Valcote ER
Ámbito de Acción: Nervioso
Laboratorio
Abbott
Presentación
Envase conteniendo 50 comprimidos recubiertos de liberación prolongada.
Dosis Práctica
Debido a las variaciones en los requerimientos según la especie, la condición clínica y la formulación utilizada, no se recomienda establecer una dosis práctica general. Para asegurar un uso seguro y eficaz, se debe consultar la posología específica por especie y presentación incluida en este mismo vademécum.
Principio Activo
Acido valproico
Composición
Divalproato de Sodio en cantidad equivalente para: Ácido Valproico 250 mg ó 500 mg.
Especies
Posología
Dolor agudo:
- Administrar 4 mg/kg una vez al día por vía subcutánea (SC), intramuscular (IM) u oral, durante 3 a 5 días consecutivos.
- El producto inyectable se sugiere únicamente para la primera dosis.
Dolor crónico:
- Administrar 4 mg/kg por vía bucal una vez al día durante 3 a 5 días consecutivos por semana.
Protocolo alternativo:
Primera dosis de 4 mg/kg vía SC o IM, seguida de tabletas orales de 4 mg/kg una vez al día durante 2 a 4 días. Este tratamiento puede repetirse una vez a la semana según sea necesario o conforme a recomendación veterinaria, manteniendo la dosis oral de 4 mg/kg una vez al día durante 3 a 5 días.
Dolor agudo:
- Administrar 4 mg/kg una vez al día por vía subcutánea (SC), intramuscular (IM) u oral, durante 3 a 5 días.
- El producto inyectable se recomienda únicamente para la primera dosis.
Tratamiento oral:
- Administrar 4 mg/kg por vía oral una vez al día durante 3 a 5 días, o según sea indicado por el veterinario.
Indicaciones
Indicaciones en Caninos:
El ácido valproico (AVP) se ha utilizado como tratamiento adyuvante en perros con epilepsia refractaria, especialmente en aquellos pacientes que no responden adecuadamente a fármacos de primera línea como el fenobarbital o el bromuro de potasio. Su mecanismo de acción se basa en la potenciación de la actividad del neurotransmisor inhibitorio GABA (ácido gamma-aminobutírico), mediante la inhibición de las enzimas GABA transaminasa y succínico semialdehído deshidrogenasa. Esto favorece una mayor concentración de GABA en el sistema nervioso central, estabilizando la actividad neuronal y reduciendo la frecuencia de las convulsiones.
No obstante, el uso del ácido valproico en medicina veterinaria está limitado por diversas razones clínicas y farmacológicas. En primer lugar, presenta una vida media corta en caninos (aproximadamente 1.5 a 2.8 horas), lo que exige administraciones frecuentes para mantener niveles terapéuticos adecuados. En segundo lugar, existe preocupación por su potencial hepatotoxicidad, especialmente cuando se combina con otros anticonvulsivantes hepatodependientes como el fenobarbital.
Debido a su costo, perfil farmacocinético en apariencia desfavorable y riesgo de toxicidad hepática, el AVP se considera actualmente una opción de tercera o incluso cuarta línea en el manejo de epilepsias caninas. Algunos clínicos lo consideran útil en combinación con fenobarbital en pacientes que no logran un adecuado control con monoterapia, dado que esta asociación puede mejorar el control de las crisis sin aumentar significativamente la toxicidad si se realiza un monitoreo adecuado.
Desde el punto de vista farmacodinámico, en perros el AVP presenta una menor afinidad por proteínas plasmáticas en comparación con humanos. Esto implica que el rango terapéutico establecido para humanos (40–100 µg/mL) puede ser excesivo para caninos, y que niveles séricos menores podrían ser suficientes para alcanzar una eficacia clínica. De hecho, la fracción libre del fármaco es la que realmente atraviesa la barrera hematoencefálica y ejerce efectos terapéuticos a nivel del líquido cefalorraquídeo. Existen reportes que sugieren que los efectos anticonvulsivos pueden persistir incluso después de que las concentraciones séricas del fármaco ya no son detectables, lo cual refuerza la idea de que los niveles plasmáticos no son siempre un reflejo fiel de la eficacia clínica.
