Oftasona
Ámbito de Acción: Integumentario
Laboratorio
Saval
Presentación
Frasco gotario con 10 mL
Dosis Práctica
Evitar su uso en:
- Presencia de úlcera corneal
- Infecciones oculares activas no controladas
- Glaucoma
- Ojo seco (queratoconjuntivitis seca)
Dosis Caninos y felinos: 1 a 2 gotas en el ojo afectado, cada 8 a 12 horas, dependiendo de la gravedad de la inflamación y la respuesta clínica.
Duración del tratamiento: Variable según la patología (queratitis, conjuntivitis, uveítis, etc.), pero generalmente no debe exceder 7 a 10 días sin una reevaluación, para evitar efectos adversos como el aumento de presión intraocular o infecciones secundarias.
Principio Activo
Betametasona
Composición
Cada mL (36 gotas) de solución oftálmica contiene: betametasona fosfato sódico 1 mg
Especies
Posología
La betametasona es un corticosteroide sintético con potente acción antiinflamatoria y efectos prolongados. Se utiliza en medicina veterinaria para el tratamiento de procesos inflamatorios, alérgicos, dermatológicos y musculoesqueléticos.
En perros, la dosificación varía según la forma farmacéutica y la severidad del cuadro clínico:
Vía intramuscular (IM):
- Dosis IM: 0,01 a 0,1 mg/kg, ajustando según el tipo y gravedad de la enfermedad.
-
Vía oral: 0,05 a 0,1 mg/kg por día en tratamientos agudos.
En tratamientos prolongados, reducir gradualmente a la mínima dosis eficaz, alternando días si es posible.
-
Vía tópica: Aplicar directamente sobre lesiones cutáneas 1 a 2 veces al día. Se recomienda evitar el uso prolongado en áreas extensas o sin control veterinario.
-
Condiciones graves o emergencias (uso puntual IV o IM): Hasta 0,1 mg/kg, en casos de shock, reacciones alérgicas severas u otras emergencias sistémicas.
Nota: El uso repetido o prolongado de corticosteroides como la betametasona puede provocar efectos adversos severos, incluyendo inmunosupresión, alteraciones endocrinas y atrofia cutánea. Se recomienda monitoreo clínico y considerar tratamiento de mantenimiento con glucocorticoides menos potentes si el tratamiento se prolonga.
Indicaciones
La betametasona es un corticosteroide sintético de acción prolongada, utilizado principalmente por sus potentes efectos antiinflamatorios, antialérgicos e inmunosupresores. Se indica en el tratamiento de diversas patologías en perros y gatos, tales como:
- Dermatitis alérgica (atópica, por contacto, alimentaria, entre otras)
- Prurito intenso asociado a enfermedades dermatológicas inflamatorias
- Otitis externa de origen alérgico o inflamatorio
- Enfermedades autoinmunes, como el pénfigo o la anemia hemolítica inmunomediada
- Shock anafiláctico (como parte del manejo de urgencia)
- Enfermedades inflamatorias articulares y musculoesqueléticas, como artritis o bursitis
- Enfermedades respiratorias crónicas con componente inflamatorio (rinitis, asma felina, traqueobronquitis)
- Edema cerebral o traumatismo craneoencefálico, como tratamiento antiinflamatorio
-
Enfermedades oculares inflamatorias (en algunos preparados oftálmicos)
Debe utilizarse con precaución, considerando los efectos secundarios asociados al uso prolongado de glucocorticoides.
Acciones
La betametasona es un glucocorticoide sintético con una potencia antiinflamatoria considerablemente superior a la de la hidrocortisona (aproximadamente 25-30 veces más potente). Su acción se basa en la modulación de la respuesta inmune e inflamatoria a través de múltiples mecanismos:
- Inhibición de la síntesis de prostaglandinas y leucotrienos, mediante la supresión de la actividad de la fosfolipasa A2.
- Estabilización de las membranas lisosomales, evitando la liberación de enzimas que perpetúan la inflamación.
- Disminución de la permeabilidad capilar, lo que reduce el edema y la extravasación de proteínas plasmáticas.
- Inhibición de la migración leucocitaria al sitio de inflamación.
- Supresión de la respuesta inmune celular y humoral, actuando como inmunosupresor en enfermedades autoinmunes o inflamatorias crónicas.
