permanece poco definido. Se requieren nuevos estudios clínicos controlados para establecer con claridad su perfil de seguridad, eficacia y parámetros terapéuticos óptimos en esta especie.

Indicaciones en Felinos:

El uso del ácido valproico (AVP) en medicina felina es poco frecuente y, actualmente, no forma parte del protocolo estándar para el tratamiento de la epilepsia idiopática ni de las crisis convulsivas reactivas o sintomáticas en esta especie. A diferencia de los caninos, los felinos presentan una farmacocinética aún menos predecible con respecto a este fármaco, lo que, junto a la escasez de estudios clínicos y la sensibilidad hepática característica de los gatos, limita significativamente su aplicación clínica.

Uno de los principales obstáculos en la utilización del AVP en felinos es su potencial hepatotóxico, un riesgo especialmente relevante dada la menor capacidad de conjugación hepática que posee esta especie. Además, el metabolismo hepático del ácido valproico en gatos no ha sido completamente caracterizado, por lo que no se dispone de parámetros seguros y confiables para establecer dosis terapéuticas estandarizadas. A ello se suma la dificultad práctica de su dosificación frecuente, considerando que los gatos suelen ser poco tolerantes a la medicación oral repetida.

Aunque su mecanismo de acción como modulador de GABA es teóricamente efectivo en cualquier mamífero, la falta de evidencia clínica controlada en gatos, sumado al perfil de riesgo, hace que el AVP se considere actualmente no recomendado o, en el mejor de los casos, un tratamiento experimental o de último recurso, reservado exclusivamente para situaciones refractarias donde las terapias convencionales han fracasado y bajo estricta supervisión clínica y monitorización hepática.

En resumen, el ácido valproico no tiene indicación formal en felinos en la práctica veterinaria actual. Su empleo, cuando se realiza, debe considerarse fuera de protocolo estándar y justificarse solo ante la ausencia de alternativas viables, en contextos clínicos muy particulares y siempre con consentimiento informado del tutor del paciente.

Acciones

El ácido valproico actúa como un anticonvulsivante de amplio espectro mediante múltiples mecanismos sinérgicos que incluyen el aumento de la síntesis y liberación de GABA (ácido gamma-aminobutírico), la inhibición de su degradación por la enzima GABA transaminasa, y la modulación de los canales de sodio y calcio dependientes de voltaje, estabilizando así la membrana neuronal. Estos mecanismos se conservan tanto en caninos como en felinos, lo que confiere al fármaco una eficacia teórica para el control de crisis epilépticas en ambas especies. Sin embargo, en la práctica clínica, las diferencias en farmacocinética, tolerancia y metabolismo hepático entre perros y gatos condicionan su uso. En caninos, el ácido valproico puede considerarse una alternativa de tercera o cuarta línea, especialmente como adyuvante al fenobarbital en casos refractarios, aunque su efectividad clínica no siempre se correlaciona con las concentraciones séricas. En felinos, a pesar de compartir los mismos mecanismos de acción, su uso se encuentra restringido casi exclusivamente al ámbito experimental, debido al alto riesgo de toxicidad hepática y a la escasa evidencia clínica disponible.

Farmacocinética

La farmacocinética del ácido valproico en caninos y felinos presenta características diferenciadas que condicionan su eficacia y seguridad clínica. En caninos, el ácido valproico exhibe una vida media corta, entre 1.5 y 3.5 horas, lo que implica la necesidad de administrar dosis frecuentes (cada 6–8 horas) para mantener niveles terapéuticos estables. Posee una baja unión a proteínas plasmáticas en comparación con humanos, lo que incrementa la fracción libre activa, aunque esto también puede predisponer a una mayor toxicidad. Su metabolismo es predominantemente hepático, a través de procesos de glucuronidación, β-oxidación y ω-oxidación, lo que lo hace susceptible a interacciones con otros fármacos que afectan estas vías. En felinos, la farmacocinética está menos estudiada, pero se sabe que presentan deficiencia relativa en la glucuronidación hepática, lo que ralentiza la eliminación del fármaco y podría incrementar su toxicidad sistémica. Por esta razón, en gatos el ácido valproico muestra una vida media más prolongada y un mayor riesgo de acumulación, especialmente en tratamientos prolongados o con dosis inapropiadas. En ambas especies, el ácido valproico atraviesa con facilidad la barrera hematoencefálica y se concentra en el líquido cefalorraquídeo, lo cual explica sus efectos anticonvulsivantes, incluso cuando las concentraciones séricas pueden no reflejar adecuadamente su eficacia clínica. Estas características justifican la necesidad de ajustes individuales de dosificación y monitoreo clínico constante en su uso veterinario.

