Ampicilina

Ámbito de Acción: Antimicrobianos

Laboratorio

Vitalis

Presentación

Envase con 10 viales

Dosis Práctica

Dosis estándar 20mg/kg (La dosis depende de la edad y del peso ver posología)

  • Caninos y felinos: 1 mL vía SC por cada 25 kg de peso 8/12 horas

Principio Activo

Ampicilina

Composición

Ampicilina 500mg IM/IV

Especies

Caninos

Posología

La posología de ampicilina en caninos se adapta al tipo de infección, al agente bacteriano involucrado, a la vía de administración y a la gravedad del cuadro clínico. Las dosis más utilizadas son las siguientes:

  • Para infecciones causadas por bacterias grampositivas: 10-20 mg/kg por vía oral dos veces al día. También puede administrarse por vía intramuscular o subcutánea a razón de 5 mg/kg dos veces al día, o por vía intravenosa a 5 mg/kg tres veces al día.
  • Para infecciones por bacterias gramnegativas: 20-30 mg/kg por vía oral tres veces al día. Por vía IM o SC, 10 mg/kg tres veces al día. Por vía IV, 10 mg/kg cuatro veces al día.
  • En infecciones urinarias susceptibles: 12,5 mg/kg cada 12 horas por vía oral durante 3 a 7 días, o 6,6 mg/kg cada 12 horas por vía IM o SC. Alternativamente, 25 mg/kg cada 8 horas por vía oral.
  • Para infecciones en tejidos blandos: 10-20 mg/kg cada 8 horas, por vía oral, IM o SC durante 7 días.
  • En casos de neumonía o infecciones sistémicas:  22 mg/kg cada 8 horas por vía oral, IV o SC, durante un período de 7 a 14 días.
  • Para meningitis o infecciones ortopédicas: 22 mg/kg cada 6 a 8 horas por vía oral, IV, IM o SC, con una duración determinada por la evolución clínica y la resolución completa del proceso infeccioso.
  • En sepsis o bacteriemias: 20-40 mg/kg cada 6 a 8 horas por vía IV, IM o SC, manteniéndose el tratamiento según la gravedad del cuadro.
  • Para sepsis neonatal: 50 mg/kg cada 4 a 6 horas por vía IV o intraósea, ajustando la duración del tratamiento según la respuesta del paciente.
  • En el caso específico de leptospirosis en fase leptospirémica22 mg/kg cada 6 a 8 horas durante la fase aguda hasta que el paciente vuelva a alimentarse normalmente; posteriormente se continúa con amoxicilina 22 mg/kg cada 8 horas por vía oral para completar el tratamiento.

La posología de ampicilina en felinos se establece en función del tipo de infección, la vía de administración y la gravedad del cuadro clínico, siendo similar a la de los caninos en muchos aspectos, aunque con ajustes según la fisiología felina.

  • Para infecciones causadas por bacterias grampositivas:
    10-20 mg/kg por vía oral dos veces al día. Alternativamente, se puede administrar por vía IM o SC a razón de 5 mg/kg dos veces al día, o por vía IV a 5 mg/kg tres veces al día.
  • Para infecciones por bacterias gramnegativas: 20-30 mg/kg por vía oral tres veces al día. Por vía IM o SC, se administra a 10 mg/kg tres veces al día. Por vía IV, a 10 mg/kg cuatro veces al día.
  • En infecciones urinarias susceptibles: 20 mg/kg cada 8 a 12 horas por vía oral, durante un período de 7 a 14 días, ajustando según la respuesta clínica y los hallazgos de laboratorio.
  • Para infecciones de tejidos blandos: 20-40 mg/kg cada 9 a 12 horas por vía oral, durante al menos 14 días.
  • En el caso de infecciones sistémicas: 7-11 mg/kg cada 8 a 12 horas por vía IV, IM o SC, con una duración determinada por la gravedad de la enfermedad y la evolución del paciente.
  • En situaciones de sepsis grave o bacteriemia: 20-40 mg/kg cada 6 a 8 horas por vía IV, ajustando la frecuencia y duración del tratamiento de acuerdo al estado clínico del gato.

Como en todos los tratamientos antibióticos, es esencial respetar la duración completa del protocolo terapéutico y considerar la reducción de la dosis o del intervalo en pacientes con insuficiencia renal, además de evitar interrupciones abruptas que puedan favorecer la resistencia bacteriana.