Tiene una acción prolongada, especialmente cuando se administra por vía intramuscular en formulaciones de depósito, lo que permite intervalos largos entre dosis, pero también incrementa el riesgo de efectos adversos con el uso repetido o en tratamientos prolongados.
Farmacocinética
La betametasona es un corticosteroide sintético con alta actividad glucocorticoide y escasa o nula actividad mineralocorticoide. Posee una elevada potencia antiinflamatoria y una duración de acción prolongada, especialmente cuando se administra en formulaciones de depósito (p. ej., acetato de betametasona).
Tras la administración intramuscular, la absorción es rápida, especialmente si se utiliza el fosfato sódico de betametasona. Las formulaciones de liberación lenta (como el acetato) permiten una acción sostenida durante varios días a semanas. La betametasona se une en gran parte a proteínas plasmáticas, principalmente a la albúmina, y se distribuye ampliamente en tejidos, incluyendo el sistema nervioso central y órganos diana inflamados.
Se metaboliza principalmente en el hígado mediante reacciones de reducción y conjugación, generando metabolitos inactivos. Su eliminación ocurre mayoritariamente por vía renal en forma de metabolitos conjugados. La vida media plasmática es corta (alrededor de 3-5 horas), pero su vida media biológica (duración de la acción farmacológica) es mucho más prolongada, especialmente en formas de depósito, pudiendo alcanzar hasta 3 semanas, dependiendo del vehículo y de la dosis administrada.
Efectos Adversos
Como con otros corticosteroides, puede causar una amplia gama de efectos adversos, especialmente cuando se administra a dosis altas o durante periodos prolongados.
En caninos y felinos, los efectos adversos más frecuentes incluyen:
- Poliuria, polidipsia y polifagia: son efectos clásicos por su acción sobre el metabolismo de agua y electrolitos.
- Incremento en el riesgo de infecciones: debido a la inmunosupresión inducida, tanto en infecciones bacterianas como micóticas latentes.
- Alteraciones gastrointestinales: como vómitos, diarreas y en casos graves úlceras gástricas o intestinales.
- Atrofia muscular y debilidad general, particularmente con tratamientos prolongados.
- Hepatomegalia, elevación de enzimas hepáticas, y en algunos casos vacuolización hepática.
- Síndrome de Cushing iatrogénico: caracterizado por alopecia bilateral simétrica, distensión abdominal, letargo, entre otros signos.
- Diabetes mellitus: especialmente en animales predispuestos o con uso prolongado.
- Retraso en la cicatrización de heridas y fragilidad cutánea.
- Supresión del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, que puede llevar a insuficiencia suprarrenal aguda si se suspende bruscamente el tratamiento tras una administración prolongada.
-
En felinos, aunque son más tolerantes a los corticosteroides que los perros, también pueden desarrollarse efectos similares, aunque en menor frecuencia.
Contraindicaciones
La betametasona está contraindicada en animales con infecciones sistémicas activas no controladas, especialmente de origen bacteriano, viral o fúngico, a menos que se utilicen conjuntamente con un tratamiento antimicrobiano adecuado. No debe administrarse en animales con úlcera gástrica o duodenal, diabetes mellitus, síndrome de Cushing, insuficiencia renal o hepática grave, osteopatías metabólicas, ni en casos de hipersensibilidad conocida al principio activo.
Está desaconsejado su uso en animales jóvenes en crecimiento, debido al riesgo de retraso en el desarrollo óseo y alteraciones metabólicas. También se debe evitar durante procedimientos vacunales, ya que puede interferir con la respuesta inmunitaria. El uso prolongado o en altas dosis puede provocar inmunosupresión significativa y trastornos endocrinos graves, por lo que debe evaluarse cuidadosamente la relación riesgo/beneficio antes de su administración prolongada.
Sobredosis
La sobredosis aguda de betametasona es poco frecuente debido a su amplio margen terapéutico, sin embargo, la administración de dosis excesivas o su uso prolongado sin supervisión puede generar efectos adversos graves relacionados con la hipercortisolemia iatrogénica.