En definitiva, el papel del ácido valproico en la medicina veterinaria canina permanece poco definido. Se requieren nuevos estudios clínicos controlados para establecer con claridad su perfil de seguridad, eficacia y parámetros terapéuticos óptimos en esta especie.
Indicaciones en Felinos:
El uso del ácido valproico (AVP) en medicina felina es poco frecuente y, actualmente, no forma parte del protocolo estándar para el tratamiento de la epilepsia idiopática ni de las crisis convulsivas reactivas o sintomáticas en esta especie. A diferencia de los caninos, los felinos presentan una farmacocinética aún menos predecible con respecto a este fármaco, lo que, junto a la escasez de estudios clínicos y la sensibilidad hepática característica de los gatos, limita significativamente su aplicación clínica.
Uno de los principales obstáculos en la utilización del AVP en felinos es su potencial hepatotóxico, un riesgo especialmente relevante dada la menor capacidad de conjugación hepática que posee esta especie. Además, el metabolismo hepático del ácido valproico en gatos no ha sido completamente caracterizado, por lo que no se dispone de parámetros seguros y confiables para establecer dosis terapéuticas estandarizadas. A ello se suma la dificultad práctica de su dosificación frecuente, considerando que los gatos suelen ser poco tolerantes a la medicación oral repetida.
Aunque su mecanismo de acción como modulador de GABA es teóricamente efectivo en cualquier mamífero, la falta de evidencia clínica controlada en gatos, sumado al perfil de riesgo, hace que el AVP se considere actualmente no recomendado o, en el mejor de los casos, un tratamiento experimental o de último recurso, reservado exclusivamente para situaciones refractarias donde las terapias convencionales han fracasado y bajo estricta supervisión clínica y monitorización hepática.
En resumen, el ácido valproico no tiene indicación formal en felinos en la práctica veterinaria actual. Su empleo, cuando se realiza, debe considerarse fuera de protocolo estándar y justificarse solo ante la ausencia de alternativas viables, en contextos clínicos muy particulares y siempre con consentimiento informado del tutor del paciente.
Acciones
Farmacocinética
Efectos Adversos
Contraindicaciones
Sobredosis
El ácido valproico presenta riesgos reproductivos significativos, y su uso en animales en edad reproductiva o en gestación debe evaluarse con extrema cautela. En estudios realizados en otras especies, incluida la humana y modelos de laboratorio, el valproato ha demostrado ser teratogénico, asociado con malformaciones congénitas como defectos del tubo neural, dismorfismos craneofaciales y retraso en el desarrollo neurológico fetal. Aunque los datos específicos en caninos y felinos son limitados, se presume que estos efectos pueden extrapolarse debido a mecanismos fisiopatológicos compartidos. En caninos, se ha observado una mayor tasa de reabsorciones fetales y disminución en el tamaño de camada cuando se administró durante la gestación, mientras que en felinos, la falta de estudios controlados no permite establecer con certeza su perfil teratogénico, aunque se asume un riesgo alto dada la sensibilidad felina a fármacos con metabolismo hepático complejo. Asimismo, no se ha establecido la seguridad del ácido valproico durante la lactancia en estas especies, por lo que se desaconseja su uso en hembras gestantes o lactantes, y en animales destinados a la reproducción.
Seguridad Reproductiva
Interacción Medicamentosa
El ácido valproico presenta múltiples interacciones medicamentosas relevantes en el tratamiento de convulsiones en caninos y felinos, las cuales deben ser cuidadosamente consideradas para evitar toxicidad o disminución de eficacia terapéutica. En caninos, el valproato puede potenciar el efecto depresor del sistema nervioso central cuando se administra concomitantemente con otros anticonvulsivantes como el fenobarbital, la fenitoína y la bromuro de potasio, lo que puede aumentar el riesgo de sedación excesiva y depresión respiratoria. Además, el ácido valproico inhibe la glucuronidación hepática, lo que puede aumentar los niveles plasmáticos de fármacos metabolizados por esta vía, como el fenobarbital, elevando potencialmente su toxicidad. En felinos, dado que el metabolismo hepático es menos eficiente y presentan particular susceptibilidad a fármacos hepatotóxicos, la combinación de valproato con otros agentes antiepilépticos o medicamentos hepatotóxicos puede incrementar el riesgo de daño hepático severo. También se ha reportado que el ácido valproico puede alterar la unión a proteínas plasmáticas de otros fármacos, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), modificando su farmacocinética y efectos clínicos. Por lo tanto, se recomienda una monitorización estrecha cuando se emplea el ácido valproico en combinación con otros medicamentos, ajustando dosis y evaluando función hepática periódicamente para minimizar riesgos.