Indicaciones

La ampicilina es un antibiótico betalactámico de amplio espectro perteneciente a la familia de las penicilinas semisintéticas, y es ampliamente utilizada en medicina veterinaria, especialmente en perros y gatos. Su mecanismo de acción consiste en inhibir la síntesis de la pared celular bacteriana, lo que la hace efectiva frente a bacterias en fase de crecimiento activo.

Está indicada principalmente en el tratamiento de infecciones causadas por bacterias grampositivas y algunas gramnegativas sensibles, incluyendo Escherichia coli, Streptococcus spp., Staphylococcus no productores de betalactamasas, Proteus mirabilis, entre otros.

Se utiliza en perros y gatos para tratar infecciones del tracto respiratorio superior e inferior, como rinitis, traqueobronquitis y neumonía bacteriana, así como en infecciones genitourinarias como cistitis o pielonefritis. También es eficaz en casos de infecciones de piel y tejidos blandos, como heridas infectadas, abscesos o piodermas. En procedimientos quirúrgicos, puede utilizarse como profilaxis antimicrobiana, especialmente en cirugías limpias-contaminadas.

Otra indicación importante es en infecciones gastrointestinales, especialmente cuando se sospecha etiología bacteriana sensible a ampicilina. También se ha empleado en meningitis bacteriana, ya que atraviesa la barrera hematoencefálica en presencia de inflamación meníngea.

En medicina veterinaria de animales jóvenes, la ampicilina es a menudo preferida por su baja toxicidad y amplio margen de seguridad, aunque su uso empírico se debe justificar por cultivo y antibiograma, ya que la resistencia bacteriana ha aumentado con el tiempo, especialmente por producción de betalactamasas.

Acciones

La ampicilina actúa como un antibiótico bactericida perteneciente a las aminopenicilinas, derivadas de la penicilina G, y comparte su mecanismo de acción fundamental: inhibe la síntesis de la pared celular bacteriana. Este efecto se logra al unirse de forma irreversible a las proteínas de unión a penicilinas (PBPs), enzimas clave en la última etapa del ensamblaje del peptidoglicano, componente estructural esencial de la pared celular bacteriana. Al interrumpir esta síntesis, provoca la debilitación de la pared celular y la lisis osmótica de la bacteria, especialmente en organismos en crecimiento activo.

La ampicilina es activa contra un amplio espectro de bacterias grampositivas y algunas gramnegativas, incluyendo Streptococcus spp., Enterococcus spp., Listeria monocytogenes, Escherichia coli, Proteus mirabilis y Salmonella spp., siempre que no produzcan enzimas betalactamasas que la inactiven.

Una ventaja adicional es que, a diferencia de la penicilina G, es más estable en medio ácido, lo que le permite ser administrada por vía oral, aunque su absorción gastrointestinal puede ser limitada en animales con vómitos o diarrea.

En animales, su espectro de acción la hace útil tanto para infecciones de tejidos blandos como para infecciones sistémicas o del tracto urinario, respiratorio o digestivo, siempre que el agente etiológico sea susceptible. A pesar de su utilidad, su efectividad puede verse limitada por la creciente resistencia bacteriana debida a la producción de betalactamasas, por lo que en algunos casos se combina con inhibidores enzimáticos como el ácido clavulánico.

Farmacocinética

La farmacocinética de la ampicilina en perros y gatos está influenciada por su vía de administración, formulación, y el estado fisiológico del animal. Es un antibiótico hidrofílico, lo que limita su distribución a los compartimentos acuosos del organismo.

La absorción oral de la ampicilina es moderada a baja, ya que es parcialmente degradada por el ácido gástrico y su biodisponibilidad varía entre especies. En perros, la biodisponibilidad oral puede oscilar entre 15% y 45%, mientras que en gatos puede ser algo mayor, aunque también variable. La presencia de alimentos puede disminuir la absorción oral, por lo que se recomienda administrarla en ayunas si es posible.

Tras administración oral o parenteral, la ampicilina alcanza concentraciones plasmáticas máximas en 1 a 2 horas. Por vía intramuscular o subcutánea, la absorción es más predecible, con una buena distribución hacia la mayoría de los tejidos corporales, excepto en el sistema nervioso central, donde sólo alcanza concentraciones terapéuticas en presencia de meninges inflamadas.