Efectos Adversos

El ácido valproico puede producir efectos adversos significativos en caninos y felinos, los cuales deben ser considerados cuidadosamente al momento de prescribir este fármaco. En caninos, se han reportado signos de hepatotoxicidad, particularmente en tratamientos prolongados o cuando se administra en combinación con otras drogas hepatodepresoras como el fenobarbital. También pueden observarse efectos gastrointestinales como vómitos, diarrea y anorexia, así como sedación excesiva, ataxia y letargia, especialmente durante las primeras fases del tratamiento o ante sobredosis. En algunos casos, se ha documentado trombocitopenia y alteraciones en los parámetros hepáticos y hematológicos, lo que obliga al monitoreo clínico y bioquímico regular. En felinos, aunque la experiencia clínica es más limitada, se reconoce una mayor susceptibilidad a la toxicidad hepática y neurológica debido a la menor capacidad de glucuronidación, lo que favorece la acumulación del fármaco. Los signos adversos en gatos incluyen letargia marcada, ataxia, anorexia, vómitos y en casos severos, signos de encefalopatía hepática. En ambas especies, se ha sugerido la posibilidad de toxicidad idiosincrática que puede manifestarse con signos clínicos graves aún a dosis terapéuticas, por lo cual el uso de ácido valproico debe ser considerado únicamente en casos refractarios y bajo estricto control veterinario.

Contraindicaciones

El uso de ácido valproico en medicina veterinaria está sujeto a diversas contraindicaciones que deben considerarse rigurosamente antes de su administración. En caninos, su empleo está contraindicado en pacientes con enfermedad hepática preexistente, debido a su potencial hepatotóxico y a la posibilidad de provocar necrosis hepática fulminante, especialmente durante las primeras semanas de tratamiento. También debe evitarse en animales con antecedentes de hipersensibilidad al fármaco o a cualquiera de sus excipientes. El uso concomitante con otros medicamentos hepatotóxicos o que comparten la misma vía metabólica (como el fenobarbital o la fenitoína) debe manejarse con extrema precaución y monitoreo constante. En felinos, aunque su uso clínico es limitado, está especialmente contraindicado en gatitos jóvenes, animales debilitados o con disfunción hepática, dada su menor capacidad para metabolizar compuestos por glucuronidación, lo que incrementa la susceptibilidad a toxicidad. En ambas especies, debe evitarse su uso durante la gestación, ya que atraviesa la barrera placentaria y ha demostrado ser teratogénico en modelos animales. Asimismo, no se recomienda su uso durante la lactancia, ya que se excreta por la leche materna y podría afectar al neonato. La evaluación individual del paciente, el monitoreo hepático y la farmacovigilancia son fundamentales para minimizar riesgos asociados a su uso.

Sobredosis

El ácido valproico presenta riesgos reproductivos significativos, y su uso en animales en edad reproductiva o en gestación debe evaluarse con extrema cautela. En estudios realizados en otras especies, incluida la humana y modelos de laboratorio, el valproato ha demostrado ser teratogénico, asociado con malformaciones congénitas como defectos del tubo neural, dismorfismos craneofaciales y retraso en el desarrollo neurológico fetal. Aunque los datos específicos en caninos y felinos son limitados, se presume que estos efectos pueden extrapolarse debido a mecanismos fisiopatológicos compartidos. En caninos, se ha observado una mayor tasa de reabsorciones fetales y disminución en el tamaño de camada cuando se administró durante la gestación, mientras que en felinos, la falta de estudios controlados no permite establecer con certeza su perfil teratogénico, aunque se asume un riesgo alto dada la sensibilidad felina a fármacos con metabolismo hepático complejo. Asimismo, no se ha establecido la seguridad del ácido valproico durante la lactancia en estas especies, por lo que se desaconseja su uso en hembras gestantes o lactantes, y en animales destinados a la reproducción.

