Atlansil

Ámbito de Acción: Cardiovascular

Laboratorio

Mega Labs

Presentación
  • Comprimidos: envases conteniendo 20 y 50 comprimidos ranurados (2 blister por 10 comprimidos cada uno, con PVC ámbar y 5 blister por 10 comprimidos cada uno, con PVC ámbar).
  • Inyectable: envase clínico conteniendo 50 ampollas. 
Dosis Práctica
Debido a las variaciones en los requerimientos según la especie, la condición clínica y la formulación utilizada, no se recomienda establecer una dosis práctica general. Para asegurar un uso seguro y eficaz, se debe consultar la posología específica por especie y presentación incluida en este mismo vademécum.

Principio Activo

Amiodarona

Composición

  • Comprimidos: cada comprimido contiene: Clorhidrato de Amiodarona 200 mg.
  • Inyectable: cada ampolla de 3 ml contiene: Clorhidrato de Amiodarona 150 mg. 

Especies

Caninos y felinos (precaución)

Posología

  • Dosis oral de carga (inicio del tratamiento): 10 a 20 mg/kg cada 12 horas durante 7 a 10 días. Esta fase permite alcanzar concentraciones terapéuticas efectivas más rápidamente, dada la vida media prolongada del fármaco.
  • Dosis oral de mantenimiento (luego de la fase de carga): 5 a 10 mg/kg cada 24 horas. En algunos casos puede administrarse cada 48 horas, dependiendo de la respuesta clínica y tolerancia.
  • Dosis intravenosa en emergencias (taquiarritmias graves): 5 mg/kg administrados lentamente por vía IV en un período de 10 a 30 minutos. En situaciones que lo requieran, puede continuarse con una infusión continua de 10 a 15 mcg/kg/min, ajustando según la respuesta.

Consideraciones generales:
La administración debe hacerse con monitoreo electrocardiográfico y preferentemente bajo hospitalización en la fase aguda.
Debe ajustarse la dosis en casos de disfunción hepática.
Se recomienda realizar controles periódicos de función hepática, tiroidea y ECG, especialmente si el tratamiento será prolongado.
Evitar el uso combinado con otros fármacos que prolongan el intervalo QT o deprimen la conducción AV sin vigilancia profesional.

La información sobre el uso de amiodarona en gatos es limitada y debe considerarse off-label, solo bajo supervisión especializada. Los gatos son más sensibles a la toxicidad hepática, pulmonar y tiroidea de este fármaco, por lo que su uso se reserva exclusivamente para arritmias ventriculares o supraventriculares graves y refractarias a otros tratamientos.

  • Dosis oral de carga (cuando se justifica su uso): 5 a 10 mg/kg cada 12 horas durante 5 a 7 días, con monitoreo clínico estricto.
  • Dosis oral de mantenimiento: 2,5 a 5 mg/kg cada 24 horas, o cada 48 horas en animales con baja depuración hepática o signos de acumulación.
  • Dosis intravenosa (en emergencias): 2,5 a 5 mg/kg IV lentamente en un período de 20 a 30 minutos, solo en entorno hospitalario con monitoreo ECG y soporte.

Advertencias específicas:

  • En gatos, la tolerancia es variable y los efectos adversos pueden presentarse con rapidez.
  • Se recomienda control frecuente de enzimas hepáticas, perfil tiroideo y estado respiratorio.
  • No debe usarse en combinación con otros antiarrítmicos sin experiencia clínica avanzada.
  • Evitar en pacientes con hepatopatía, enfermedad pulmonar previa o trastornos endocrinos.
  • Dado su perfil farmacológico y de toxicidad, la amiodarona no debe considerarse fármaco de primera línea en gatos.


Indicaciones

La amiodarona es un antiarrítmico de clase III según la clasificación de Vaughan Williams, utilizado principalmente para el tratamiento de arritmias cardíacas ventriculares y supraventriculares refractarias a otras terapias. Su uso en medicina veterinaria, particularmente en perros, está indicado cuando otros fármacos antiarrítmicos como lidocaína, sotalol, atenolol o diltiazem han resultado ineficaces o están contraindicados.

En perros, la amiodarona se emplea para el tratamiento de taquicardia ventricular sostenida, fibrilación ventricular, fibrilación auricular, y taquiarritmias atriales resistentes, especialmente en pacientes con cardiomiopatía dilatada o enfermedades del miocardio que predisponen a arritmias complejas. También puede utilizarse como parte de la estabilización en emergencias cardiológicas, en combinación con otras terapias de soporte, o como mantenimiento a largo plazo en pacientes con arritmias recurrentes.

En gatos, su uso es mucho más limitado y se considera solo bajo indicación especializada, debido al riesgo elevado de toxicidad hepática y pulmonar, y a la escasa evidencia clínica. En casos graves de arritmias refractarias, como las asociadas a cardiomiopatía hipertrófica con taquicardia ventricular, puede evaluarse su uso con extremo control clínico y laboratorial.

La amiodarona presenta efectos en múltiples canales iónicos y receptores cardíacos, lo que le otorga una acción antiarrítmica de amplio espectro. Por esta razón, es útil cuando coexisten arritmias de diferente origen o cuando se requiere una acción combinada sobre la conducción, la frecuencia y el automatismo cardiaco.

Sin embargo, su uso veterinario debe ser reservado, justificado por la gravedad del cuadro clínico y siempre bajo monitoreo estricto, ya que la amiodarona tiene numerosas interacciones, larga vida media y un perfil de toxicidad complejo, lo que requiere vigilancia continua del paciente.