Se une en baja proporción a proteínas plasmáticas (alrededor del 20%), lo que facilita su distribución, aunque limitada principalmente a líquidos extracelulares. No penetra bien en tejidos lipídicos o en abscesos encapsulados.

La ampicilina no sufre una biotransformación hepática significativa. Es eliminada principalmente de forma inalterada por vía renal, mediante filtración glomerular y secreción tubular activa. Esto permite alcanzar altas concentraciones urinarias, lo que la hace especialmente útil en infecciones del tracto urinario.

La vida media plasmática en perros y gatos es relativamente corta, en el rango de 1 a 2 horas, lo que exige administraciones frecuentes (cada 8 a 12 horas) para mantener niveles terapéuticos. En animales con insuficiencia renal, su vida media se prolonga, por lo que se requiere ajustar la dosis para evitar acumulación.

Efectos Adversos

Los efectos adversos de la ampicilina en perros y gatos suelen ser poco frecuentes cuando se administra correctamente, ya que es un antibiótico con amplio margen de seguridad. No obstante, pueden presentarse efectos no deseados, especialmente en animales con hipersensibilidad o con disfunción renal.

El efecto adverso más común es de tipo gastrointestinal, incluyendo vómitos, diarrea y anorexia, particularmente cuando se administra por vía oral. Estos efectos suelen ser transitorios y leves, pero pueden agravarse en animales sensibles o debilitados.

Las reacciones alérgicas son posibles, como ocurre con todos los antibióticos betalactámicos. Estas pueden variar desde erupciones cutáneas, fiebre, urticaria o angioedema, hasta reacciones más graves como anafilaxia, que requiere intervención inmediata. Los animales con antecedentes de alergia a penicilinas o cefalosporinas deben ser tratados con extrema precaución o evitarse su uso.

En tratamientos prolongados o a altas dosis, puede producirse alteración de la microbiota intestinal, lo que puede derivar en disbiosis o sobrecrecimiento de bacterias resistentes o levaduras, como Clostridium difficile o Candida spp.

En muy raras ocasiones, se han reportado efectos neurológicos, como ataxia o convulsiones, especialmente en animales con insuficiencia renal no diagnosticada, donde el fármaco puede acumularse y alcanzar concentraciones tóxicas en el sistema nervioso central.

También se han documentado, aunque infrecuentemente, reacciones hematológicas como leucopenia, trombocitopenia o anemia hemolítica inmunomediada, generalmente asociadas a tratamientos prolongados o a hipersensibilidad.

Contraindicaciones

La ampicilina está contraindicada en diversas situaciones clínicas que pueden comprometer la seguridad o eficacia del tratamiento en animales, especialmente en perros y gatos. Como todos los antibióticos betalactámicos, puede provocar reacciones de hipersensibilidad y debe usarse con precaución en pacientes con antecedentes de alergia a las penicilinas o cefalosporinas.

Está contraindicada en animales con antecedentes conocidos de hipersensibilidad a betalactámicos, debido al riesgo de reacciones alérgicas que pueden variar desde urticaria leve hasta anafilaxia grave. En estos casos, debe evitarse su uso completamente.

No se recomienda en infecciones causadas por bacterias productoras de betalactamasas, ya que estas enzimas inactivan la ampicilina, reduciendo su eficacia. En estos casos, puede considerarse el uso de una formulación combinada con ácido clavulánico, que actúa como inhibidor de betalactamasas.

Debe usarse con precaución en animales con insuficiencia renal, ya que la ampicilina se excreta principalmente por vía renal. En estos pacientes, pueden acumularse concentraciones tóxicas si no se ajusta adecuadamente la dosis o el intervalo de administración.

Tampoco se recomienda su uso en animales con diarrea severa o vómitos, ya que su absorción oral puede ser impredecible y comprometida, reduciendo la eficacia del tratamiento.

Su uso prolongado o inadecuado puede alterar la microbiota intestinal normal y predisponer al desarrollo de superinfecciones o disbiosis, incluyendo sobrecrecimiento de organismos resistentes o patógenos oportunistas como Clostridium spp. o Candida spp.

Se debe tener precaución en animales gestantes o lactantes, aunque en general se considera segura cuando se usa correctamente.

