ILAST
Ámbito de Acción: Oftálmico
Laboratorio
Mega Labs
Presentación
Envase gotario 0.1% de 5 mL
Dosis Práctica
1 gota cada 8-12 horas, duración del tratamiento según patología. Para más información ver posología.
Principio Activo
Ciclosporina A
Composición
Cada 100 ml de solución oftálmica contiene: Ciclosporina 0.10 g. Excipientes: Estearato de Polioxil 40 7.00 g; Cloruro de Sodio 0.36 g, Ácido Bórico 0.33 g, Borato de Sodio 0.0275 g, Edetato Disódico Dihidrato 0.01 g, Sorbato de Potasio 0.18 g, Bisulfito de Sodio 0.04 g, Polioxil 35 Aceite de Castor 5.00 g, Agua Purificada c.s.p. 100 ml.
Especies
Posología
Para el tratamiento de la queratoconjuntivitis seca (QCS) o afecciones inflamatorias oculares inmunomediadas como el pannus, la ciclosporina oftálmica comercial (Optimmune® 0,2% ungüento) se administra aplicando una tira de 6 mm en el ojo afectado cada 12 horas. En casos refractarios o cuando el producto comercial no está disponible, pueden utilizarse soluciones magistrales de ciclosporina al 1–2% (dosis no aprobada) aplicando 1 gota en el ojo afectado cada 12 horas, pudiendo aumentarse a cada 8 horas según la respuesta clínica. En gatos, cuya respuesta puede ser más variable, se utilizan los mismos intervalos, aunque algunos pacientes requieren tratamientos más prolongados o permanentes. La mejoría clínica puede tardar 3–6 semanas, y la terapia suele ser crónica o de por vida para evitar recaídas.
Debe realizarse la prueba lagrimal de Schirmer periódicamente para evaluar la producción acuosa y comprobar la eficacia del tratamiento. Se recomienda examinar al paciente con regularidad para detectar abrasiones o úlceras corneales asociadas a QCS no controlada. En equinos con uveítis recurrente o pannus equino, las formulaciones tópicas pueden ser útiles, pero los casos graves requieren considerar implantes supracoroidales o epiesclerales de liberación sostenida. Deben evitarse episodios recurrentes de uveítis equina, ya que pueden causar daño permanente.
El medicamento debe administrarse dos veces al día de forma continua. Se debe aplicar con la técnica correcta para evitar la contaminación del envase. Mantener el producto bien cerrado. Deben transcurrir al menos 5 minutos entre la aplicación de ciclosporina y cualquier otro fármaco ocular para evitar dilución o interferencia física entre colirios.
El ungüento debe mantenerse refrigerado o a temperatura ambiente controlada, protegido de la humedad y la luz. El tubo debe presionarse con suavidad, ya que el envase metálico puede deformarse o quebrarse.
Las soluciones deben conservarse a temperatura ambiente, no refrigerarse ni congelarse, y desecharse si cambian de color, se enturbian o presentan partículas visibles.
Para el tratamiento de la queratoconjuntivitis seca (QCS) o afecciones inflamatorias oculares inmunomediadas como el pannus, la ciclosporina oftálmica comercial (Optimmune® 0,2% ungüento) se administra aplicando una tira de 6 mm en el ojo afectado cada 12 horas. En casos refractarios o cuando el producto comercial no está disponible, pueden utilizarse soluciones magistrales de ciclosporina al 1–2% (dosis no aprobada) aplicando 1 gota en el ojo afectado cada 12 horas, pudiendo aumentarse a cada 8 horas según la respuesta clínica. En gatos, cuya respuesta puede ser más variable, se utilizan los mismos intervalos, aunque algunos pacientes requieren tratamientos más prolongados o permanentes. La mejoría clínica puede tardar 3–6 semanas, y la terapia suele ser crónica o de por vida para evitar recaídas.
Debe realizarse la prueba lagrimal de Schirmer periódicamente para evaluar la producción acuosa y comprobar la eficacia del tratamiento. Se recomienda examinar al paciente con regularidad para detectar abrasiones o úlceras corneales asociadas a QCS no controlada. En equinos con uveítis recurrente o pannus equino, las formulaciones tópicas pueden ser útiles, pero los casos graves requieren considerar implantes supracoroidales o epiesclerales de liberación sostenida. Deben evitarse episodios recurrentes de uveítis equina, ya que pueden causar daño permanente.