Acciones

La amiodarona es un fármaco antiarrítmico de clase III que prolonga la duración del potencial de acción y el período refractario en todas las fibras del sistema de conducción cardíaco, mediante el bloqueo de los canales de potasio, su principal mecanismo de acción. Esto ralentiza la repolarización y reduce la probabilidad de reentrada, estabilizando el ritmo eléctrico del miocardio.

Además de su acción primaria como bloqueador de canales de potasio, la amiodarona también bloquea canales de sodio (clase I), antagoniza receptores beta-adrenérgicos (clase II) y bloquea canales de calcio tipo L (clase IV). Esta acción multiclase le confiere una eficacia amplia en la supresión de diversas arritmias, tanto ventriculares como supraventriculares.

A nivel fisiológico, produce disminución de la frecuencia de despolarización espontánea, aumento del período refractario, disminución de la conducción nodal AV, y reducción de la automaticidad auricular y ventricular. También disminuye la respuesta ventricular en casos de fibrilación auricular, y puede interrumpir taquicardias por mecanismos de reentrada.

La amiodarona tiene una acción lenta y prolongada, debido a su alta lipofilia y gran volumen de distribución. Esta característica permite una supresión sostenida de la actividad eléctrica anormal, pero también conlleva el riesgo de acumulación y toxicidad en tejidos como pulmón, hígado, piel y tiroides.

A diferencia de otros antiarrítmicos, produce menos efecto inotrópico negativo, por lo que puede utilizarse en algunos pacientes con disfunción miocárdica, aunque siempre con vigilancia estrecha.

En conjunto, estas acciones hacen que la amiodarona sea eficaz en arritmias complejas o refractarias, pero su uso requiere experiencia clínica y monitoreo riguroso, dada su farmacocinética prolongada y su potencial de toxicidad multiorgánica.

Farmacocinética

Se caracteriza por una absorción oral lenta y variable, una distribución extensa a los tejidos, una vida media muy prolongada, y una eliminación hepática lenta y compleja. Estas características hacen que el inicio de acción sea relativamente tardío y que sus efectos se mantengan durante semanas incluso después de suspender el tratamiento.

Tras administración oral, la biodisponibilidad en perros varía entre un 20% y 55%, dependiendo del estado digestivo y del vehículo usado. Se recomienda su administración con alimentos grasos para mejorar la absorción. Por vía intravenosa, el inicio de acción es más rápido, pero aun así puede tardar varias horas en alcanzarse el efecto antiarrítmico máximo, debido a la lenta distribución a los sitios intracelulares de acción.

La distribución tisular es muy amplia, ya que la amiodarona es una molécula altamente lipofílica. Se acumula especialmente en tejido adiposo, pulmones, hígado, piel, glándula tiroides, y miocardio, lo que explica tanto su eficacia prolongada como sus efectos tóxicos acumulativos. También atraviesa la barrera hematoencefálica y la placenta, y se excreta en pequeñas cantidades en la leche.

La vida media en perros puede superar los 15 a 30 días, aunque hay variabilidad interindividual significativa. Esto implica que pueden pasar varias semanas hasta lograr concentraciones terapéuticas estables con dosis orales convencionales. Por esta razón, en algunas situaciones clínicas se utilizan dosis de carga inicial, seguidas de una dosis de mantenimiento.

El metabolismo de la amiodarona ocurre en el hígado por acción de enzimas del citocromo P450 (principalmente CYP3A4), generando metabolitos activos como la desetilamiodarona, que también posee efectos antiarrítmicos. Tanto la amiodarona como sus metabolitos pueden inhibir otras enzimas hepáticas, generando interacciones con diversos medicamentos.

La excreción es predominantemente biliar, con escasa eliminación renal (<2%), lo que permite su uso en pacientes con insuficiencia renal. Sin embargo, su acumulación hepática y eliminación lenta obligan a una vigilancia estrecha en animales con hepatopatía o en tratamientos prolongados.

En resumen, la farmacocinética de la amiodarona implica una acumulación progresiva, una eliminación muy lenta y una duración de efecto prolongada, incluso después de suspender la terapia, lo que requiere precaución en el ajuste de dosis, en la duración del tratamiento y en la prevención de toxicidad.

Efectos Adversos

La amiodarona es un fármaco con un perfil de efectos adversos complejo, particularmente cuando se administra de forma crónica. Su alta lipofilia, amplia distribución tisular y vida media prolongada favorecen su acumulación en diversos órganos, lo que puede dar lugar a toxicidad multiorgánica.

Uno de los efectos adversos más relevantes es la toxicidad pulmonar, especialmente en tratamientos prolongados o en dosis altas. En perros se han descrito casos de neumonitis intersticial, fibrosis pulmonar y disnea progresiva, que pueden ser potencialmente fatales si no se detectan a tiempo. Los signos clínicos pueden incluir tos seca, intolerancia al ejercicio, taquipnea y crepitaciones a la auscultación.

La hepatotoxicidad es otra complicación frecuente. Se han documentado aumentos en las enzimas hepáticas (ALT, AST, ALP), hepatomegalia, ictericia y, en casos graves, insuficiencia hepática. La amiodarona y su metabolito activo pueden acumularse en el hígado, lo que lleva a degeneración hepatocelular.

La disfunción tiroidea también es común, debido al alto contenido de yodo de la molécula. Puede inducir hipotiroidismo por retroalimentación negativa sobre la síntesis de TSH, o bien hipertiroidismo por liberación excesiva de hormona tiroidea. En perros, el hipotiroidismo inducido es más común, y se manifiesta con letargia, aumento de peso, intolerancia al frío y alopecia.