En caso de sobredosis aguda, los signos clínicos pueden incluir:
- Poliuria, polidipsia y polifagia marcadas
- Letargo o hiperactividad
- Vómitos o diarrea ocasionales
- Hipertermia leve
- Elevación temporal de las enzimas hepáticas (ALT, AST, ALP)
Si la sobredosis es crónica (uso prolongado o a dosis mayores de las indicadas), puede producir:
- Síndrome de Cushing iatrogénico
- Atrofia adrenocortical por inhibición del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal
- Debilitamiento muscular, osteoporosis
- Diabetes mellitus secundaria, especialmente en gatos
- Úlceras gastrointestinales y pancreatitis en algunos casos
Tratamiento:
La interrupción brusca del corticosteroide en tratamientos prolongados debe evitarse. Es necesario un retiro progresivo de la betametasona para permitir la recuperación del eje endocrino. En caso de toxicidad aguda, debe aplicarse tratamiento sintomático de soporte (rehidratación, gastroprotectores, control de glucosa, entre otros).
Seguridad Reproductiva
El uso de betametasona durante la gestación no es recomendable, salvo que el beneficio terapéutico supere claramente los posibles riesgos. Como corticosteroide fluorinado de larga acción, la betametasona puede atravesar la placenta y afectar el desarrollo fetal. En estudios con animales de laboratorio y en medicina veterinaria, se ha documentado que su administración durante la gestación puede provocar:
- Malformaciones fetales (efecto teratogénico), especialmente si se administra durante el primer tercio de la gestación.
- Abortos, reabsorciones embrionarias o partos prematuros.
- Supresión del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal fetal, lo que puede provocar hipoadrenocorticismo neonatal.
Durante la lactancia, la betametasona puede excretarse en la leche materna. Aunque no siempre se han documentado efectos clínicos adversos en las crías lactantes, su uso debe evitarse o realizarse bajo estricta supervisión veterinaria, especialmente en tratamientos prolongados o con dosis elevadas.
En general, se recomienda evitar el uso de betametasona en hembras gestantes o lactantes, a menos que sea estrictamente necesario y con una valoración rigurosa del riesgo-beneficio.
Interacción Medicamentosa
La betametasona, como glucocorticoide, puede interactuar con múltiples fármacos, afectando su eficacia, toxicidad o provocando efectos adversos adicionales. Estas interacciones deben ser consideradas especialmente en tratamientos prolongados o en pacientes con enfermedades crónicas.
- Diuréticos perdedores de potasio (furosemida, tiazidas): Su uso conjunto puede inducir hipopotasemia, lo que incrementa el riesgo de arritmias y toxicidad por otros fármacos como la digoxina.
- Digoxina: En presencia de hipopotasemia inducida por glucocorticoides, aumenta el riesgo de toxicidad digitálica. Es necesario controlar niveles séricos de potasio y digoxina.
- Insulina y antidiabéticos orales: Los glucocorticoides pueden inducir hiperglucemia y resistencia periférica a la insulina, elevando los requerimientos de estos medicamentos.
- AINEs y otras drogas ulcerogénicas: El uso conjunto con betametasona aumenta el riesgo de ulceración gastrointestinal y sangrado, por lo que se debe evaluar el riesgo-beneficio en cada caso.
- Vacunas vivas atenuadas: Está contraindicado su uso en pacientes inmunosuprimidos por corticosteroides, debido al riesgo de replicación incontrolada del agente vacunal. Además, la respuesta inmunológica puede verse disminuida con vacunas inactivadas, toxoides o bacterinas.
- Anticolinesterásicos (piridostigmina, neostigmina): En animales con miastenia gravis, la combinación puede provocar debilidad muscular severa, por lo que se recomienda suspender estos agentes al menos 24 horas antes del uso de corticosteroides.
- Ciclosporina: Existe una inhibición mutua del metabolismo hepático, lo que puede aumentar los niveles sanguíneos de ambos fármacos. Aunque la importancia clínica no siempre es clara, requiere vigilancia.
- Ketoconazol y otros antifúngicos azólicos: Estos agentes pueden reducir la depuración hepática de la betametasona, aumentando su concentración plasmática y duración de acción.
- Rifampicina y barbitúricos: Son inductores enzimáticos que aceleran el metabolismo de la betametasona, reduciendo su eficacia clínica.
- Isoniazida: Su concentración sérica puede verse reducida por la administración simultánea de glucocorticoides.
- Teofilinas: Pueden presentarse alteraciones en el perfil farmacológico de ambos fármacos si se administran juntos.
- Mitotano: Puede alterar el metabolismo de los esteroides; en consecuencia, pueden ser necesarias dosis mayores de glucocorticoides para controlar insuficiencia adrenal inducida.