Sobredosis

La sobredosis de ampicilina en perros y gatos es poco común debido a su amplio margen de seguridad, pero puede ocurrir en casos de errores en la dosificación, administración prolongada sin control, o en animales con disfunción renal donde la excreción del fármaco se ve comprometida.

En casos de sobredosis aguda, los signos clínicos más frecuentes son de tipo gastrointestinal, como vómitos, diarrea, hipersalivación y anorexia. Estos efectos suelen ser autolimitados, aunque pueden requerir tratamiento sintomático si persisten o si el animal se encuentra debilitado.

En exposiciones a dosis muy elevadas o en tratamientos prolongados, especialmente en animales con insuficiencia renal, pueden desarrollarse síntomas neurológicos por acumulación del fármaco, como temblores, convulsiones o ataxia, aunque son raros.

También pueden presentarse alteraciones hematológicas como leucopenia, trombocitopenia o eosinofilia, y en casos muy graves, reacciones alérgicas de tipo sistémico, incluyendo edema facial, dificultad respiratoria o anafilaxia, especialmente si hay una sensibilización previa.

El tratamiento de la sobredosis consiste en suspender la administración del antibiótico, aplicar terapia de soporte según los signos clínicos (rehidratación, antieméticos, protección gástrica), y en casos severos, puede considerarse la diálisis peritoneal o hemodiálisis en centros especializados, ya que la ampicilina es dializable.

La monitorización renal y hematológica está indicada cuando se ha producido una sobredosificación significativa o en animales con comorbilidades.

Seguridad Reproductiva

La ampicilina, en general, es considerada un antibiótico relativamente seguro durante la gestación y la lactancia en perros y gatos, aunque siempre debe usarse bajo criterio veterinario y con una evaluación de riesgo-beneficio individual.

Durante la gestación, estudios en animales de laboratorio no han demostrado efectos teratogénicos ni embriotóxicos relevantes cuando se administra en dosis terapéuticas. Sin embargo, como ocurre con muchos fármacos, debe utilizarse con precaución durante el primer tercio de la gestación, periodo crítico del desarrollo embrionario. En medicina veterinaria, su uso en hembras gestantes suele aceptarse cuando hay una infección bacteriana diagnosticada y no existen alternativas más seguras o específicas.

En cuanto a la lactancia, la ampicilina se excreta en pequeñas cantidades en la leche materna, y aunque estas concentraciones son generalmente bajas, existe un potencial teórico de alterar la microbiota normal del neonato o provocar sensibilización o reacciones alérgicas, especialmente en cachorros muy jóvenes o inmunológicamente inmaduros. Aun así, no se han reportado con frecuencia efectos adversos clínicamente significativos en crías lactantes tras la exposición a través de la leche.

En ambos casos, la administración de ampicilina debe ser monitorizada, y debe mantenerse una vigilancia clínica sobre las hembras y sus crías para detectar cualquier signo de intolerancia, reacción adversa o alteración en el desarrollo neonatal.

Interacción Medicamentosa

La ampicilina puede presentar diversas interacciones medicamentosas que modifican su eficacia o aumentan el riesgo de efectos adversos en perros y gatos. Entre las más relevantes se incluyen:

  • Probenecid: al inhibir la secreción tubular renal de la ampicilina, aumenta y prolonga sus concentraciones plasmáticas, lo que puede potenciar tanto su efecto terapéutico como la toxicidad si no se ajusta la dosis.
  • Antibióticos bacteriostáticos (tetraciclinas, cloranfenicol, macrólidos): al inhibir el crecimiento bacteriano, reducen la actividad bactericida de la ampicilina, que requiere pared celular en formación para actuar eficazmente.
  • Alopurinol: en humanos esta combinación se asocia a reacciones cutáneas graves; aunque en veterinaria es infrecuente, conviene monitorizar la piel del paciente si ambos fármacos se administran simultáneamente.
  • Anticoagulantes cumarínicos (warfarina): la ampicilina puede potenciar su efecto anticoagulante al alterar la microbiota intestinal y reducir la síntesis de vitamina K, por lo que en pacientes que reciben ambos fármacos es necesario controlar parámetros de coagulación.
  • Sales de magnesio, aluminio o zinc (antiácidos, suplementos minerales): pueden disminuir la absorción oral de la ampicilina si se administran al mismo tiempo; se aconseja separar las dosis al menos 1–2 horas.
  • AINEs (carprofen, meloxicam, etc.): aunque no hay interacciones directas graves, el uso conjunto en pacientes deshidratados o con función renal comprometida puede aumentar el riesgo de nefrotoxicidad.