A nivel cardíaco, aunque se utiliza para controlar arritmias, también puede causar o agravar arritmias, incluyendo bradicardia sinusal, bloqueo AV, o prolongación del intervalo QT, con riesgo de torsades de pointes. Estos efectos son más probables cuando se combina con otros fármacos antiarrítmicos o si hay disfunción hepática.

La toxicidad dermatológica puede presentarse como hiperpigmentación cutánea, fotosensibilidad o dermatitis exfoliativa, especialmente en áreas de piel expuestas al sol. En casos crónicos, puede observarse una coloración grisácea de la piel o del pelaje.

Otros efectos incluyen temblores, ataxia, anorexia, vómitos, constipación o neuropatía periférica, los cuales pueden ser reversibles si se suspende el tratamiento a tiempo, pero requieren vigilancia clínica continua.

En gatos, la experiencia clínica es más limitada, pero debido a su metabolismo más lento y mayor sensibilidad hepática, el riesgo de toxicidad es elevado, y se recomienda evitar su uso salvo en situaciones excepcionales bajo control especializado.

Dado su perfil de riesgo, se recomienda realizar monitoreos periódicos hepáticos, pulmonares, tiroideos y electrocardiográficos durante todo el curso del tratamiento con amiodarona.

Contraindicaciones

La amiodarona está contraindicada en pacientes con hipersensibilidad conocida a la droga o a sus componentes, incluyendo el yodo, ya que la molécula contiene aproximadamente un 37% de yodo por peso. Su uso también debe evitarse en animales con bradicardia severa, bloqueo AV de segundo o tercer grado (en ausencia de marcapasos), o con síndrome del seno enfermo, debido a su potente efecto sobre la conducción cardíaca.

En pacientes con disfunción tiroidea, especialmente hipotiroidismo o hipertiroidismo preexistente, la amiodarona está contraindicada o debe usarse con extrema precaución, ya que puede alterar profundamente la función tiroidea al liberar yodo y modificar la síntesis de hormonas tiroideas. Esto es especialmente relevante en perros, donde puede inducir hipotiroidismo clínico o subclínico, y requiere monitoreo de T4 y TSH durante el tratamiento.

La enfermedad pulmonar preexistente, como fibrosis pulmonar o enfermedad intersticial, constituye otra contraindicación importante, ya que uno de los efectos adversos más graves de la amiodarona es la toxicidad pulmonar, que puede presentarse como neumonitis intersticial aguda o crónica, potencialmente fatal.

En animales con hepatopatías, se debe evitar o ajustar cuidadosamente la dosificación, ya que la amiodarona se metaboliza extensamente en el hígado, y su acumulación puede exacerbar la toxicidad hepática. También se ha descrito disfunción hepática como efecto adverso directo.

El uso de amiodarona con otros fármacos que prolongan el intervalo QT (como ciertos macrólidos, fluoroquinolonas o fenotiazinas) puede incrementar el riesgo de torsades de pointes y otras arritmias ventriculares, por lo que debe evitarse o manejarse con extrema precaución bajo monitoreo electrocardiográfico.

Debe evitarse también en animales en gestación o lactancia, debido al potencial de toxicidad fetal, acumulación tisular prolongada y paso a través de la leche materna. Su uso en neonatos o animales muy jóvenes no está suficientemente estudiado y no se recomienda.

Por su larga vida media y acumulación tisular, se recomienda extremar precauciones en tratamientos prolongados, mantener monitoreo regular de parámetros clínicos y bioquímicos, y evitar combinaciones con medicamentos hepatotóxicos o que afecten el metabolismo hepático (como ketoconazol, ciclosporina o cimetidina).

Sobredosis

La sobredosis de amiodarona en perros y gatos puede provocar efectos cardiovasculares, respiratorios, neurológicos y hepáticos graves, debido a la acción multiclase del fármaco y su prolongada vida media. Aunque no es frecuente, puede ocurrir tanto por administración accidental de una dosis elevada como por acumulación progresiva en tratamientos prolongados, especialmente sin monitoreo adecuado.

Los signos clínicos más comunes incluyen bradicardia severa, bloqueo AV, hipotensión, colapso cardiovascular y en casos más graves, asistolia. Estos efectos se deben a la potente acción depresora de la amiodarona sobre el nodo sinusal y la conducción AV, así como a su capacidad de prolongar el potencial de acción y el intervalo QT, predisponiendo a arritmias como torsades de pointes o fibrilación ventricular.

A nivel neurológico, puede observarse ataxia, temblores, letargia profunda o convulsiones, como consecuencia del efecto inhibidor sobre la excitabilidad neuronal. También se han descrito signos digestivos como anorexia, vómitos, diarrea o sialorrea, especialmente en gatos.

La toxicidad hepática puede manifestarse de forma aguda con elevación marcada de enzimas hepáticas, ictericia y deterioro del estado general, pudiendo progresar a insuficiencia hepática fulminante si no se detecta precozmente.

No existe un antídoto específico para la sobredosis de amiodarona. El tratamiento se basa en medidas de soporte intensivo. En casos de ingestión reciente, puede considerarse la inducción del vómito (solo si el paciente está consciente) y la administración de carbón activado para limitar la absorción. En casos graves, se requiere hospitalización, monitoreo electrocardiográfico continuo, fluidoterapia IV y soporte vasopresor si hay hipotensión.