Seguridad Reproductiva

Se ha comunicado una incidencia del 1-2% de defectos del tubo neural en niños nacidos de madre medicadas con ácido valproico durante el primer trimestre de embarazo. Emplear en perras gestantes solo cuando los beneficios superen a los riesgos de la terapia. En los pacientes humanos la FDA categoriza la droga como clase D para empleo durante la gestación (existe evidencia del riesgo fetal humana, pero a pesar de ello los potenciales beneficios de la droga pueden ser aceptables en la mujer gestante). En un sistema separado de evaluación de la seguridad de las drogas en la gestación canina y felina (Papich, 1989), se categorizó a esta droga como clase C (estas drogas pueden tener riesgos potenciales. Los estudios en personas o animales de laboratorio no descubrieron riesgos potenciales, y estas medicaciones deben ser utilizadas con prudencia, como última medida, cuando el beneficio de la terapia supera claramente a su amenaza). Las concentraciones del ácido valproico en la leche son del 1-10% del valor medido en suero. No se sabe si tales niveles tienen algún efecto perjudicial para el lactante.

Interacción Medicamentosa

El ácido valproico presenta múltiples interacciones medicamentosas relevantes en el tratamiento de convulsiones en caninos y felinos, las cuales deben ser cuidadosamente consideradas para evitar toxicidad o disminución de eficacia terapéutica. En caninos, el valproato puede potenciar el efecto depresor del sistema nervioso central cuando se administra concomitantemente con otros anticonvulsivantes como el fenobarbital, la fenitoína y la bromuro de potasio, lo que puede aumentar el riesgo de sedación excesiva y depresión respiratoria. Además, el ácido valproico inhibe la glucuronidación hepática, lo que puede aumentar los niveles plasmáticos de fármacos metabolizados por esta vía, como el fenobarbital, elevando potencialmente su toxicidad. En felinos, dado que el metabolismo hepático es menos eficiente y presentan particular susceptibilidad a fármacos hepatotóxicos, la combinación de valproato con otros agentes antiepilépticos o medicamentos hepatotóxicos puede incrementar el riesgo de daño hepático severo. También se ha reportado que el ácido valproico puede alterar la unión a proteínas plasmáticas de otros fármacos, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), modificando su farmacocinética y efectos clínicos. Por lo tanto, se recomienda una monitorización estrecha cuando se emplea el ácido valproico en combinación con otros medicamentos, ajustando dosis y evaluando función hepática periódicamente para minimizar riesgos.

Última actualización: 28/05/2025 18:33

Acido valproico

Divalproato de Sodio en cantidad equivalente para: Ácido Valproico 250 mg ó 500 mg.

Caninos y Felinos

Dolor agudo:

  • Administrar 4 mg/kg una vez al día por vía subcutánea (SC), intramuscular (IM) u oral, durante 3 a 5 días consecutivos.
  • El producto inyectable se sugiere únicamente para la primera dosis.

Dolor crónico:

  • Administrar 4 mg/kg por vía bucal una vez al día durante 3 a 5 días consecutivos por semana.

Protocolo alternativo:

Primera dosis de 4 mg/kg vía SC o IM, seguida de tabletas orales de 4 mg/kg una vez al día durante 2 a 4 días. Este tratamiento puede repetirse una vez a la semana según sea necesario o conforme a recomendación veterinaria, manteniendo la dosis oral de 4 mg/kg una vez al día durante 3 a 5 días.

Dolor agudo:

  • Administrar 4 mg/kg una vez al día por vía subcutánea (SC), intramuscular (IM) u oral, durante 3 a 5 días.
  • El producto inyectable se recomienda únicamente para la primera dosis.

Tratamiento oral:

  • Administrar 4 mg/kg por vía oral una vez al día durante 3 a 5 días, o según sea indicado por el veterinario.


Indicaciones en Caninos:

El ácido valproico (AVP) se ha utilizado como tratamiento adyuvante en perros con epilepsia refractaria, especialmente en aquellos pacientes que no responden adecuadamente a fármacos de primera línea como el fenobarbital o el bromuro de potasio. Su mecanismo de acción se basa en la potenciación de la actividad del neurotransmisor inhibitorio GABA (ácido gamma-aminobutírico), mediante la inhibición de las enzimas GABA transaminasa y succínico semialdehído deshidrogenasa. Esto favorece una mayor concentración de GABA en el sistema nervioso central, estabilizando la actividad neuronal y reduciendo la frecuencia de las convulsiones.