Última actualización: 03/08/2025 20:06

Ampicilina

Ampicilina 500mg IM/IV

Caninos

La posología de ampicilina en caninos se adapta al tipo de infección, al agente bacteriano involucrado, a la vía de administración y a la gravedad del cuadro clínico. Las dosis más utilizadas son las siguientes:

  • Para infecciones causadas por bacterias grampositivas: 10-20 mg/kg por vía oral dos veces al día. También puede administrarse por vía intramuscular o subcutánea a razón de 5 mg/kg dos veces al día, o por vía intravenosa a 5 mg/kg tres veces al día.
  • Para infecciones por bacterias gramnegativas: 20-30 mg/kg por vía oral tres veces al día. Por vía IM o SC, 10 mg/kg tres veces al día. Por vía IV, 10 mg/kg cuatro veces al día.
  • En infecciones urinarias susceptibles: 12,5 mg/kg cada 12 horas por vía oral durante 3 a 7 días, o 6,6 mg/kg cada 12 horas por vía IM o SC. Alternativamente, 25 mg/kg cada 8 horas por vía oral.
  • Para infecciones en tejidos blandos: 10-20 mg/kg cada 8 horas, por vía oral, IM o SC durante 7 días.
  • En casos de neumonía o infecciones sistémicas:  22 mg/kg cada 8 horas por vía oral, IV o SC, durante un período de 7 a 14 días.
  • Para meningitis o infecciones ortopédicas: 22 mg/kg cada 6 a 8 horas por vía oral, IV, IM o SC, con una duración determinada por la evolución clínica y la resolución completa del proceso infeccioso.
  • En sepsis o bacteriemias: 20-40 mg/kg cada 6 a 8 horas por vía IV, IM o SC, manteniéndose el tratamiento según la gravedad del cuadro.
  • Para sepsis neonatal: 50 mg/kg cada 4 a 6 horas por vía IV o intraósea, ajustando la duración del tratamiento según la respuesta del paciente.
  • En el caso específico de leptospirosis en fase leptospirémica22 mg/kg cada 6 a 8 horas durante la fase aguda hasta que el paciente vuelva a alimentarse normalmente; posteriormente se continúa con amoxicilina 22 mg/kg cada 8 horas por vía oral para completar el tratamiento.

La posología de ampicilina en felinos se establece en función del tipo de infección, la vía de administración y la gravedad del cuadro clínico, siendo similar a la de los caninos en muchos aspectos, aunque con ajustes según la fisiología felina.

  • Para infecciones causadas por bacterias grampositivas:
    10-20 mg/kg por vía oral dos veces al día. Alternativamente, se puede administrar por vía IM o SC a razón de 5 mg/kg dos veces al día, o por vía IV a 5 mg/kg tres veces al día.
  • Para infecciones por bacterias gramnegativas: 20-30 mg/kg por vía oral tres veces al día. Por vía IM o SC, se administra a 10 mg/kg tres veces al día. Por vía IV, a 10 mg/kg cuatro veces al día.
  • En infecciones urinarias susceptibles: 20 mg/kg cada 8 a 12 horas por vía oral, durante un período de 7 a 14 días, ajustando según la respuesta clínica y los hallazgos de laboratorio.
  • Para infecciones de tejidos blandos: 20-40 mg/kg cada 9 a 12 horas por vía oral, durante al menos 14 días.
  • En el caso de infecciones sistémicas: 7-11 mg/kg cada 8 a 12 horas por vía IV, IM o SC, con una duración determinada por la gravedad de la enfermedad y la evolución del paciente.
  • En situaciones de sepsis grave o bacteriemia: 20-40 mg/kg cada 6 a 8 horas por vía IV, ajustando la frecuencia y duración del tratamiento de acuerdo al estado clínico del gato.

Como en todos los tratamientos antibióticos, es esencial respetar la duración completa del protocolo terapéutico y considerar la reducción de la dosis o del intervalo en pacientes con insuficiencia renal, además de evitar interrupciones abruptas que puedan favorecer la resistencia bacteriana.