- Ciclofosfamida: La betametasona puede inhibir su metabolismo hepático, lo que podría requerir ajustes de dosis.
- Estrógenos: Pueden disminuir la depuración de corticosteroides, prolongando su efecto.
- Salicilatos (aspirina): Los glucocorticoides pueden reducir los niveles plasmáticos de salicilatos, alterando su eficacia.
- Anfotericina B: La administración conjunta puede potenciar la hipopotasemia.
Última actualización: 06/08/2025 01:40
Cada mL (36 gotas) de solución oftálmica contiene: betametasona fosfato sódico 1 mg
La betametasona es un corticosteroide sintético con potente acción antiinflamatoria y efectos prolongados. Se utiliza en medicina veterinaria para el tratamiento de procesos inflamatorios, alérgicos, dermatológicos y musculoesqueléticos.
En perros, la dosificación varía según la forma farmacéutica y la severidad del cuadro clínico:
Vía intramuscular (IM):
- Dosis IM: 0,01 a 0,1 mg/kg, ajustando según el tipo y gravedad de la enfermedad.
-
Vía oral: 0,05 a 0,1 mg/kg por día en tratamientos agudos.
En tratamientos prolongados, reducir gradualmente a la mínima dosis eficaz, alternando días si es posible.
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Vía tópica: Aplicar directamente sobre lesiones cutáneas 1 a 2 veces al día. Se recomienda evitar el uso prolongado en áreas extensas o sin control veterinario.
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Condiciones graves o emergencias (uso puntual IV o IM): Hasta 0,1 mg/kg, en casos de shock, reacciones alérgicas severas u otras emergencias sistémicas.
Nota: El uso repetido o prolongado de corticosteroides como la betametasona puede provocar efectos adversos severos, incluyendo inmunosupresión, alteraciones endocrinas y atrofia cutánea. Se recomienda monitoreo clínico y considerar tratamiento de mantenimiento con glucocorticoides menos potentes si el tratamiento se prolonga.
La betametasona es un corticosteroide sintético de acción prolongada, utilizado principalmente por sus potentes efectos antiinflamatorios, antialérgicos e inmunosupresores. Se indica en el tratamiento de diversas patologías en perros y gatos, tales como:
- Dermatitis alérgica (atópica, por contacto, alimentaria, entre otras)
- Prurito intenso asociado a enfermedades dermatológicas inflamatorias
- Otitis externa de origen alérgico o inflamatorio
- Enfermedades autoinmunes, como el pénfigo o la anemia hemolítica inmunomediada
- Shock anafiláctico (como parte del manejo de urgencia)
- Enfermedades inflamatorias articulares y musculoesqueléticas, como artritis o bursitis
- Enfermedades respiratorias crónicas con componente inflamatorio (rinitis, asma felina, traqueobronquitis)
- Edema cerebral o traumatismo craneoencefálico, como tratamiento antiinflamatorio
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Enfermedades oculares inflamatorias (en algunos preparados oftálmicos)
Debe utilizarse con precaución, considerando los efectos secundarios asociados al uso prolongado de glucocorticoides.
La betametasona es un glucocorticoide sintético con una potencia antiinflamatoria considerablemente superior a la de la hidrocortisona (aproximadamente 25-30 veces más potente). Su acción se basa en la modulación de la respuesta inmune e inflamatoria a través de múltiples mecanismos:
- Inhibición de la síntesis de prostaglandinas y leucotrienos, mediante la supresión de la actividad de la fosfolipasa A2.
- Estabilización de las membranas lisosomales, evitando la liberación de enzimas que perpetúan la inflamación.
- Disminución de la permeabilidad capilar, lo que reduce el edema y la extravasación de proteínas plasmáticas.
- Inhibición de la migración leucocitaria al sitio de inflamación.
- Supresión de la respuesta inmune celular y humoral, actuando como inmunosupresor en enfermedades autoinmunes o inflamatorias crónicas.
Tiene una acción prolongada, especialmente cuando se administra por vía intramuscular en formulaciones de depósito, lo que permite intervalos largos entre dosis, pero también incrementa el riesgo de efectos adversos con el uso repetido o en tratamientos prolongados.
La betametasona es un corticosteroide sintético con alta actividad glucocorticoide y escasa o nula actividad mineralocorticoide. Posee una elevada potencia antiinflamatoria y una duración de acción prolongada, especialmente cuando se administra en formulaciones de depósito (p. ej., acetato de betametasona).