En presencia de bradicardia o bloqueo AV, puede ser necesario el uso de atropina, dopamina, o incluso colocación temporal de un marcapasos transitorio. Las arritmias ventriculares deben manejarse cuidadosamente, ya que muchos antiarrítmicos convencionales también prolongan el QT y pueden empeorar el cuadro.

Debido a su farmacocinética, los efectos de la sobredosis pueden persistir durante días o semanas, incluso tras cesar la administración, por lo que el seguimiento clínico debe ser prolongado. La hemodiálisis no es efectiva, ya que la amiodarona se une ampliamente a los tejidos y no se elimina por vía renal.

La sobredosis en gatos tiende a ser más severa, por lo que en esta especie se recomienda evitar el uso del fármaco salvo bajo estricta vigilancia especializada.

Seguridad Reproductiva

La seguridad de la amiodarona durante la gestación y lactancia en medicina veterinaria no está bien establecida, y los datos disponibles provienen mayoritariamente de estudios en humanos y en modelos experimentales. En este contexto, se ha observado que la amiodarona y su metabolito activo, la desetilamiodarona, atraviesan la barrera placentaria fácilmente, alcanzando concentraciones fetales que pueden ser similares o incluso superiores a las maternas.

Debido a su alto contenido de yodo y su capacidad para interferir con la función tiroidea, la exposición fetal puede provocar alteraciones del desarrollo tiroideo, especialmente hipotiroidismo congénito, bocio o disgenesia tiroidea, lo cual es crítico durante las etapas de diferenciación embrionaria. También se ha asociado en animales de laboratorio con retraso del crecimiento intrauterino, alteraciones cardíacas fetales y posibles efectos neuroconductuales postnatales.

Durante la lactancia, la amiodarona se excreta en la leche materna, y aunque en perros y gatos no existen estudios definitivos sobre su concentración y efectos, se considera que la exposición en neonatos puede ser clínicamente significativa, especialmente en tratamientos prolongados. Esta exposición puede inducir bradicardia, depresión neurológica, disfunción hepática o alteraciones hormonales en las crías lactantes.

Debido a su larga vida media y acumulación tisular, los efectos pueden persistir incluso tras suspender la administración en la madre. Por estas razones, el uso de amiodarona está contraindicado durante la gestación y lactancia, salvo que no exista una alternativa terapéutica válida y el beneficio supere claramente los riesgos potenciales para la madre y sus crías.

En caso de requerirse su uso en hembras reproductoras, debe realizarse bajo un protocolo de monitoreo estricto, evaluando función tiroidea, hepática y cardíaca, tanto en la madre como en la descendencia. En animales reproductores machos, aunque no se ha demostrado infertilidad directa, se han observado alteraciones en la calidad espermática en estudios experimentales, por lo que se sugiere precaución en sementales de alto valor genético.

Interacción Medicamentosa

La amiodarona presenta un amplio perfil de interacciones medicamentosas, debido tanto a su efecto sobre múltiples canales iónicos y receptores, como a su influencia sobre el metabolismo hepático, principalmente a través de la inhibición de enzimas del citocromo P450 (CYP3A4, CYP2C9) y de la glicoproteína P. Estas interacciones pueden aumentar o disminuir la concentración de otros fármacos, o potenciar efectos adversos a nivel cardiovascular, hepático o neurológico.

Una de las interacciones más significativas es con otros antiarrítmicos, como lidocaína, procainamida, sotalol, quinidina o diltiazem, con los cuales puede haber efectos aditivos sobre la conducción cardíaca, mayor riesgo de bradicardia, bloqueo AV, o torsades de pointes, especialmente si se prolonga el intervalo QT. Estas combinaciones deben evitarse o usarse bajo estricta vigilancia con monitoreo ECG.

Al asociarse con beta bloqueadores (como atenolol o propranolol) o bloqueadores de canales de calcio no dihidropiridínicos (verapamilo, diltiazem), puede potenciarse el efecto depresor sobre el nodo sinusal y AV, provocando bradicardia profunda o colapso. Estas combinaciones se usan con precaución en cardiopatías complejas, ajustando dosis y con electrocardiografía frecuente.

La amiodarona inhibe el metabolismo hepático de múltiples fármacos, aumentando sus niveles plasmáticos y riesgo de toxicidad. Esto incluye medicamentos de uso veterinario como digoxina, cuyo nivel sérico puede aumentar hasta un 70%, lo que exige reducción de dosis y control estrecho para evitar intoxicación digital. También aumenta las concentraciones de fenobarbital, ciclosporina, teofilina, warfarina y benzodiacepinas.

Interacciona con antibióticos como enrofloxacina, ciprofloxacina, eritromicina y claritromicina, que también pueden prolongar el intervalo QT y aumentar el riesgo de arritmias ventriculares, especialmente en tratamientos combinados prolongados o en animales con disfunción cardíaca.

Los antifúngicos azólicos (ketoconazol, itraconazol) inhiben aún más el metabolismo de amiodarona, elevando sus concentraciones plasmáticas. Esto puede incrementar el riesgo de toxicidad hepática y pulmonar.

Con furosemida u otros diuréticos que causan hipopotasemia o hipomagnesemia, aumenta la posibilidad de arritmias ventriculares graves. Por ello, se recomienda mantener niveles adecuados de electrolitos antes y durante el tratamiento.

El uso conjunto con cimetidina o omeprazol puede aumentar la biodisponibilidad de amiodarona, aunque clínicamente el impacto puede ser variable. En tratamientos crónicos, estas combinaciones deben monitorizarse si aparecen signos de toxicidad.