La ampicilina es un antibiótico betalactámico de amplio espectro perteneciente a la familia de las penicilinas semisintéticas, y es ampliamente utilizada en medicina veterinaria, especialmente en perros y gatos. Su mecanismo de acción consiste en inhibir la síntesis de la pared celular bacteriana, lo que la hace efectiva frente a bacterias en fase de crecimiento activo.

Está indicada principalmente en el tratamiento de infecciones causadas por bacterias grampositivas y algunas gramnegativas sensibles, incluyendo Escherichia coli, Streptococcus spp., Staphylococcus no productores de betalactamasas, Proteus mirabilis, entre otros.

Se utiliza en perros y gatos para tratar infecciones del tracto respiratorio superior e inferior, como rinitis, traqueobronquitis y neumonía bacteriana, así como en infecciones genitourinarias como cistitis o pielonefritis. También es eficaz en casos de infecciones de piel y tejidos blandos, como heridas infectadas, abscesos o piodermas. En procedimientos quirúrgicos, puede utilizarse como profilaxis antimicrobiana, especialmente en cirugías limpias-contaminadas.

Otra indicación importante es en infecciones gastrointestinales, especialmente cuando se sospecha etiología bacteriana sensible a ampicilina. También se ha empleado en meningitis bacteriana, ya que atraviesa la barrera hematoencefálica en presencia de inflamación meníngea.

En medicina veterinaria de animales jóvenes, la ampicilina es a menudo preferida por su baja toxicidad y amplio margen de seguridad, aunque su uso empírico se debe justificar por cultivo y antibiograma, ya que la resistencia bacteriana ha aumentado con el tiempo, especialmente por producción de betalactamasas.

La ampicilina actúa como un antibiótico bactericida perteneciente a las aminopenicilinas, derivadas de la penicilina G, y comparte su mecanismo de acción fundamental: inhibe la síntesis de la pared celular bacteriana. Este efecto se logra al unirse de forma irreversible a las proteínas de unión a penicilinas (PBPs), enzimas clave en la última etapa del ensamblaje del peptidoglicano, componente estructural esencial de la pared celular bacteriana. Al interrumpir esta síntesis, provoca la debilitación de la pared celular y la lisis osmótica de la bacteria, especialmente en organismos en crecimiento activo.

La ampicilina es activa contra un amplio espectro de bacterias grampositivas y algunas gramnegativas, incluyendo Streptococcus spp., Enterococcus spp., Listeria monocytogenes, Escherichia coli, Proteus mirabilis y Salmonella spp., siempre que no produzcan enzimas betalactamasas que la inactiven.

Una ventaja adicional es que, a diferencia de la penicilina G, es más estable en medio ácido, lo que le permite ser administrada por vía oral, aunque su absorción gastrointestinal puede ser limitada en animales con vómitos o diarrea.

En animales, su espectro de acción la hace útil tanto para infecciones de tejidos blandos como para infecciones sistémicas o del tracto urinario, respiratorio o digestivo, siempre que el agente etiológico sea susceptible. A pesar de su utilidad, su efectividad puede verse limitada por la creciente resistencia bacteriana debida a la producción de betalactamasas, por lo que en algunos casos se combina con inhibidores enzimáticos como el ácido clavulánico.

La farmacocinética de la ampicilina en perros y gatos está influenciada por su vía de administración, formulación, y el estado fisiológico del animal. Es un antibiótico hidrofílico, lo que limita su distribución a los compartimentos acuosos del organismo.

La absorción oral de la ampicilina es moderada a baja, ya que es parcialmente degradada por el ácido gástrico y su biodisponibilidad varía entre especies. En perros, la biodisponibilidad oral puede oscilar entre 15% y 45%, mientras que en gatos puede ser algo mayor, aunque también variable. La presencia de alimentos puede disminuir la absorción oral, por lo que se recomienda administrarla en ayunas si es posible.

Tras administración oral o parenteral, la ampicilina alcanza concentraciones plasmáticas máximas en 1 a 2 horas. Por vía intramuscular o subcutánea, la absorción es más predecible, con una buena distribución hacia la mayoría de los tejidos corporales, excepto en el sistema nervioso central, donde sólo alcanza concentraciones terapéuticas en presencia de meninges inflamadas.