Tras la administración intramuscular, la absorción es rápida, especialmente si se utiliza el fosfato sódico de betametasona. Las formulaciones de liberación lenta (como el acetato) permiten una acción sostenida durante varios días a semanas. La betametasona se une en gran parte a proteínas plasmáticas, principalmente a la albúmina, y se distribuye ampliamente en tejidos, incluyendo el sistema nervioso central y órganos diana inflamados.
Se metaboliza principalmente en el hígado mediante reacciones de reducción y conjugación, generando metabolitos inactivos. Su eliminación ocurre mayoritariamente por vía renal en forma de metabolitos conjugados. La vida media plasmática es corta (alrededor de 3-5 horas), pero su vida media biológica (duración de la acción farmacológica) es mucho más prolongada, especialmente en formas de depósito, pudiendo alcanzar hasta 3 semanas, dependiendo del vehículo y de la dosis administrada.
Como con otros corticosteroides, puede causar una amplia gama de efectos adversos, especialmente cuando se administra a dosis altas o durante periodos prolongados.
En caninos y felinos, los efectos adversos más frecuentes incluyen:
- Poliuria, polidipsia y polifagia: son efectos clásicos por su acción sobre el metabolismo de agua y electrolitos.
- Incremento en el riesgo de infecciones: debido a la inmunosupresión inducida, tanto en infecciones bacterianas como micóticas latentes.
- Alteraciones gastrointestinales: como vómitos, diarreas y en casos graves úlceras gástricas o intestinales.
- Atrofia muscular y debilidad general, particularmente con tratamientos prolongados.
- Hepatomegalia, elevación de enzimas hepáticas, y en algunos casos vacuolización hepática.
- Síndrome de Cushing iatrogénico: caracterizado por alopecia bilateral simétrica, distensión abdominal, letargo, entre otros signos.
- Diabetes mellitus: especialmente en animales predispuestos o con uso prolongado.
- Retraso en la cicatrización de heridas y fragilidad cutánea.
- Supresión del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, que puede llevar a insuficiencia suprarrenal aguda si se suspende bruscamente el tratamiento tras una administración prolongada.
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En felinos, aunque son más tolerantes a los corticosteroides que los perros, también pueden desarrollarse efectos similares, aunque en menor frecuencia.
La betametasona está contraindicada en animales con infecciones sistémicas activas no controladas, especialmente de origen bacteriano, viral o fúngico, a menos que se utilicen conjuntamente con un tratamiento antimicrobiano adecuado. No debe administrarse en animales con úlcera gástrica o duodenal, diabetes mellitus, síndrome de Cushing, insuficiencia renal o hepática grave, osteopatías metabólicas, ni en casos de hipersensibilidad conocida al principio activo.
Está desaconsejado su uso en animales jóvenes en crecimiento, debido al riesgo de retraso en el desarrollo óseo y alteraciones metabólicas. También se debe evitar durante procedimientos vacunales, ya que puede interferir con la respuesta inmunitaria. El uso prolongado o en altas dosis puede provocar inmunosupresión significativa y trastornos endocrinos graves, por lo que debe evaluarse cuidadosamente la relación riesgo/beneficio antes de su administración prolongada.
La sobredosis aguda de betametasona es poco frecuente debido a su amplio margen terapéutico, sin embargo, la administración de dosis excesivas o su uso prolongado sin supervisión puede generar efectos adversos graves relacionados con la hipercortisolemia iatrogénica.
En caso de sobredosis aguda, los signos clínicos pueden incluir:
- Poliuria, polidipsia y polifagia marcadas
- Letargo o hiperactividad
- Vómitos o diarrea ocasionales
- Hipertermia leve
- Elevación temporal de las enzimas hepáticas (ALT, AST, ALP)
Si la sobredosis es crónica (uso prolongado o a dosis mayores de las indicadas), puede producir:
- Síndrome de Cushing iatrogénico
- Atrofia adrenocortical por inhibición del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal
- Debilitamiento muscular, osteoporosis
- Diabetes mellitus secundaria, especialmente en gatos
- Úlceras gastrointestinales y pancreatitis en algunos casos
Tratamiento:
La interrupción brusca del corticosteroide en tratamientos prolongados debe evitarse. Es necesario un retiro progresivo de la betametasona para permitir la recuperación del eje endocrino. En caso de toxicidad aguda, debe aplicarse tratamiento sintomático de soporte (rehidratación, gastroprotectores, control de glucosa, entre otros).