El medicamento debe administrarse dos veces al día de forma continua. Se debe aplicar con la técnica correcta para evitar la contaminación del envase. Mantener el producto bien cerrado. Deben transcurrir al menos 5 minutos entre la aplicación de ciclosporina y cualquier otro fármaco ocular para evitar dilución o interferencia física entre colirios.
El ungüento debe mantenerse refrigerado o a temperatura ambiente controlada, protegido de la humedad y la luz. El tubo debe presionarse con suavidad, ya que el envase metálico puede deformarse o quebrarse.
Las soluciones deben conservarse a temperatura ambiente, no refrigerarse ni congelarse, y desecharse si cambian de color, se enturbian o presentan partículas visibles.
Indicaciones
Acciones
La ciclosporina A oftálmica actúa principalmente como un inmunomodulador local, inhibiendo la activación y proliferación de los linfocitos T mediante la unión al complejo ciclofilina–calcineurina. Esta inhibición reduce la producción de citocinas proinflamatorias como interleucina-2, lo que disminuye la destrucción inmunomediada de la glándula lagrimal en pacientes con queratoconjuntivitis seca (QCS) y queratitis superficial crónica. Aunque su mecanismo para aumentar la producción lagrimal no está completamente dilucidado, se ha observado que incluso en perros sanos puede estimular la secreción acuosa, lo que sugiere un efecto directo sobre la glándula lagrimal; se ha propuesto que actúe como un análogo funcional de la prolactina, activando receptores lagrimales relacionados con esta hormona. La respuesta terapéutica suele requerir varias semanas para ser evidente, pero la interrupción del tratamiento provoca recaída rápida de los signos clínicos. La mejoría en perros con QCS no siempre depende exclusivamente del aumento en la prueba lagrimal de Schirmer, ya que también reduce la inflamación conjuntival y corneal. En equinos, los implantes oculares de ciclosporina (epiesclerales y supracoroidales) actúan como sistemas de liberación sostenida, proporcionando inmunomodulación por aproximadamente 2 años y resultando útiles en la uveítis recurrente equina (ERU) y queratitis inmunomediada. Además, estudios in vitro muestran que la ciclosporina A presenta actividad inhibitoria directa contra Leptospira spp., un microorganismo implicado en la etiopatogenia de la ERU, lo que podría contribuir a su efecto terapéutico en esta especie.
Farmacocinética
La ciclosporina aplicada por vía oftálmica presenta una absorción sistémica mínima, ya que su acción es predominantemente local. Tras la administración tópica en perros, la penetración a través de la película lagrimal y el epitelio corneal es lenta, pero suficiente para alcanzar concentraciones terapéuticas en la glándula lagrimal, conjuntiva y tejidos perioculares. La biodisponibilidad sistémica es prácticamente indetectable, lo que reduce notablemente el riesgo de efectos inmunosupresores sistémicos. El inicio de acción es gradual y pueden requerirse varias semanas antes de observarse incremento en la producción lagrimal. La ciclosporina presenta alta lipofilia, característica que le permite acumularse de manera controlada en tejidos oculares ricos en lípidos y ejercer un efecto sostenido tras la administración regular. Su metabolismo ocurre principalmente a nivel local mediante enzimas tisulares y en mínima cantidad por absorción sistémica hacia hígado e intestino, donde se transforma por el citocromo P450. La eliminación sistémica es irrelevante en animales sanos, dado que las concentraciones en plasma permanecen extremadamente bajas o no detectables. En formulaciones de liberación prolongada, como los implantes epiesclerales o supracoroidales utilizados en equinos, las concentraciones intraoculares se mantienen estables durante periodos de meses a años, sin picos plasmáticos significativos. En estudios en perros, la administración crónica no genera acumulación sistémica, mientras que en gatos la información es más limitada, pero se considera similar debido a su baja absorción. En caballos, la concentración en humor acuoso y vítreo tras colirios convencionales es muy baja, motivo por el cual se utilizan dispositivos implantables para lograr niveles terapéuticos sostenidos.