En general, cualquier fármaco que se metabolice por vía hepática o que altere la función del nodo sinusal, la conducción AV o los niveles de potasio/magnesio puede interactuar de forma relevante con la amiodarona. Por eso, se recomienda revisar siempre el perfil completo de medicación del paciente antes de iniciar o ajustar la terapia.

Última actualización: 01/08/2025 02:02

Amiodarona

  • Comprimidos: cada comprimido contiene: Clorhidrato de Amiodarona 200 mg.
  • Inyectable: cada ampolla de 3 ml contiene: Clorhidrato de Amiodarona 150 mg. 

Caninos y felinos (precaución)

  • Dosis oral de carga (inicio del tratamiento): 10 a 20 mg/kg cada 12 horas durante 7 a 10 días. Esta fase permite alcanzar concentraciones terapéuticas efectivas más rápidamente, dada la vida media prolongada del fármaco.
  • Dosis oral de mantenimiento (luego de la fase de carga): 5 a 10 mg/kg cada 24 horas. En algunos casos puede administrarse cada 48 horas, dependiendo de la respuesta clínica y tolerancia.
  • Dosis intravenosa en emergencias (taquiarritmias graves): 5 mg/kg administrados lentamente por vía IV en un período de 10 a 30 minutos. En situaciones que lo requieran, puede continuarse con una infusión continua de 10 a 15 mcg/kg/min, ajustando según la respuesta.

Consideraciones generales:
La administración debe hacerse con monitoreo electrocardiográfico y preferentemente bajo hospitalización en la fase aguda.
Debe ajustarse la dosis en casos de disfunción hepática.
Se recomienda realizar controles periódicos de función hepática, tiroidea y ECG, especialmente si el tratamiento será prolongado.
Evitar el uso combinado con otros fármacos que prolongan el intervalo QT o deprimen la conducción AV sin vigilancia profesional.

La información sobre el uso de amiodarona en gatos es limitada y debe considerarse off-label, solo bajo supervisión especializada. Los gatos son más sensibles a la toxicidad hepática, pulmonar y tiroidea de este fármaco, por lo que su uso se reserva exclusivamente para arritmias ventriculares o supraventriculares graves y refractarias a otros tratamientos.

  • Dosis oral de carga (cuando se justifica su uso): 5 a 10 mg/kg cada 12 horas durante 5 a 7 días, con monitoreo clínico estricto.
  • Dosis oral de mantenimiento: 2,5 a 5 mg/kg cada 24 horas, o cada 48 horas en animales con baja depuración hepática o signos de acumulación.
  • Dosis intravenosa (en emergencias): 2,5 a 5 mg/kg IV lentamente en un período de 20 a 30 minutos, solo en entorno hospitalario con monitoreo ECG y soporte.

Advertencias específicas:

  • En gatos, la tolerancia es variable y los efectos adversos pueden presentarse con rapidez.
  • Se recomienda control frecuente de enzimas hepáticas, perfil tiroideo y estado respiratorio.
  • No debe usarse en combinación con otros antiarrítmicos sin experiencia clínica avanzada.
  • Evitar en pacientes con hepatopatía, enfermedad pulmonar previa o trastornos endocrinos.
  • Dado su perfil farmacológico y de toxicidad, la amiodarona no debe considerarse fármaco de primera línea en gatos.


La amiodarona es un antiarrítmico de clase III según la clasificación de Vaughan Williams, utilizado principalmente para el tratamiento de arritmias cardíacas ventriculares y supraventriculares refractarias a otras terapias. Su uso en medicina veterinaria, particularmente en perros, está indicado cuando otros fármacos antiarrítmicos como lidocaína, sotalol, atenolol o diltiazem han resultado ineficaces o están contraindicados.

En perros, la amiodarona se emplea para el tratamiento de taquicardia ventricular sostenida, fibrilación ventricular, fibrilación auricular, y taquiarritmias atriales resistentes, especialmente en pacientes con cardiomiopatía dilatada o enfermedades del miocardio que predisponen a arritmias complejas. También puede utilizarse como parte de la estabilización en emergencias cardiológicas, en combinación con otras terapias de soporte, o como mantenimiento a largo plazo en pacientes con arritmias recurrentes.

En gatos, su uso es mucho más limitado y se considera solo bajo indicación especializada, debido al riesgo elevado de toxicidad hepática y pulmonar, y a la escasa evidencia clínica. En casos graves de arritmias refractarias, como las asociadas a cardiomiopatía hipertrófica con taquicardia ventricular, puede evaluarse su uso con extremo control clínico y laboratorial.

La amiodarona presenta efectos en múltiples canales iónicos y receptores cardíacos, lo que le otorga una acción antiarrítmica de amplio espectro. Por esta razón, es útil cuando coexisten arritmias de diferente origen o cuando se requiere una acción combinada sobre la conducción, la frecuencia y el automatismo cardiaco.

Sin embargo, su uso veterinario debe ser reservado, justificado por la gravedad del cuadro clínico y siempre bajo monitoreo estricto, ya que la amiodarona tiene numerosas interacciones, larga vida media y un perfil de toxicidad complejo, lo que requiere vigilancia continua del paciente.

La amiodarona es un fármaco antiarrítmico de clase III que prolonga la duración del potencial de acción y el período refractario en todas las fibras del sistema de conducción cardíaco, mediante el bloqueo de los canales de potasio, su principal mecanismo de acción. Esto ralentiza la repolarización y reduce la probabilidad de reentrada, estabilizando el ritmo eléctrico del miocardio.