El uso de betametasona durante la gestación no es recomendable, salvo que el beneficio terapéutico supere claramente los posibles riesgos. Como corticosteroide fluorinado de larga acción, la betametasona puede atravesar la placenta y afectar el desarrollo fetal. En estudios con animales de laboratorio y en medicina veterinaria, se ha documentado que su administración durante la gestación puede provocar:
- Malformaciones fetales (efecto teratogénico), especialmente si se administra durante el primer tercio de la gestación.
- Abortos, reabsorciones embrionarias o partos prematuros.
- Supresión del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal fetal, lo que puede provocar hipoadrenocorticismo neonatal.
Durante la lactancia, la betametasona puede excretarse en la leche materna. Aunque no siempre se han documentado efectos clínicos adversos en las crías lactantes, su uso debe evitarse o realizarse bajo estricta supervisión veterinaria, especialmente en tratamientos prolongados o con dosis elevadas.
En general, se recomienda evitar el uso de betametasona en hembras gestantes o lactantes, a menos que sea estrictamente necesario y con una valoración rigurosa del riesgo-beneficio.
La betametasona, como glucocorticoide, puede interactuar con múltiples fármacos, afectando su eficacia, toxicidad o provocando efectos adversos adicionales. Estas interacciones deben ser consideradas especialmente en tratamientos prolongados o en pacientes con enfermedades crónicas.
- Diuréticos perdedores de potasio (furosemida, tiazidas): Su uso conjunto puede inducir hipopotasemia, lo que incrementa el riesgo de arritmias y toxicidad por otros fármacos como la digoxina.
- Digoxina: En presencia de hipopotasemia inducida por glucocorticoides, aumenta el riesgo de toxicidad digitálica. Es necesario controlar niveles séricos de potasio y digoxina.
- Insulina y antidiabéticos orales: Los glucocorticoides pueden inducir hiperglucemia y resistencia periférica a la insulina, elevando los requerimientos de estos medicamentos.
- AINEs y otras drogas ulcerogénicas: El uso conjunto con betametasona aumenta el riesgo de ulceración gastrointestinal y sangrado, por lo que se debe evaluar el riesgo-beneficio en cada caso.
- Vacunas vivas atenuadas: Está contraindicado su uso en pacientes inmunosuprimidos por corticosteroides, debido al riesgo de replicación incontrolada del agente vacunal. Además, la respuesta inmunológica puede verse disminuida con vacunas inactivadas, toxoides o bacterinas.
- Anticolinesterásicos (piridostigmina, neostigmina): En animales con miastenia gravis, la combinación puede provocar debilidad muscular severa, por lo que se recomienda suspender estos agentes al menos 24 horas antes del uso de corticosteroides.
- Ciclosporina: Existe una inhibición mutua del metabolismo hepático, lo que puede aumentar los niveles sanguíneos de ambos fármacos. Aunque la importancia clínica no siempre es clara, requiere vigilancia.
- Ketoconazol y otros antifúngicos azólicos: Estos agentes pueden reducir la depuración hepática de la betametasona, aumentando su concentración plasmática y duración de acción.
- Rifampicina y barbitúricos: Son inductores enzimáticos que aceleran el metabolismo de la betametasona, reduciendo su eficacia clínica.
- Isoniazida: Su concentración sérica puede verse reducida por la administración simultánea de glucocorticoides.
- Teofilinas: Pueden presentarse alteraciones en el perfil farmacológico de ambos fármacos si se administran juntos.
- Mitotano: Puede alterar el metabolismo de los esteroides; en consecuencia, pueden ser necesarias dosis mayores de glucocorticoides para controlar insuficiencia adrenal inducida.
- Ciclofosfamida: La betametasona puede inhibir su metabolismo hepático, lo que podría requerir ajustes de dosis.
- Estrógenos: Pueden disminuir la depuración de corticosteroides, prolongando su efecto.
- Salicilatos (aspirina): Los glucocorticoides pueden reducir los niveles plasmáticos de salicilatos, alterando su eficacia.
- Anfotericina B: La administración conjunta puede potenciar la hipopotasemia.
Última actualización: 06/08/2025 01:40