No obstante, el uso del ácido valproico en medicina veterinaria está limitado por diversas razones clínicas y farmacológicas. En primer lugar, presenta una vida media corta en caninos (aproximadamente 1.5 a 2.8 horas), lo que exige administraciones frecuentes para mantener niveles terapéuticos adecuados. En segundo lugar, existe preocupación por su potencial hepatotoxicidad, especialmente cuando se combina con otros anticonvulsivantes hepatodependientes como el fenobarbital.

Debido a su costo, perfil farmacocinético en apariencia desfavorable y riesgo de toxicidad hepática, el AVP se considera actualmente una opción de tercera o incluso cuarta línea en el manejo de epilepsias caninas. Algunos clínicos lo consideran útil en combinación con fenobarbital en pacientes que no logran un adecuado control con monoterapia, dado que esta asociación puede mejorar el control de las crisis sin aumentar significativamente la toxicidad si se realiza un monitoreo adecuado.

Desde el punto de vista farmacodinámico, en perros el AVP presenta una menor afinidad por proteínas plasmáticas en comparación con humanos. Esto implica que el rango terapéutico establecido para humanos (40–100 µg/mL) puede ser excesivo para caninos, y que niveles séricos menores podrían ser suficientes para alcanzar una eficacia clínica. De hecho, la fracción libre del fármaco es la que realmente atraviesa la barrera hematoencefálica y ejerce efectos terapéuticos a nivel del líquido cefalorraquídeo. Existen reportes que sugieren que los efectos anticonvulsivos pueden persistir incluso después de que las concentraciones séricas del fármaco ya no son detectables, lo cual refuerza la idea de que los niveles plasmáticos no son siempre un reflejo fiel de la eficacia clínica.

En definitiva, el papel del ácido valproico en la medicina veterinaria canina permanece poco definido. Se requieren nuevos estudios clínicos controlados para establecer con claridad su perfil de seguridad, eficacia y parámetros terapéuticos óptimos en esta especie.

Indicaciones en Felinos:

El uso del ácido valproico (AVP) en medicina felina es poco frecuente y, actualmente, no forma parte del protocolo estándar para el tratamiento de la epilepsia idiopática ni de las crisis convulsivas reactivas o sintomáticas en esta especie. A diferencia de los caninos, los felinos presentan una farmacocinética aún menos predecible con respecto a este fármaco, lo que, junto a la escasez de estudios clínicos y la sensibilidad hepática característica de los gatos, limita significativamente su aplicación clínica.

Uno de los principales obstáculos en la utilización del AVP en felinos es su potencial hepatotóxico, un riesgo especialmente relevante dada la menor capacidad de conjugación hepática que posee esta especie. Además, el metabolismo hepático del ácido valproico en gatos no ha sido completamente caracterizado, por lo que no se dispone de parámetros seguros y confiables para establecer dosis terapéuticas estandarizadas. A ello se suma la dificultad práctica de su dosificación frecuente, considerando que los gatos suelen ser poco tolerantes a la medicación oral repetida.

Aunque su mecanismo de acción como modulador de GABA es teóricamente efectivo en cualquier mamífero, la falta de evidencia clínica controlada en gatos, sumado al perfil de riesgo, hace que el AVP se considere actualmente no recomendado o, en el mejor de los casos, un tratamiento experimental o de último recurso, reservado exclusivamente para situaciones refractarias donde las terapias convencionales han fracasado y bajo estricta supervisión clínica y monitorización hepática.

En resumen, el ácido valproico no tiene indicación formal en felinos en la práctica veterinaria actual. Su empleo, cuando se realiza, debe considerarse fuera de protocolo estándar y justificarse solo ante la ausencia de alternativas viables, en contextos clínicos muy particulares y siempre con consentimiento informado del tutor del paciente.