Efectos Adversos
Los efectos adversos asociados a la ciclosporina oftálmica son, en general, leves y transitorios. Los más frecuentes incluyen irritación ocular local tras la aplicación, caracterizada por ardor, hiperemia conjuntival y espasmos palpebrales. Algunos pacientes presentan prurito periocular, frotado excesivo de los ojos, epífora y alopecia localizada en los márgenes palpebrales debido a inflamación crónica por manipulación. Puede observarse depósito leve del excipiente en el borde palpebral cuando se utilizan formulaciones oleosas al 1–2%. En perros con queratoconjuntivitis seca severa o ulcerativa, el lagrimeo inicial puede aumentar temporalmente debido a la reactividad de la superficie ocular. En raras ocasiones se reporta blefaritis, conjuntivitis secundaria, o exacerbación del pannus cuando hay exposición solar intensa sin protección. Los efectos sistémicos son extremadamente infrecuentes debido a la mínima absorción plasmática del fármaco por vía tópica. En caballos tratados con implantes de ciclosporina pueden aparecer complicaciones quirúrgicas poco comunes, como dehiscencia de la incisión, migración del implante o inflamación intraocular leve transitoria. En gatos, aunque la información es menor, los efectos adversos son comparables a los observados en perros. En general, el medicamento se considera seguro para uso prolongado bajo control veterinario.
Contraindicaciones
Sobredosis
La sobredosis por ciclosporina oftálmica es poco frecuente debido a la baja absorción sistémica del fármaco cuando se administra tópicamente; sin embargo, la aplicación excesiva puede aumentar la irritación ocular, el enrojecimiento, el lagrimeo, el blefaroespasmo y el rascado, sin reportes de toxicidad sistémica grave en perros o gatos. En sobredosis sistémicas (como las reportadas por ingestión accidental de cápsulas orales), pueden aparecer vómitos, diarrea, temblores, letargo, anorexia, polidipsia y, en casos severos, nefrotoxicidad o hepatotoxicidad, por lo que se recomienda monitorizar función renal y hepática. La descontaminación gastrointestinal es útil solo si la ingestión ocurrió en menos de 2 horas, y el tratamiento es principalmente sintomático y de soporte. No existe un antídoto específico para la ciclosporina.
Seguridad Reproductiva
La información sobre el uso de ciclosporina oftálmica durante la gestación y la lactancia en perros y gatos es limitada, pero se considera que la absorción sistémica tras la aplicación tópica es mínima, por lo que el riesgo potencial es bajo. Aun así, debido a que la ciclosporina sistémica ha demostrado efectos teratogénicos y embriotóxicos en estudios experimentales con altas dosis, su uso en hembras gestantes debe evaluarse con precaución, priorizando únicamente casos en que el beneficio clínico supere claramente el riesgo. No se han documentado efectos adversos reproductivos en animales expuestos a formulaciones tópicas dentro de la práctica clínica habitual.
Durante la lactancia, la transferencia significativa del fármaco al neonato es improbable debido a la mínima biodisponibilidad sistémica posterior a la administración ocular. Sin embargo, no se recomienda aplicar el medicamento directamente antes de la interacción con cachorros para evitar ingestión accidental del excipiente oleoso o crema a partir del contacto facial.
En caballos tratados con implantes de ciclosporina, no hay evidencia de efectos reproductivos negativos, pero por prudencia se sugiere evitar su uso en yeguas gestantes o en lactancia a menos que exista una indicación estricta y el control lo realice un especialista en oftalmología veterinaria.
En general, aunque la presentación oftálmica se considera de bajo riesgo reproductivo, se recomienda usarla con juicio clínico, especialmente en gestación temprana y en neonatos que puedan entrar en contacto directo con el medicamento.
Interacción Medicamentosa
La ciclosporina es metabolizada principalmente por el citocromo P450 (CYP3A) y la glicoproteína-P, por lo que fármacos que inhiben estas vías pueden aumentar sus concentraciones sistémicas, aunque esto es clínicamente menos relevante cuando se usa en formulación oftálmica por su mínima absorción. Entre los inhibidores que elevan los niveles de ciclosporina se incluyen ketoconazol, itraconazol, fluconazol, eritromicina, claritromicina, diltiazem, verapamilo, amiodarona y cimetidina, pudiendo aumentar el riesgo de nefrotoxicidad en tratamientos orales; en humanos y perros se ha utilizado ketoconazol intencionalmente para reducir la dosis oral de ciclosporina. Entre los inductores que disminuyen la concentración se encuentran fenitoína, fenobarbital, rifampicina y algunos anticonvulsivantes, reduciendo su eficacia. Fármacos nefrotóxicos como aminoglucósidos, AINEs, anfotericina B, cisplatino y metotrexato pueden potenciar la nefrotoxicidad cuando la ciclosporina se administra por vía sistémica. La vacunación con vacunas vivas se debe evitar bajo terapia sistémica por la posible disminución de la respuesta inmune; esto no aplica a la vía oftálmica. No se han descrito interacciones clínicamente significativas con la administración tópica ocular, pero se recomienda espaciar 5–10 minutos entre distintos colirios para evitar dilución o interferencia física entre medicamentos.