Además de su acción primaria como bloqueador de canales de potasio, la amiodarona también bloquea canales de sodio (clase I), antagoniza receptores beta-adrenérgicos (clase II) y bloquea canales de calcio tipo L (clase IV). Esta acción multiclase le confiere una eficacia amplia en la supresión de diversas arritmias, tanto ventriculares como supraventriculares.

A nivel fisiológico, produce disminución de la frecuencia de despolarización espontánea, aumento del período refractario, disminución de la conducción nodal AV, y reducción de la automaticidad auricular y ventricular. También disminuye la respuesta ventricular en casos de fibrilación auricular, y puede interrumpir taquicardias por mecanismos de reentrada.

La amiodarona tiene una acción lenta y prolongada, debido a su alta lipofilia y gran volumen de distribución. Esta característica permite una supresión sostenida de la actividad eléctrica anormal, pero también conlleva el riesgo de acumulación y toxicidad en tejidos como pulmón, hígado, piel y tiroides.

A diferencia de otros antiarrítmicos, produce menos efecto inotrópico negativo, por lo que puede utilizarse en algunos pacientes con disfunción miocárdica, aunque siempre con vigilancia estrecha.

En conjunto, estas acciones hacen que la amiodarona sea eficaz en arritmias complejas o refractarias, pero su uso requiere experiencia clínica y monitoreo riguroso, dada su farmacocinética prolongada y su potencial de toxicidad multiorgánica.

Se caracteriza por una absorción oral lenta y variable, una distribución extensa a los tejidos, una vida media muy prolongada, y una eliminación hepática lenta y compleja. Estas características hacen que el inicio de acción sea relativamente tardío y que sus efectos se mantengan durante semanas incluso después de suspender el tratamiento.

Tras administración oral, la biodisponibilidad en perros varía entre un 20% y 55%, dependiendo del estado digestivo y del vehículo usado. Se recomienda su administración con alimentos grasos para mejorar la absorción. Por vía intravenosa, el inicio de acción es más rápido, pero aun así puede tardar varias horas en alcanzarse el efecto antiarrítmico máximo, debido a la lenta distribución a los sitios intracelulares de acción.

La distribución tisular es muy amplia, ya que la amiodarona es una molécula altamente lipofílica. Se acumula especialmente en tejido adiposo, pulmones, hígado, piel, glándula tiroides, y miocardio, lo que explica tanto su eficacia prolongada como sus efectos tóxicos acumulativos. También atraviesa la barrera hematoencefálica y la placenta, y se excreta en pequeñas cantidades en la leche.

La vida media en perros puede superar los 15 a 30 días, aunque hay variabilidad interindividual significativa. Esto implica que pueden pasar varias semanas hasta lograr concentraciones terapéuticas estables con dosis orales convencionales. Por esta razón, en algunas situaciones clínicas se utilizan dosis de carga inicial, seguidas de una dosis de mantenimiento.

El metabolismo de la amiodarona ocurre en el hígado por acción de enzimas del citocromo P450 (principalmente CYP3A4), generando metabolitos activos como la desetilamiodarona, que también posee efectos antiarrítmicos. Tanto la amiodarona como sus metabolitos pueden inhibir otras enzimas hepáticas, generando interacciones con diversos medicamentos.

La excreción es predominantemente biliar, con escasa eliminación renal (<2%), lo que permite su uso en pacientes con insuficiencia renal. Sin embargo, su acumulación hepática y eliminación lenta obligan a una vigilancia estrecha en animales con hepatopatía o en tratamientos prolongados.

En resumen, la farmacocinética de la amiodarona implica una acumulación progresiva, una eliminación muy lenta y una duración de efecto prolongada, incluso después de suspender la terapia, lo que requiere precaución en el ajuste de dosis, en la duración del tratamiento y en la prevención de toxicidad.

La amiodarona es un fármaco con un perfil de efectos adversos complejo, particularmente cuando se administra de forma crónica. Su alta lipofilia, amplia distribución tisular y vida media prolongada favorecen su acumulación en diversos órganos, lo que puede dar lugar a toxicidad multiorgánica.

Uno de los efectos adversos más relevantes es la toxicidad pulmonar, especialmente en tratamientos prolongados o en dosis altas. En perros se han descrito casos de neumonitis intersticial, fibrosis pulmonar y disnea progresiva, que pueden ser potencialmente fatales si no se detectan a tiempo. Los signos clínicos pueden incluir tos seca, intolerancia al ejercicio, taquipnea y crepitaciones a la auscultación.

La hepatotoxicidad es otra complicación frecuente. Se han documentado aumentos en las enzimas hepáticas (ALT, AST, ALP), hepatomegalia, ictericia y, en casos graves, insuficiencia hepática. La amiodarona y su metabolito activo pueden acumularse en el hígado, lo que lleva a degeneración hepatocelular.

La disfunción tiroidea también es común, debido al alto contenido de yodo de la molécula. Puede inducir hipotiroidismo por retroalimentación negativa sobre la síntesis de TSH, o bien hipertiroidismo por liberación excesiva de hormona tiroidea. En perros, el hipotiroidismo inducido es más común, y se manifiesta con letargia, aumento de peso, intolerancia al frío y alopecia.

A nivel cardíaco, aunque se utiliza para controlar arritmias, también puede causar o agravar arritmias, incluyendo bradicardia sinusal, bloqueo AV, o prolongación del intervalo QT, con riesgo de torsades de pointes. Estos efectos son más probables cuando se combina con otros fármacos antiarrítmicos o si hay disfunción hepática.