Última actualización: 28/05/2025 18:33
Divalproato de Sodio en cantidad equivalente para: Ácido Valproico 250 mg ó 500 mg.
Dolor agudo:
- Administrar 4 mg/kg una vez al día por vía subcutánea (SC), intramuscular (IM) u oral, durante 3 a 5 días consecutivos.
- El producto inyectable se sugiere únicamente para la primera dosis.
Dolor crónico:
- Administrar 4 mg/kg por vía bucal una vez al día durante 3 a 5 días consecutivos por semana.
Protocolo alternativo:
Primera dosis de 4 mg/kg vía SC o IM, seguida de tabletas orales de 4 mg/kg una vez al día durante 2 a 4 días. Este tratamiento puede repetirse una vez a la semana según sea necesario o conforme a recomendación veterinaria, manteniendo la dosis oral de 4 mg/kg una vez al día durante 3 a 5 días.
Dolor agudo:
- Administrar 4 mg/kg una vez al día por vía subcutánea (SC), intramuscular (IM) u oral, durante 3 a 5 días.
- El producto inyectable se recomienda únicamente para la primera dosis.
Tratamiento oral:
- Administrar 4 mg/kg por vía oral una vez al día durante 3 a 5 días, o según sea indicado por el veterinario.
Indicaciones en Caninos:
El ácido valproico (AVP) se ha utilizado como tratamiento adyuvante en perros con epilepsia refractaria, especialmente en aquellos pacientes que no responden adecuadamente a fármacos de primera línea como el fenobarbital o el bromuro de potasio. Su mecanismo de acción se basa en la potenciación de la actividad del neurotransmisor inhibitorio GABA (ácido gamma-aminobutírico), mediante la inhibición de las enzimas GABA transaminasa y succínico semialdehído deshidrogenasa. Esto favorece una mayor concentración de GABA en el sistema nervioso central, estabilizando la actividad neuronal y reduciendo la frecuencia de las convulsiones.
No obstante, el uso del ácido valproico en medicina veterinaria está limitado por diversas razones clínicas y farmacológicas. En primer lugar, presenta una vida media corta en caninos (aproximadamente 1.5 a 2.8 horas), lo que exige administraciones frecuentes para mantener niveles terapéuticos adecuados. En segundo lugar, existe preocupación por su potencial hepatotoxicidad, especialmente cuando se combina con otros anticonvulsivantes hepatodependientes como el fenobarbital.
Debido a su costo, perfil farmacocinético en apariencia desfavorable y riesgo de toxicidad hepática, el AVP se considera actualmente una opción de tercera o incluso cuarta línea en el manejo de epilepsias caninas. Algunos clínicos lo consideran útil en combinación con fenobarbital en pacientes que no logran un adecuado control con monoterapia, dado que esta asociación puede mejorar el control de las crisis sin aumentar significativamente la toxicidad si se realiza un monitoreo adecuado.
Desde el punto de vista farmacodinámico, en perros el AVP presenta una menor afinidad por proteínas plasmáticas en comparación con humanos. Esto implica que el rango terapéutico establecido para humanos (40–100 µg/mL) puede ser excesivo para caninos, y que niveles séricos menores podrían ser suficientes para alcanzar una eficacia clínica. De hecho, la fracción libre del fármaco es la que realmente atraviesa la barrera hematoencefálica y ejerce efectos terapéuticos a nivel del líquido cefalorraquídeo. Existen reportes que sugieren que los efectos anticonvulsivos pueden persistir incluso después de que las concentraciones séricas del fármaco ya no son detectables, lo cual refuerza la idea de que los niveles plasmáticos no son siempre un reflejo fiel de la eficacia clínica.
En definitiva, el papel del ácido valproico en la medicina veterinaria canina permanece poco definido. Se requieren nuevos estudios clínicos controlados para establecer con claridad su perfil de seguridad, eficacia y parámetros terapéuticos óptimos en esta especie.