Se une en baja proporción a proteínas plasmáticas (alrededor del 20%), lo que facilita su distribución, aunque limitada principalmente a líquidos extracelulares. No penetra bien en tejidos lipídicos o en abscesos encapsulados.

La ampicilina no sufre una biotransformación hepática significativa. Es eliminada principalmente de forma inalterada por vía renal, mediante filtración glomerular y secreción tubular activa. Esto permite alcanzar altas concentraciones urinarias, lo que la hace especialmente útil en infecciones del tracto urinario.

La vida media plasmática en perros y gatos es relativamente corta, en el rango de 1 a 2 horas, lo que exige administraciones frecuentes (cada 8 a 12 horas) para mantener niveles terapéuticos. En animales con insuficiencia renal, su vida media se prolonga, por lo que se requiere ajustar la dosis para evitar acumulación.

Los efectos adversos de la ampicilina en perros y gatos suelen ser poco frecuentes cuando se administra correctamente, ya que es un antibiótico con amplio margen de seguridad. No obstante, pueden presentarse efectos no deseados, especialmente en animales con hipersensibilidad o con disfunción renal.

El efecto adverso más común es de tipo gastrointestinal, incluyendo vómitos, diarrea y anorexia, particularmente cuando se administra por vía oral. Estos efectos suelen ser transitorios y leves, pero pueden agravarse en animales sensibles o debilitados.

Las reacciones alérgicas son posibles, como ocurre con todos los antibióticos betalactámicos. Estas pueden variar desde erupciones cutáneas, fiebre, urticaria o angioedema, hasta reacciones más graves como anafilaxia, que requiere intervención inmediata. Los animales con antecedentes de alergia a penicilinas o cefalosporinas deben ser tratados con extrema precaución o evitarse su uso.

En tratamientos prolongados o a altas dosis, puede producirse alteración de la microbiota intestinal, lo que puede derivar en disbiosis o sobrecrecimiento de bacterias resistentes o levaduras, como Clostridium difficile o Candida spp.

En muy raras ocasiones, se han reportado efectos neurológicos, como ataxia o convulsiones, especialmente en animales con insuficiencia renal no diagnosticada, donde el fármaco puede acumularse y alcanzar concentraciones tóxicas en el sistema nervioso central.

También se han documentado, aunque infrecuentemente, reacciones hematológicas como leucopenia, trombocitopenia o anemia hemolítica inmunomediada, generalmente asociadas a tratamientos prolongados o a hipersensibilidad.

La ampicilina está contraindicada en diversas situaciones clínicas que pueden comprometer la seguridad o eficacia del tratamiento en animales, especialmente en perros y gatos. Como todos los antibióticos betalactámicos, puede provocar reacciones de hipersensibilidad y debe usarse con precaución en pacientes con antecedentes de alergia a las penicilinas o cefalosporinas.

Está contraindicada en animales con antecedentes conocidos de hipersensibilidad a betalactámicos, debido al riesgo de reacciones alérgicas que pueden variar desde urticaria leve hasta anafilaxia grave. En estos casos, debe evitarse su uso completamente.

No se recomienda en infecciones causadas por bacterias productoras de betalactamasas, ya que estas enzimas inactivan la ampicilina, reduciendo su eficacia. En estos casos, puede considerarse el uso de una formulación combinada con ácido clavulánico, que actúa como inhibidor de betalactamasas.

Debe usarse con precaución en animales con insuficiencia renal, ya que la ampicilina se excreta principalmente por vía renal. En estos pacientes, pueden acumularse concentraciones tóxicas si no se ajusta adecuadamente la dosis o el intervalo de administración.

Tampoco se recomienda su uso en animales con diarrea severa o vómitos, ya que su absorción oral puede ser impredecible y comprometida, reduciendo la eficacia del tratamiento.

Su uso prolongado o inadecuado puede alterar la microbiota intestinal normal y predisponer al desarrollo de superinfecciones o disbiosis, incluyendo sobrecrecimiento de organismos resistentes o patógenos oportunistas como Clostridium spp. o Candida spp.

Se debe tener precaución en animales gestantes o lactantes, aunque en general se considera segura cuando se usa correctamente.

La sobredosis de ampicilina en perros y gatos es poco común debido a su amplio margen de seguridad, pero puede ocurrir en casos de errores en la dosificación, administración prolongada sin control, o en animales con disfunción renal donde la excreción del fármaco se ve comprometida.