La toxicidad dermatológica puede presentarse como hiperpigmentación cutánea, fotosensibilidad o dermatitis exfoliativa, especialmente en áreas de piel expuestas al sol. En casos crónicos, puede observarse una coloración grisácea de la piel o del pelaje.

Otros efectos incluyen temblores, ataxia, anorexia, vómitos, constipación o neuropatía periférica, los cuales pueden ser reversibles si se suspende el tratamiento a tiempo, pero requieren vigilancia clínica continua.

En gatos, la experiencia clínica es más limitada, pero debido a su metabolismo más lento y mayor sensibilidad hepática, el riesgo de toxicidad es elevado, y se recomienda evitar su uso salvo en situaciones excepcionales bajo control especializado.

Dado su perfil de riesgo, se recomienda realizar monitoreos periódicos hepáticos, pulmonares, tiroideos y electrocardiográficos durante todo el curso del tratamiento con amiodarona.

La amiodarona está contraindicada en pacientes con hipersensibilidad conocida a la droga o a sus componentes, incluyendo el yodo, ya que la molécula contiene aproximadamente un 37% de yodo por peso. Su uso también debe evitarse en animales con bradicardia severa, bloqueo AV de segundo o tercer grado (en ausencia de marcapasos), o con síndrome del seno enfermo, debido a su potente efecto sobre la conducción cardíaca.

En pacientes con disfunción tiroidea, especialmente hipotiroidismo o hipertiroidismo preexistente, la amiodarona está contraindicada o debe usarse con extrema precaución, ya que puede alterar profundamente la función tiroidea al liberar yodo y modificar la síntesis de hormonas tiroideas. Esto es especialmente relevante en perros, donde puede inducir hipotiroidismo clínico o subclínico, y requiere monitoreo de T4 y TSH durante el tratamiento.

La enfermedad pulmonar preexistente, como fibrosis pulmonar o enfermedad intersticial, constituye otra contraindicación importante, ya que uno de los efectos adversos más graves de la amiodarona es la toxicidad pulmonar, que puede presentarse como neumonitis intersticial aguda o crónica, potencialmente fatal.

En animales con hepatopatías, se debe evitar o ajustar cuidadosamente la dosificación, ya que la amiodarona se metaboliza extensamente en el hígado, y su acumulación puede exacerbar la toxicidad hepática. También se ha descrito disfunción hepática como efecto adverso directo.

El uso de amiodarona con otros fármacos que prolongan el intervalo QT (como ciertos macrólidos, fluoroquinolonas o fenotiazinas) puede incrementar el riesgo de torsades de pointes y otras arritmias ventriculares, por lo que debe evitarse o manejarse con extrema precaución bajo monitoreo electrocardiográfico.

Debe evitarse también en animales en gestación o lactancia, debido al potencial de toxicidad fetal, acumulación tisular prolongada y paso a través de la leche materna. Su uso en neonatos o animales muy jóvenes no está suficientemente estudiado y no se recomienda.

Por su larga vida media y acumulación tisular, se recomienda extremar precauciones en tratamientos prolongados, mantener monitoreo regular de parámetros clínicos y bioquímicos, y evitar combinaciones con medicamentos hepatotóxicos o que afecten el metabolismo hepático (como ketoconazol, ciclosporina o cimetidina).

La sobredosis de amiodarona en perros y gatos puede provocar efectos cardiovasculares, respiratorios, neurológicos y hepáticos graves, debido a la acción multiclase del fármaco y su prolongada vida media. Aunque no es frecuente, puede ocurrir tanto por administración accidental de una dosis elevada como por acumulación progresiva en tratamientos prolongados, especialmente sin monitoreo adecuado.

Los signos clínicos más comunes incluyen bradicardia severa, bloqueo AV, hipotensión, colapso cardiovascular y en casos más graves, asistolia. Estos efectos se deben a la potente acción depresora de la amiodarona sobre el nodo sinusal y la conducción AV, así como a su capacidad de prolongar el potencial de acción y el intervalo QT, predisponiendo a arritmias como torsades de pointes o fibrilación ventricular.

A nivel neurológico, puede observarse ataxia, temblores, letargia profunda o convulsiones, como consecuencia del efecto inhibidor sobre la excitabilidad neuronal. También se han descrito signos digestivos como anorexia, vómitos, diarrea o sialorrea, especialmente en gatos.

La toxicidad hepática puede manifestarse de forma aguda con elevación marcada de enzimas hepáticas, ictericia y deterioro del estado general, pudiendo progresar a insuficiencia hepática fulminante si no se detecta precozmente.

No existe un antídoto específico para la sobredosis de amiodarona. El tratamiento se basa en medidas de soporte intensivo. En casos de ingestión reciente, puede considerarse la inducción del vómito (solo si el paciente está consciente) y la administración de carbón activado para limitar la absorción. En casos graves, se requiere hospitalización, monitoreo electrocardiográfico continuo, fluidoterapia IV y soporte vasopresor si hay hipotensión.

En presencia de bradicardia o bloqueo AV, puede ser necesario el uso de atropina, dopamina, o incluso colocación temporal de un marcapasos transitorio. Las arritmias ventriculares deben manejarse cuidadosamente, ya que muchos antiarrítmicos convencionales también prolongan el QT y pueden empeorar el cuadro.