Indicaciones en Felinos:
El uso del ácido valproico (AVP) en medicina felina es poco frecuente y, actualmente, no forma parte del protocolo estándar para el tratamiento de la epilepsia idiopática ni de las crisis convulsivas reactivas o sintomáticas en esta especie. A diferencia de los caninos, los felinos presentan una farmacocinética aún menos predecible con respecto a este fármaco, lo que, junto a la escasez de estudios clínicos y la sensibilidad hepática característica de los gatos, limita significativamente su aplicación clínica.
Uno de los principales obstáculos en la utilización del AVP en felinos es su potencial hepatotóxico, un riesgo especialmente relevante dada la menor capacidad de conjugación hepática que posee esta especie. Además, el metabolismo hepático del ácido valproico en gatos no ha sido completamente caracterizado, por lo que no se dispone de parámetros seguros y confiables para establecer dosis terapéuticas estandarizadas. A ello se suma la dificultad práctica de su dosificación frecuente, considerando que los gatos suelen ser poco tolerantes a la medicación oral repetida.
Aunque su mecanismo de acción como modulador de GABA es teóricamente efectivo en cualquier mamífero, la falta de evidencia clínica controlada en gatos, sumado al perfil de riesgo, hace que el AVP se considere actualmente no recomendado o, en el mejor de los casos, un tratamiento experimental o de último recurso, reservado exclusivamente para situaciones refractarias donde las terapias convencionales han fracasado y bajo estricta supervisión clínica y monitorización hepática.
En resumen, el ácido valproico no tiene indicación formal en felinos en la práctica veterinaria actual. Su empleo, cuando se realiza, debe considerarse fuera de protocolo estándar y justificarse solo ante la ausencia de alternativas viables, en contextos clínicos muy particulares y siempre con consentimiento informado del tutor del paciente.
El ácido valproico presenta riesgos reproductivos significativos, y su uso en animales en edad reproductiva o en gestación debe evaluarse con extrema cautela. En estudios realizados en otras especies, incluida la humana y modelos de laboratorio, el valproato ha demostrado ser teratogénico, asociado con malformaciones congénitas como defectos del tubo neural, dismorfismos craneofaciales y retraso en el desarrollo neurológico fetal. Aunque los datos específicos en caninos y felinos son limitados, se presume que estos efectos pueden extrapolarse debido a mecanismos fisiopatológicos compartidos. En caninos, se ha observado una mayor tasa de reabsorciones fetales y disminución en el tamaño de camada cuando se administró durante la gestación, mientras que en felinos, la falta de estudios controlados no permite establecer con certeza su perfil teratogénico, aunque se asume un riesgo alto dada la sensibilidad felina a fármacos con metabolismo hepático complejo. Asimismo, no se ha establecido la seguridad del ácido valproico durante la lactancia en estas especies, por lo que se desaconseja su uso en hembras gestantes o lactantes, y en animales destinados a la reproducción.
El ácido valproico presenta múltiples interacciones medicamentosas relevantes en el tratamiento de convulsiones en caninos y felinos, las cuales deben ser cuidadosamente consideradas para evitar toxicidad o disminución de eficacia terapéutica. En caninos, el valproato puede potenciar el efecto depresor del sistema nervioso central cuando se administra concomitantemente con otros anticonvulsivantes como el fenobarbital, la fenitoína y la bromuro de potasio, lo que puede aumentar el riesgo de sedación excesiva y depresión respiratoria. Además, el ácido valproico inhibe la glucuronidación hepática, lo que puede aumentar los niveles plasmáticos de fármacos metabolizados por esta vía, como el fenobarbital, elevando potencialmente su toxicidad. En felinos, dado que el metabolismo hepático es menos eficiente y presentan particular susceptibilidad a fármacos hepatotóxicos, la combinación de valproato con otros agentes antiepilépticos o medicamentos hepatotóxicos puede incrementar el riesgo de daño hepático severo. También se ha reportado que el ácido valproico puede alterar la unión a proteínas plasmáticas de otros fármacos, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), modificando su farmacocinética y efectos clínicos. Por lo tanto, se recomienda una monitorización estrecha cuando se emplea el ácido valproico en combinación con otros medicamentos, ajustando dosis y evaluando función hepática periódicamente para minimizar riesgos.
Última actualización: 28/05/2025 18:33