El ácido valproico actúa como un anticonvulsivante de amplio espectro mediante múltiples mecanismos sinérgicos que incluyen el aumento de la síntesis y liberación de GABA (ácido gamma-aminobutírico), la inhibición de su degradación por la enzima GABA transaminasa, y la modulación de los canales de sodio y calcio dependientes de voltaje, estabilizando así la membrana neuronal. Estos mecanismos se conservan tanto en caninos como en felinos, lo que confiere al fármaco una eficacia teórica para el control de crisis epilépticas en ambas especies. Sin embargo, en la práctica clínica, las diferencias en farmacocinética, tolerancia y metabolismo hepático entre perros y gatos condicionan su uso. En caninos, el ácido valproico puede considerarse una alternativa de tercera o cuarta línea, especialmente como adyuvante al fenobarbital en casos refractarios, aunque su efectividad clínica no siempre se correlaciona con las concentraciones séricas. En felinos, a pesar de compartir los mismos mecanismos de acción, su uso se encuentra restringido casi exclusivamente al ámbito experimental, debido al alto riesgo de toxicidad hepática y a la escasa evidencia clínica disponible.

La farmacocinética del ácido valproico en caninos y felinos presenta características diferenciadas que condicionan su eficacia y seguridad clínica. En caninos, el ácido valproico exhibe una vida media corta, entre 1.5 y 3.5 horas, lo que implica la necesidad de administrar dosis frecuentes (cada 6–8 horas) para mantener niveles terapéuticos estables. Posee una baja unión a proteínas plasmáticas en comparación con humanos, lo que incrementa la fracción libre activa, aunque esto también puede predisponer a una mayor toxicidad. Su metabolismo es predominantemente hepático, a través de procesos de glucuronidación, β-oxidación y ω-oxidación, lo que lo hace susceptible a interacciones con otros fármacos que afectan estas vías. En felinos, la farmacocinética está menos estudiada, pero se sabe que presentan deficiencia relativa en la glucuronidación hepática, lo que ralentiza la eliminación del fármaco y podría incrementar su toxicidad sistémica. Por esta razón, en gatos el ácido valproico muestra una vida media más prolongada y un mayor riesgo de acumulación, especialmente en tratamientos prolongados o con dosis inapropiadas. En ambas especies, el ácido valproico atraviesa con facilidad la barrera hematoencefálica y se concentra en el líquido cefalorraquídeo, lo cual explica sus efectos anticonvulsivantes, incluso cuando las concentraciones séricas pueden no reflejar adecuadamente su eficacia clínica. Estas características justifican la necesidad de ajustes individuales de dosificación y monitoreo clínico constante en su uso veterinario.

El ácido valproico puede producir efectos adversos significativos en caninos y felinos, los cuales deben ser considerados cuidadosamente al momento de prescribir este fármaco. En caninos, se han reportado signos de hepatotoxicidad, particularmente en tratamientos prolongados o cuando se administra en combinación con otras drogas hepatodepresoras como el fenobarbital. También pueden observarse efectos gastrointestinales como vómitos, diarrea y anorexia, así como sedación excesiva, ataxia y letargia, especialmente durante las primeras fases del tratamiento o ante sobredosis. En algunos casos, se ha documentado trombocitopenia y alteraciones en los parámetros hepáticos y hematológicos, lo que obliga al monitoreo clínico y bioquímico regular. En felinos, aunque la experiencia clínica es más limitada, se reconoce una mayor susceptibilidad a la toxicidad hepática y neurológica debido a la menor capacidad de glucuronidación, lo que favorece la acumulación del fármaco. Los signos adversos en gatos incluyen letargia marcada, ataxia, anorexia, vómitos y en casos severos, signos de encefalopatía hepática. En ambas especies, se ha sugerido la posibilidad de toxicidad idiosincrática que puede manifestarse con signos clínicos graves aún a dosis terapéuticas, por lo cual el uso de ácido valproico debe ser considerado únicamente en casos refractarios y bajo estricto control veterinario.