Debido a su farmacocinética, los efectos de la sobredosis pueden persistir durante días o semanas, incluso tras cesar la administración, por lo que el seguimiento clínico debe ser prolongado. La hemodiálisis no es efectiva, ya que la amiodarona se une ampliamente a los tejidos y no se elimina por vía renal.

La sobredosis en gatos tiende a ser más severa, por lo que en esta especie se recomienda evitar el uso del fármaco salvo bajo estricta vigilancia especializada.

La seguridad de la amiodarona durante la gestación y lactancia en medicina veterinaria no está bien establecida, y los datos disponibles provienen mayoritariamente de estudios en humanos y en modelos experimentales. En este contexto, se ha observado que la amiodarona y su metabolito activo, la desetilamiodarona, atraviesan la barrera placentaria fácilmente, alcanzando concentraciones fetales que pueden ser similares o incluso superiores a las maternas.

Debido a su alto contenido de yodo y su capacidad para interferir con la función tiroidea, la exposición fetal puede provocar alteraciones del desarrollo tiroideo, especialmente hipotiroidismo congénito, bocio o disgenesia tiroidea, lo cual es crítico durante las etapas de diferenciación embrionaria. También se ha asociado en animales de laboratorio con retraso del crecimiento intrauterino, alteraciones cardíacas fetales y posibles efectos neuroconductuales postnatales.

Durante la lactancia, la amiodarona se excreta en la leche materna, y aunque en perros y gatos no existen estudios definitivos sobre su concentración y efectos, se considera que la exposición en neonatos puede ser clínicamente significativa, especialmente en tratamientos prolongados. Esta exposición puede inducir bradicardia, depresión neurológica, disfunción hepática o alteraciones hormonales en las crías lactantes.

Debido a su larga vida media y acumulación tisular, los efectos pueden persistir incluso tras suspender la administración en la madre. Por estas razones, el uso de amiodarona está contraindicado durante la gestación y lactancia, salvo que no exista una alternativa terapéutica válida y el beneficio supere claramente los riesgos potenciales para la madre y sus crías.

En caso de requerirse su uso en hembras reproductoras, debe realizarse bajo un protocolo de monitoreo estricto, evaluando función tiroidea, hepática y cardíaca, tanto en la madre como en la descendencia. En animales reproductores machos, aunque no se ha demostrado infertilidad directa, se han observado alteraciones en la calidad espermática en estudios experimentales, por lo que se sugiere precaución en sementales de alto valor genético.

La amiodarona presenta un amplio perfil de interacciones medicamentosas, debido tanto a su efecto sobre múltiples canales iónicos y receptores, como a su influencia sobre el metabolismo hepático, principalmente a través de la inhibición de enzimas del citocromo P450 (CYP3A4, CYP2C9) y de la glicoproteína P. Estas interacciones pueden aumentar o disminuir la concentración de otros fármacos, o potenciar efectos adversos a nivel cardiovascular, hepático o neurológico.

Una de las interacciones más significativas es con otros antiarrítmicos, como lidocaína, procainamida, sotalol, quinidina o diltiazem, con los cuales puede haber efectos aditivos sobre la conducción cardíaca, mayor riesgo de bradicardia, bloqueo AV, o torsades de pointes, especialmente si se prolonga el intervalo QT. Estas combinaciones deben evitarse o usarse bajo estricta vigilancia con monitoreo ECG.

Al asociarse con beta bloqueadores (como atenolol o propranolol) o bloqueadores de canales de calcio no dihidropiridínicos (verapamilo, diltiazem), puede potenciarse el efecto depresor sobre el nodo sinusal y AV, provocando bradicardia profunda o colapso. Estas combinaciones se usan con precaución en cardiopatías complejas, ajustando dosis y con electrocardiografía frecuente.

La amiodarona inhibe el metabolismo hepático de múltiples fármacos, aumentando sus niveles plasmáticos y riesgo de toxicidad. Esto incluye medicamentos de uso veterinario como digoxina, cuyo nivel sérico puede aumentar hasta un 70%, lo que exige reducción de dosis y control estrecho para evitar intoxicación digital. También aumenta las concentraciones de fenobarbital, ciclosporina, teofilina, warfarina y benzodiacepinas.

Interacciona con antibióticos como enrofloxacina, ciprofloxacina, eritromicina y claritromicina, que también pueden prolongar el intervalo QT y aumentar el riesgo de arritmias ventriculares, especialmente en tratamientos combinados prolongados o en animales con disfunción cardíaca.

Los antifúngicos azólicos (ketoconazol, itraconazol) inhiben aún más el metabolismo de amiodarona, elevando sus concentraciones plasmáticas. Esto puede incrementar el riesgo de toxicidad hepática y pulmonar.

Con furosemida u otros diuréticos que causan hipopotasemia o hipomagnesemia, aumenta la posibilidad de arritmias ventriculares graves. Por ello, se recomienda mantener niveles adecuados de electrolitos antes y durante el tratamiento.

El uso conjunto con cimetidina o omeprazol puede aumentar la biodisponibilidad de amiodarona, aunque clínicamente el impacto puede ser variable. En tratamientos crónicos, estas combinaciones deben monitorizarse si aparecen signos de toxicidad.

En general, cualquier fármaco que se metabolice por vía hepática o que altere la función del nodo sinusal, la conducción AV o los niveles de potasio/magnesio puede interactuar de forma relevante con la amiodarona. Por eso, se recomienda revisar siempre el perfil completo de medicación del paciente antes de iniciar o ajustar la terapia.

Última actualización: 01/08/2025 02:02