Última actualización: 06/12/2025 15:11
Cada 100 ml de solución oftálmica contiene: Ciclosporina 0.10 g. Excipientes: Estearato de Polioxil 40 7.00 g; Cloruro de Sodio 0.36 g, Ácido Bórico 0.33 g, Borato de Sodio 0.0275 g, Edetato Disódico Dihidrato 0.01 g, Sorbato de Potasio 0.18 g, Bisulfito de Sodio 0.04 g, Polioxil 35 Aceite de Castor 5.00 g, Agua Purificada c.s.p. 100 ml.
Para el tratamiento de la queratoconjuntivitis seca (QCS) o afecciones inflamatorias oculares inmunomediadas como el pannus, la ciclosporina oftálmica comercial (Optimmune® 0,2% ungüento) se administra aplicando una tira de 6 mm en el ojo afectado cada 12 horas. En casos refractarios o cuando el producto comercial no está disponible, pueden utilizarse soluciones magistrales de ciclosporina al 1–2% (dosis no aprobada) aplicando 1 gota en el ojo afectado cada 12 horas, pudiendo aumentarse a cada 8 horas según la respuesta clínica. En gatos, cuya respuesta puede ser más variable, se utilizan los mismos intervalos, aunque algunos pacientes requieren tratamientos más prolongados o permanentes. La mejoría clínica puede tardar 3–6 semanas, y la terapia suele ser crónica o de por vida para evitar recaídas.
Debe realizarse la prueba lagrimal de Schirmer periódicamente para evaluar la producción acuosa y comprobar la eficacia del tratamiento. Se recomienda examinar al paciente con regularidad para detectar abrasiones o úlceras corneales asociadas a QCS no controlada. En equinos con uveítis recurrente o pannus equino, las formulaciones tópicas pueden ser útiles, pero los casos graves requieren considerar implantes supracoroidales o epiesclerales de liberación sostenida. Deben evitarse episodios recurrentes de uveítis equina, ya que pueden causar daño permanente.
El medicamento debe administrarse dos veces al día de forma continua. Se debe aplicar con la técnica correcta para evitar la contaminación del envase. Mantener el producto bien cerrado. Deben transcurrir al menos 5 minutos entre la aplicación de ciclosporina y cualquier otro fármaco ocular para evitar dilución o interferencia física entre colirios.
El ungüento debe mantenerse refrigerado o a temperatura ambiente controlada, protegido de la humedad y la luz. El tubo debe presionarse con suavidad, ya que el envase metálico puede deformarse o quebrarse.
Las soluciones deben conservarse a temperatura ambiente, no refrigerarse ni congelarse, y desecharse si cambian de color, se enturbian o presentan partículas visibles.
Para el tratamiento de la queratoconjuntivitis seca (QCS) o afecciones inflamatorias oculares inmunomediadas como el pannus, la ciclosporina oftálmica comercial (Optimmune® 0,2% ungüento) se administra aplicando una tira de 6 mm en el ojo afectado cada 12 horas. En casos refractarios o cuando el producto comercial no está disponible, pueden utilizarse soluciones magistrales de ciclosporina al 1–2% (dosis no aprobada) aplicando 1 gota en el ojo afectado cada 12 horas, pudiendo aumentarse a cada 8 horas según la respuesta clínica. En gatos, cuya respuesta puede ser más variable, se utilizan los mismos intervalos, aunque algunos pacientes requieren tratamientos más prolongados o permanentes. La mejoría clínica puede tardar 3–6 semanas, y la terapia suele ser crónica o de por vida para evitar recaídas.
Debe realizarse la prueba lagrimal de Schirmer periódicamente para evaluar la producción acuosa y comprobar la eficacia del tratamiento. Se recomienda examinar al paciente con regularidad para detectar abrasiones o úlceras corneales asociadas a QCS no controlada. En equinos con uveítis recurrente o pannus equino, las formulaciones tópicas pueden ser útiles, pero los casos graves requieren considerar implantes supracoroidales o epiesclerales de liberación sostenida. Deben evitarse episodios recurrentes de uveítis equina, ya que pueden causar daño permanente.