En casos de sobredosis aguda, los signos clínicos más frecuentes son de tipo gastrointestinal, como vómitos, diarrea, hipersalivación y anorexia. Estos efectos suelen ser autolimitados, aunque pueden requerir tratamiento sintomático si persisten o si el animal se encuentra debilitado.

En exposiciones a dosis muy elevadas o en tratamientos prolongados, especialmente en animales con insuficiencia renal, pueden desarrollarse síntomas neurológicos por acumulación del fármaco, como temblores, convulsiones o ataxia, aunque son raros.

También pueden presentarse alteraciones hematológicas como leucopenia, trombocitopenia o eosinofilia, y en casos muy graves, reacciones alérgicas de tipo sistémico, incluyendo edema facial, dificultad respiratoria o anafilaxia, especialmente si hay una sensibilización previa.

El tratamiento de la sobredosis consiste en suspender la administración del antibiótico, aplicar terapia de soporte según los signos clínicos (rehidratación, antieméticos, protección gástrica), y en casos severos, puede considerarse la diálisis peritoneal o hemodiálisis en centros especializados, ya que la ampicilina es dializable.

La monitorización renal y hematológica está indicada cuando se ha producido una sobredosificación significativa o en animales con comorbilidades.

La ampicilina, en general, es considerada un antibiótico relativamente seguro durante la gestación y la lactancia en perros y gatos, aunque siempre debe usarse bajo criterio veterinario y con una evaluación de riesgo-beneficio individual.

Durante la gestación, estudios en animales de laboratorio no han demostrado efectos teratogénicos ni embriotóxicos relevantes cuando se administra en dosis terapéuticas. Sin embargo, como ocurre con muchos fármacos, debe utilizarse con precaución durante el primer tercio de la gestación, periodo crítico del desarrollo embrionario. En medicina veterinaria, su uso en hembras gestantes suele aceptarse cuando hay una infección bacteriana diagnosticada y no existen alternativas más seguras o específicas.

En cuanto a la lactancia, la ampicilina se excreta en pequeñas cantidades en la leche materna, y aunque estas concentraciones son generalmente bajas, existe un potencial teórico de alterar la microbiota normal del neonato o provocar sensibilización o reacciones alérgicas, especialmente en cachorros muy jóvenes o inmunológicamente inmaduros. Aun así, no se han reportado con frecuencia efectos adversos clínicamente significativos en crías lactantes tras la exposición a través de la leche.

En ambos casos, la administración de ampicilina debe ser monitorizada, y debe mantenerse una vigilancia clínica sobre las hembras y sus crías para detectar cualquier signo de intolerancia, reacción adversa o alteración en el desarrollo neonatal.

La ampicilina puede presentar diversas interacciones medicamentosas que modifican su eficacia o aumentan el riesgo de efectos adversos en perros y gatos. Entre las más relevantes se incluyen:

  • Probenecid: al inhibir la secreción tubular renal de la ampicilina, aumenta y prolonga sus concentraciones plasmáticas, lo que puede potenciar tanto su efecto terapéutico como la toxicidad si no se ajusta la dosis.
  • Antibióticos bacteriostáticos (tetraciclinas, cloranfenicol, macrólidos): al inhibir el crecimiento bacteriano, reducen la actividad bactericida de la ampicilina, que requiere pared celular en formación para actuar eficazmente.
  • Alopurinol: en humanos esta combinación se asocia a reacciones cutáneas graves; aunque en veterinaria es infrecuente, conviene monitorizar la piel del paciente si ambos fármacos se administran simultáneamente.
  • Anticoagulantes cumarínicos (warfarina): la ampicilina puede potenciar su efecto anticoagulante al alterar la microbiota intestinal y reducir la síntesis de vitamina K, por lo que en pacientes que reciben ambos fármacos es necesario controlar parámetros de coagulación.
  • Sales de magnesio, aluminio o zinc (antiácidos, suplementos minerales): pueden disminuir la absorción oral de la ampicilina si se administran al mismo tiempo; se aconseja separar las dosis al menos 1–2 horas.
  • AINEs (carprofen, meloxicam, etc.): aunque no hay interacciones directas graves, el uso conjunto en pacientes deshidratados o con función renal comprometida puede aumentar el riesgo de nefrotoxicidad.

Última actualización: 03/08/2025 20:06