El uso de ácido valproico en medicina veterinaria está sujeto a diversas contraindicaciones que deben considerarse rigurosamente antes de su administración. En caninos, su empleo está contraindicado en pacientes con enfermedad hepática preexistente, debido a su potencial hepatotóxico y a la posibilidad de provocar necrosis hepática fulminante, especialmente durante las primeras semanas de tratamiento. También debe evitarse en animales con antecedentes de hipersensibilidad al fármaco o a cualquiera de sus excipientes. El uso concomitante con otros medicamentos hepatotóxicos o que comparten la misma vía metabólica (como el fenobarbital o la fenitoína) debe manejarse con extrema precaución y monitoreo constante. En felinos, aunque su uso clínico es limitado, está especialmente contraindicado en gatitos jóvenes, animales debilitados o con disfunción hepática, dada su menor capacidad para metabolizar compuestos por glucuronidación, lo que incrementa la susceptibilidad a toxicidad. En ambas especies, debe evitarse su uso durante la gestación, ya que atraviesa la barrera placentaria y ha demostrado ser teratogénico en modelos animales. Asimismo, no se recomienda su uso durante la lactancia, ya que se excreta por la leche materna y podría afectar al neonato. La evaluación individual del paciente, el monitoreo hepático y la farmacovigilancia son fundamentales para minimizar riesgos asociados a su uso.

El ácido valproico presenta riesgos reproductivos significativos, y su uso en animales en edad reproductiva o en gestación debe evaluarse con extrema cautela. En estudios realizados en otras especies, incluida la humana y modelos de laboratorio, el valproato ha demostrado ser teratogénico, asociado con malformaciones congénitas como defectos del tubo neural, dismorfismos craneofaciales y retraso en el desarrollo neurológico fetal. Aunque los datos específicos en caninos y felinos son limitados, se presume que estos efectos pueden extrapolarse debido a mecanismos fisiopatológicos compartidos. En caninos, se ha observado una mayor tasa de reabsorciones fetales y disminución en el tamaño de camada cuando se administró durante la gestación, mientras que en felinos, la falta de estudios controlados no permite establecer con certeza su perfil teratogénico, aunque se asume un riesgo alto dada la sensibilidad felina a fármacos con metabolismo hepático complejo. Asimismo, no se ha establecido la seguridad del ácido valproico durante la lactancia en estas especies, por lo que se desaconseja su uso en hembras gestantes o lactantes, y en animales destinados a la reproducción.

Se ha comunicado una incidencia del 1-2% de defectos del tubo neural en niños nacidos de madre medicadas con ácido valproico durante el primer trimestre de embarazo. Emplear en perras gestantes solo cuando los beneficios superen a los riesgos de la terapia. En los pacientes humanos la FDA categoriza la droga como clase D para empleo durante la gestación (existe evidencia del riesgo fetal humana, pero a pesar de ello los potenciales beneficios de la droga pueden ser aceptables en la mujer gestante). En un sistema separado de evaluación de la seguridad de las drogas en la gestación canina y felina (Papich, 1989), se categorizó a esta droga como clase C (estas drogas pueden tener riesgos potenciales. Los estudios en personas o animales de laboratorio no descubrieron riesgos potenciales, y estas medicaciones deben ser utilizadas con prudencia, como última medida, cuando el beneficio de la terapia supera claramente a su amenaza). Las concentraciones del ácido valproico en la leche son del 1-10% del valor medido en suero. No se sabe si tales niveles tienen algún efecto perjudicial para el lactante.

El ácido valproico presenta múltiples interacciones medicamentosas relevantes en el tratamiento de convulsiones en caninos y felinos, las cuales deben ser cuidadosamente consideradas para evitar toxicidad o disminución de eficacia terapéutica. En caninos, el valproato puede potenciar el efecto depresor del sistema nervioso central cuando se administra concomitantemente con otros anticonvulsivantes como el fenobarbital, la fenitoína y la bromuro de potasio, lo que puede aumentar el riesgo de sedación excesiva y depresión respiratoria. Además, el ácido valproico inhibe la glucuronidación hepática, lo que puede aumentar los niveles plasmáticos de fármacos metabolizados por esta vía, como el fenobarbital, elevando potencialmente su toxicidad. En felinos, dado que el metabolismo hepático es menos eficiente y presentan particular susceptibilidad a fármacos hepatotóxicos, la combinación de valproato con otros agentes antiepilépticos o medicamentos hepatotóxicos puede incrementar el riesgo de daño hepático severo. También se ha reportado que el ácido valproico puede alterar la unión a proteínas plasmáticas de otros fármacos, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), modificando su farmacocinética y efectos clínicos. Por lo tanto, se recomienda una monitorización estrecha cuando se emplea el ácido valproico en combinación con otros medicamentos, ajustando dosis y evaluando función hepática periódicamente para minimizar riesgos.

Última actualización: 28/05/2025 18:33