El medicamento debe administrarse dos veces al día de forma continua. Se debe aplicar con la técnica correcta para evitar la contaminación del envase. Mantener el producto bien cerrado. Deben transcurrir al menos 5 minutos entre la aplicación de ciclosporina y cualquier otro fármaco ocular para evitar dilución o interferencia física entre colirios.
El ungüento debe mantenerse refrigerado o a temperatura ambiente controlada, protegido de la humedad y la luz. El tubo debe presionarse con suavidad, ya que el envase metálico puede deformarse o quebrarse.
Las soluciones deben conservarse a temperatura ambiente, no refrigerarse ni congelarse, y desecharse si cambian de color, se enturbian o presentan partículas visibles.
La ciclosporina A oftálmica actúa principalmente como un inmunomodulador local, inhibiendo la activación y proliferación de los linfocitos T mediante la unión al complejo ciclofilina–calcineurina. Esta inhibición reduce la producción de citocinas proinflamatorias como interleucina-2, lo que disminuye la destrucción inmunomediada de la glándula lagrimal en pacientes con queratoconjuntivitis seca (QCS) y queratitis superficial crónica. Aunque su mecanismo para aumentar la producción lagrimal no está completamente dilucidado, se ha observado que incluso en perros sanos puede estimular la secreción acuosa, lo que sugiere un efecto directo sobre la glándula lagrimal; se ha propuesto que actúe como un análogo funcional de la prolactina, activando receptores lagrimales relacionados con esta hormona. La respuesta terapéutica suele requerir varias semanas para ser evidente, pero la interrupción del tratamiento provoca recaída rápida de los signos clínicos. La mejoría en perros con QCS no siempre depende exclusivamente del aumento en la prueba lagrimal de Schirmer, ya que también reduce la inflamación conjuntival y corneal. En equinos, los implantes oculares de ciclosporina (epiesclerales y supracoroidales) actúan como sistemas de liberación sostenida, proporcionando inmunomodulación por aproximadamente 2 años y resultando útiles en la uveítis recurrente equina (ERU) y queratitis inmunomediada. Además, estudios in vitro muestran que la ciclosporina A presenta actividad inhibitoria directa contra Leptospira spp., un microorganismo implicado en la etiopatogenia de la ERU, lo que podría contribuir a su efecto terapéutico en esta especie.
La ciclosporina aplicada por vía oftálmica presenta una absorción sistémica mínima, ya que su acción es predominantemente local. Tras la administración tópica en perros, la penetración a través de la película lagrimal y el epitelio corneal es lenta, pero suficiente para alcanzar concentraciones terapéuticas en la glándula lagrimal, conjuntiva y tejidos perioculares. La biodisponibilidad sistémica es prácticamente indetectable, lo que reduce notablemente el riesgo de efectos inmunosupresores sistémicos. El inicio de acción es gradual y pueden requerirse varias semanas antes de observarse incremento en la producción lagrimal. La ciclosporina presenta alta lipofilia, característica que le permite acumularse de manera controlada en tejidos oculares ricos en lípidos y ejercer un efecto sostenido tras la administración regular. Su metabolismo ocurre principalmente a nivel local mediante enzimas tisulares y en mínima cantidad por absorción sistémica hacia hígado e intestino, donde se transforma por el citocromo P450. La eliminación sistémica es irrelevante en animales sanos, dado que las concentraciones en plasma permanecen extremadamente bajas o no detectables. En formulaciones de liberación prolongada, como los implantes epiesclerales o supracoroidales utilizados en equinos, las concentraciones intraoculares se mantienen estables durante periodos de meses a años, sin picos plasmáticos significativos. En estudios en perros, la administración crónica no genera acumulación sistémica, mientras que en gatos la información es más limitada, pero se considera similar debido a su baja absorción. En caballos, la concentración en humor acuoso y vítreo tras colirios convencionales es muy baja, motivo por el cual se utilizan dispositivos implantables para lograr niveles terapéuticos sostenidos.
Los efectos adversos asociados a la ciclosporina oftálmica son, en general, leves y transitorios. Los más frecuentes incluyen irritación ocular local tras la aplicación, caracterizada por ardor, hiperemia conjuntival y espasmos palpebrales. Algunos pacientes presentan prurito periocular, frotado excesivo de los ojos, epífora y alopecia localizada en los márgenes palpebrales debido a inflamación crónica por manipulación. Puede observarse depósito leve del excipiente en el borde palpebral cuando se utilizan formulaciones oleosas al 1–2%. En perros con queratoconjuntivitis seca severa o ulcerativa, el lagrimeo inicial puede aumentar temporalmente debido a la reactividad de la superficie ocular. En raras ocasiones se reporta blefaritis, conjuntivitis secundaria, o exacerbación del pannus cuando hay exposición solar intensa sin protección. Los efectos sistémicos son extremadamente infrecuentes debido a la mínima absorción plasmática del fármaco por vía tópica. En caballos tratados con implantes de ciclosporina pueden aparecer complicaciones quirúrgicas poco comunes, como dehiscencia de la incisión, migración del implante o inflamación intraocular leve transitoria. En gatos, aunque la información es menor, los efectos adversos son comparables a los observados en perros. En general, el medicamento se considera seguro para uso prolongado bajo control veterinario.
La sobredosis por ciclosporina oftálmica es poco frecuente debido a la baja absorción sistémica del fármaco cuando se administra tópicamente; sin embargo, la aplicación excesiva puede aumentar la irritación ocular, el enrojecimiento, el lagrimeo, el blefaroespasmo y el rascado, sin reportes de toxicidad sistémica grave en perros o gatos. En sobredosis sistémicas (como las reportadas por ingestión accidental de cápsulas orales), pueden aparecer vómitos, diarrea, temblores, letargo, anorexia, polidipsia y, en casos severos, nefrotoxicidad o hepatotoxicidad, por lo que se recomienda monitorizar función renal y hepática. La descontaminación gastrointestinal es útil solo si la ingestión ocurrió en menos de 2 horas, y el tratamiento es principalmente sintomático y de soporte. No existe un antídoto específico para la ciclosporina.
La información sobre el uso de ciclosporina oftálmica durante la gestación y la lactancia en perros y gatos es limitada, pero se considera que la absorción sistémica tras la aplicación tópica es mínima, por lo que el riesgo potencial es bajo. Aun así, debido a que la ciclosporina sistémica ha demostrado efectos teratogénicos y embriotóxicos en estudios experimentales con altas dosis, su uso en hembras gestantes debe evaluarse con precaución, priorizando únicamente casos en que el beneficio clínico supere claramente el riesgo. No se han documentado efectos adversos reproductivos en animales expuestos a formulaciones tópicas dentro de la práctica clínica habitual.
Durante la lactancia, la transferencia significativa del fármaco al neonato es improbable debido a la mínima biodisponibilidad sistémica posterior a la administración ocular. Sin embargo, no se recomienda aplicar el medicamento directamente antes de la interacción con cachorros para evitar ingestión accidental del excipiente oleoso o crema a partir del contacto facial.
En caballos tratados con implantes de ciclosporina, no hay evidencia de efectos reproductivos negativos, pero por prudencia se sugiere evitar su uso en yeguas gestantes o en lactancia a menos que exista una indicación estricta y el control lo realice un especialista en oftalmología veterinaria.
En general, aunque la presentación oftálmica se considera de bajo riesgo reproductivo, se recomienda usarla con juicio clínico, especialmente en gestación temprana y en neonatos que puedan entrar en contacto directo con el medicamento.
La ciclosporina es metabolizada principalmente por el citocromo P450 (CYP3A) y la glicoproteína-P, por lo que fármacos que inhiben estas vías pueden aumentar sus concentraciones sistémicas, aunque esto es clínicamente menos relevante cuando se usa en formulación oftálmica por su mínima absorción. Entre los inhibidores que elevan los niveles de ciclosporina se incluyen ketoconazol, itraconazol, fluconazol, eritromicina, claritromicina, diltiazem, verapamilo, amiodarona y cimetidina, pudiendo aumentar el riesgo de nefrotoxicidad en tratamientos orales; en humanos y perros se ha utilizado ketoconazol intencionalmente para reducir la dosis oral de ciclosporina. Entre los inductores que disminuyen la concentración se encuentran fenitoína, fenobarbital, rifampicina y algunos anticonvulsivantes, reduciendo su eficacia. Fármacos nefrotóxicos como aminoglucósidos, AINEs, anfotericina B, cisplatino y metotrexato pueden potenciar la nefrotoxicidad cuando la ciclosporina se administra por vía sistémica. La vacunación con vacunas vivas se debe evitar bajo terapia sistémica por la posible disminución de la respuesta inmune; esto no aplica a la vía oftálmica. No se han descrito interacciones clínicamente significativas con la administración tópica ocular, pero se recomienda espaciar 5–10 minutos entre distintos colirios para evitar dilución o interferencia física entre medicamentos.
Última actualización: 06/12/2025 15:11